El Río

A los opositores se nos dice que debemos cubrirnos de una densa capa de aceite y que todo nos resbale.

Qué fácil es decirlo. Cuando decidí opositar sabía que sería duro y que tendría que renunciar a mucho, que sería una etapa de sacrificio y resignación.

Una ilusa parte de mí debió imaginarse que sería algo tan sencillo como pulsar un interruptor y que de pronto me dejaría de importar el resto del mundo, que sería capaz de aislarme a base de fuerza de voluntad.

Nada más lejos de la realidad. Cuando opositas, una vez se ha terminado la ilusión inicial y la novedad, te sientes como si te hubieran arrancado de tu hábitat natural. Te encuentras en un contexto hostil que no te gusta y no puedes evitar pensar en que preferirías estar en el lugar del que te han despojado. No es recomendable torturarse a uno mismo de esta forma, pero tampoco es humano tener un completo control de nuestros sentimientos. El mérito del opositor es no sucumbir cuando aparezca la tentación de abandonar.

En los primeros meses (o el primer año) de la oposición uno tiene que adaptarse de la forma menos agresiva posible. Si estás acostumbrado al tiempo libre, a las vacaciones y no tienes hábito de estudio, tratar de imponerte un ritmo alto de oposición puede acabar pasándote factura. Es mejor seguir el rendimiento que nuestro cuerpo (y nuestra mente) nos permita.

Cada vez, los esfuerzos son mayores. Notas como se te va escapando los pequeños retazos de vida que conservas y cuando más escasos son estos, más los atesoras y te resistes a abandonarlos.

Al principio causa bastante angustia tener que renunciar a las cosas que para ti son importantes y soportar además todos los temores que conlleva. Para mí, ha sido algo que me ha generado bastante ansiedad. Lo cierto es que me veía incapaz de dejar que mi vida se fuese desintegrando, pero para mi sorpresa he de decir que he superado mis expectativas y he logrado llegar más lejos de lo que jamás hubiera imaginado en lo que a fuerza de voluntad se refiere. El truco, compañeros, reside en insistir. La clave del opositor radica en no rendirse y que sea sólo cuestión de tiempo llegar al lugar que deseas.

Desde un punto de vista metafórico, el opositor tiene que cruzar un río para pasar de la orilla de la vida sencilla a la ribera del duro estudio de la oposición.
Al principio te hace gracia meterte en el agua, pero pronto te empieza a calar el frío y sientes la tentación de volver a tu cómoda orilla. Sigues nadando y añoras lo que dejas atrás. Durante un tiempo, intentas conjugar tu presencia en ambas partes porque no quieres renunciar a tu sueño profesional, ni tampoco tu vida anterior. Pero, ¿sabéis qué le pasa al que no nada ? Que se lo lleva la corriente y se queda sin ninguna de las dos cosas entre las que se debatía, condenado a conformarse con el lugar en el que lo deposite la merced del río junto a todos los sedimentos a la deriva. El opositor tiene que seguir nadando hasta llegar a la tierra que representa el esfuerzo y la constancia, sin mirar hacia atrás. Recuerda el compromiso que realizaste al comenzar esta travesía y ten presente que tu decisión es seguir nadando, por mucha nostalgia que te produzca el pasado. Sigue luchando y que tu futuro yo se sienta orgulloso de ti.

Cuando llegues a esa orilla, estarás tan cerca de la meta, que todo te resbalará. Toda carga que antes te parecía un mundo, ahora será insignificante en comparación con lo que estás a punto de conseguir. Ya has pasado lo peor, que es la lucha contra uno mismo, ahora sólo es cuestión de insistir. Estás demasiado cerca como para desperdiciar el esfuerzo que supuso cruzar el río.

FELIZ NAVIDAD

¡Feliz Navidad, opocompis!

Ya ha salido la fecha de mi examen, que será el 19 de febrero. Ahora toca subir un poquito más el ritmo de estudio, así como recopilar amuletos y remedios contra los ataques de nervios. Además, como estamos en Navidad no quiero encerrarme del todo porque sin salud mental no se aprueban las oposiciones. Por lo tanto, el blog estará de vacaciones hasta después de Reyes.

Espero que lo entendáis, lamento mucho tener que ausentarme. Estoy muy agradecida por todo lo que este blog me ha aportado, que no es otra cosa que acercarme a mis compañeros. Si no fuese por él, nunca hubiera conocido a personas como Yanira, una opocompi cuyo apoyo es incondicinal o a Daniel, que ha querido compartir con nosotros su historia de sueños cumplidos.

Seguiré activa en instagram mostrando que doy el callo todos los días.

Disfrutad de la Navidad al estilo opositor: corta pero intensa.

¡Nos vemos muy pronto!

Carta a los opositores pasivos

Fue a mi compañera Noelia a quien vi usar la expresión “opositor pasivo” por primera vez para referirse a las personas que están a nuestro lado cuando opositamos. Me parece un término muy adecuado porque engloba los efectos colaterales de  opositar en personas distintas del propio opositor.

Dicen que cuando uno oposita, también opositan los que están a su alrededor. Por eso me ha parecido conveniente dirigirme hoy a ellos.

 

Querido opositor pasivo:

Tú ahora no puedes verlo, pero algún día habrá valido la pena tanto sacrificio.

Quizás nunca sepas lo importante que es tu apoyo para mí. Que nada de esto sería posible sin tu soporte incondicional.

Que no me entiendes, pero estás mi lado porque me quieres y, aunque no comprendas lo que esto supone para mí, no necesitas hacerlo porque crees en mí y en lo que he decidido.

Nosotros mismos somos presas de la incertidumbre. Sabemos bien a lo que nos enfrentamos y cuál es nuestra situación. Y, a pesar de ello, nos cuesta horrores confiar en nosotros mismos.

Vosotros, en cambio, tenéis una fe ciega en nosotros que nos fascina. Os ha tocado afrontar una parte dura de este camino sin haberlo escogido. Nos prestáis vuestro apoyo sin pedir nada a cambio. Es un gesto encomiable de generosidad por vuestra parte.

Os toca sufrir. Sufrir los desánimos, la locura, el cansancio, la desgana, la desazón. Os toca sufrir nuestra ausencia.

Habéis aceptado con resignación que ahora simplemente no podemos estar y ni siquiera nos lo reprocháis porque sabéis que para nosotros también es duro tanto sacrificio.

Si algo legitima los excesos de la oposición es que no duran para siempre. A mí también me gustaría dejarlo todo a veces, o simplemente tomarme un descanso y no puedo. Pero, al final del día, ésta es una decisión que he tomado yo y me hace feliz. Pero tú, opositor pasivo, tú no tienes la culpa de que yo te falte. Tú tienes derecho a tener a tu hermana, a tu madre o a tu pareja. Y a mí me duele en el alma cada vez que te digo que no.

Se me parte el corazón cuando no puedo hacer lo que me apetece y tengo que hacer lo que debo.

Te aseguro que cuando me quedo en mi habitación me acuerdo de ti y te echo de menos. Aunque sea feliz con mis sueños, no quiero estar ausente en lo que es más importante, que son las personas a las que quiero, que eres tú.

¿Y sabes qué hago? Continuar.

Echarte de menos sólo me da más fuerzas para luchar por mi meta. Para que esto se acabe cuanto antes. Para poder dejar de faltarte.

Todo esto se acabará algún día y empezará todo. El final no será más que el comienzo. Volveré a estar con los que me quieren y podréis verme feliz por haber logrado mis sueños o, al menos, por haber luchado por ellos.

No queráis tener a vuestro lado a alguien que no lucha por lo que quiere. Todo en esta vida que requiere un esfuerzo, acaba teniendo una recompensa. Aunque ahora nos entren ganas de tirar la toalla, la verdadera satisfacción vendrá cuando todo se termine.

Y todo es posible gracias a vosotros. Con vuestra paciencia infinita recordáis que nos duele más a nosotros no estar y que somos quienes tememos que os olvidéis de nosotros. Que sabemos que no tenemos ningún derecho a pediros que lo aguantéis y vosotros simplemente seguís a nuestro lado. Porque nos queréis. Porque sois capaces de soportar todo esto para que nosotros seamos felices. Porque es vuestro acto sincero de amor. Porque nosotros también nos damos cuenta.

Hoy no vengo a justificar porqué no podemos estar a vuestro lado, sino a daros las gracias por lo que hacéis por nosotros.

Hoy (y cada día) es por vosotros, los que nos echáis de menos.

A mi P.

Vía de escape

En otras ocasiones he hablado del monopolio que la oposición ocupa en nuestra vida. Cómo todo gira en torno a ella y lo exhausto que puede llegar a ser emocionalmente, ya sea por los sacrificios que debemos hacer o por el contraste que nos produce con el resto del mundo.

Todo se detiene para darle prioridad a la oposición, algo que no es más que un puente que nos lleva hacia nuestros sueños. Lo que justifica los excesos de la oposición es su carácter de temporalidad. No estamos renunciando a nuestra vida, simplemente la posponemos para centrar todos nuestros esfuerzos en lo que es primordial. Es como pagar un precio por adelantado.

Esto, no obstante, produce bastante fragilidad. A veces algo falla fuera de la oposición y parece que todo se desmorona. Son esos momentos en los que parece que nada tiene sentido porque estás esforzándote al máximo, pero no tienes nada ni dentro ni fuera del estudio.

Hay momentos en los que el agobio es más fuerte que nosotros mismos y nos vemos sobrepasados por la angustia y la ansiedad. Son momentos en los que desearías que se acabase todo, poder olvidarte de los apuntes y de la incertidumbre de si lo vas a conseguir o no. No puedes evitar preguntarte “¿qué estoy haciendo con mi vida?”.

En esas circunstancias, cuando más ganas tienes de abandonar, es cuando debes continuar. Porque la lucha diaria será lo que te lleve a ese lugar en el que preferirías estar ahora mismo. Sé paciente, respira, desahógate si te hace falta, respira de nuevo y continúa.

Son esos días en los que quieres desconectar de todo pero ya ni recuerdas en qué solías refugiarte. Te gustaría que alguien, como si de una providencia divina se tratase, te dijese si lo estás haciendo bien o si ya has renunciado a demasiado.

Y, por supuesto, no puedes dejar de pensar que tomarte un descanso iría en detrimento de tu planning de estudio, ya que no te quedan más horas en el día para estudiar.

La oposición, sin embargo, es una forma perfecta de huir de lo que no nos gusta, de mantener una esperanza. Yo propongo que nos concentremos en ella y nos olvidemos de los demás problemas. Seamos primero quien queremos ser.

Ocupemos nuestros pensamientos con lo bueno que nos da la oposición: la capacidad de superación, el esfuerzo, los resultados después de mucho sacrificio y la satisfacción de estar yendo en la dirección correcta.

Con esos elementos tendremos la posibilidad de aprobar y de que se abran las puertas de una nueva vida, consolidando todo el trabajo de estos años y escapando de lo que no nos gusta del presente.

Debemos seguir esforzándonos para alcanzar algún día la libertad y la independencia que anhelamos sin que nadie pueda decidir por nosotros. Vale la pena apostarlo todo porque ahora es el momento.

En el futuro podremos deshacernos de todos los lastres actuales. Que todo lo malo de hoy nos dé fuerzas para luchar por nuestra libertad. Convirtamos nuestras rémoras en motivación. Cada vez que te resulte duro, reafírmate pensando en porqué quieres cambiar tu vida.

Los Soñadores

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Qué incomprendido se siente un soñador. Los opositores, en el fondo, no somos más que eso.

Soñamos constantemente con lo que queremos y eso no es fácil de entender para los demás. Hay muchas personas que no entienden lo que es tener una pasión y sienten la necesidad de desmerecer nuestros objetivos.

Pero los soñadores son diferentes a ellos. Cuando un soñador se encuentra con alguien empeñado en robarles la ilusión, se hace más fuerte únicamente. No todo el mundo comprende qué significa tener un sueño, tener algo que antes de alcanzarlo ya sabes que es tu destino.

A los opositores también nos sucede. Luchamos por algo sin haber tenido una experiencia que avale en qué consistirá tu puesto de trabajo si llega a hacerse realidad en el futuro. Quien no tiene un sueño jamás lo comprenderá.

Los soñadores, de todas las alternativas posibles, escogen aquello que realmente quieren y van a por ello. No les preocupa qué es lo adecuado, lo fácil o lo más prudente. Simplemente conocen su sueño y apuestan todo por él.

Es difícil ser un soñador. Muchas personas se denominan a sí mismas realistas, como si fuese algo incompatible con soñar. No hay nada tan real como un sueño.

El soñador conoce la complejidad de su objetivo, es consciente de su dificultad; pero, a pesar de ello, sigue queriendo luchar por él. Eso es lo que los hace grandes. Es lo que caracteriza a un soñador: ir a por todas sabiendo el riesgo que corre. Pero tampoco son unos imprudentes porque saben que conseguirlo sólo depende de su esfuerzo y su constancia.

Parece que para llegar lejos es necesario ser de los mejores. Para triunfar es imprescindible trabajar más de lo que el resto están dispuestos a hacer. Para sacrificarse tanto por una meta lo mejor es que  ésta sea tu pasión. Y eso es exactamente lo que les ocurre a los soñadores.

En mi opinión, tener un sueño es una gran suerte. Es conocer el rumbo de tu vida, buscar tu destino y no sentirse nunca perdido porque sabes adonde quieres llegar, aunque no conozcas el camino exacto. Muchas personas no son así de afortunadas y, por desgracia, tampoco les gusta que los demás seamos de esa forma.

A un soñador cuando le dicen que no lo va  a conseguir no lo desaniman, sino que le dan más razones para seguir luchando por ello: ponen de manifiesto lo que es no tener inquietudes y se reafirman en huir de esa vida conformista. Les dan más fuerzas para conseguirlo y poder demostrar que es algo más que un iluso soñador: será una persona feliz con lo que ha logrado.

Los soñadores no se critican entre ellos ni se juzgan. A pesar de tener ilusiones muy distintas, se admiran recíprocamente. Saben que detrás de un gran éxito hay un soñador que confió en que podía cumplir su sueño. Ellos conocen el valor de lo que tienen. Poco a poco, van demostrando que los sueños se van convirtiendo en realidades.

Pobres de los realistas que no tienen sueños en sus vidas. Jamás entenderán lo que se siente. Mientras invierten su tiempo en tratar de desvirtuar los sueños de los demás, los soñadores siguen trabajando y aprenden a no creer lo que les dicen.

Me encantan los soñadores. Debería haber más como ellos.

¿Nunca os han dicho “yo sé de lo que hablo”, “la vida no es así”, “las cosas no funcionan como tú te crees” o “ya te decepcionarás”?. No hagáis caso. ¡Soñad, soñad mucho!

Yo también sé de lo que hablo. La vida me ha enseñado la importancia de ser un soñador. Porque todo lo que estoy consiguiendo, comenzó siendo sólo un sueño poco realista en el que ni siquiera yo creía, pero con el cual no dejaba de soñar. No tenemos que aceptar que “el mundo funciona así”. Un soñador no se conforma con lo que le viene dado y sabe que hay algo más allá de lo que los demás dicen.

Aunque nos traten de ilusos, nosotros sabemos que somos unos privilegiados por tener algo a lo que llamar sueños.

Es duro no sentirse comprendido, pero lo bueno es que nos ayuda a reafirmarnos en nuestra determinación. Cuando alguien no crea en vosotros, recordad cuál es vuestro sueño y volved a vuestro lugar para seguir peleando por él. Quizás no os deis cuenta, pero os estáis haciendo más fuertes.

Cerrado por vacaciones

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Mi preparador me ha dado dos semanas de vacaciones. Volveré a partir del día 15 de agosto.

Voy a intentar disfrutarlas porque, en el mejor de los casos, no volveré a tener vacaciones hasta dentro de un año.

Ánimo a los que os quedáis estudiando. ¡Volveré pronto!

Estudiar en verano

La vida del opositor no entiende de fines de semana, de festivos, de puentes ni de vacaciones. Tenemos nuestro día libre y gracias.

En verano se hace especialmente duro opositar: todos los estudiantes están de vacaciones, los amigos de nuestra edad quizás ya se han independizado o tienen trabajos a tiempo parcial que les permite gozar de una libertad de la que nosotros carecemos, e incluso los que trabajan 8 horas tienen unas condiciones mucho más favorables que nosotros.

El mes de julio es el equivalente al sábado en la semana. Es el día antes del descanso, en el que llevamos mucho trabajo acumulado y sueño atrasado. Es el día que más que más cuesta estudiar.

Muchas veces me pregunto: “¿pero, quién me mandaría a mí opositar?, ¿en qué estaba pensando?, ¿por qué no puedo tener una juventud normal como la de todo el mundo?”.

Entonces, en un alarde de bipolaridad me respondo a mí misma: “pues porque es lo que realmente quieres. Eres feliz luchando por tus sueños y no querrías otra cosa”.

A pesar de que los opositores tenemos muy claro lo que hacemos y lo que nos mueve a ello, también nos dejamos conmover por otras sensaciones tan mundanas como la pereza o la envidia. Y es que, ¿Quién no siente envidia de los que pueden ir a la playa mientras nosotros nos asamos de calor en el opozulo?. Por eso creo, entre otros motivos, que es muy importante contar con el apoyo de nuestros compañeros de oposiciones para darnos cuenta de que no estamos solos y que nos comprenden. Quizás sea a muchos kilómetros de distancia, pero habrá otro compañero como tú planteándose las mismas cuestiones y autoconvenciéndose de que la mejor forma de pasar un sábado estival es repasando Derecho Administrativo.

Algún día recogeremos los frutos de nuestro esfuerzo. Sin duda, todo sacrificio tiene su recompensa, así que la que nos espera a nosotros debe ser bien gorda.

En el futuro seremos nosotros quienes levanten envidias entre los demás. Puedo imaginármelo perfectamente. Creo que lo que más llamará la atención, como funcionarios, será nuestra estabilidad, las buenas condiciones laborales y, en algunos casos, el salario. Sin embargo, sólo nosotros comprendemos que el verdadero privilegio es satisfacer nuestra vocación profesional. Habremos logrado, tras mucho esfuerzo y constancia, el trabajo de nuestros sueños.

¿Y sabéis que pasará cuando lo consigamos? Que más de uno nos dirá que nos envidia o que tenemos mucha suerte. En ese momento, creo que abriré una nueva sección en el blog llamada “lo que los funcionarios odiamos”, comenzando por las personas que sólo se fijan en el éxito sin considerar todo el trabajo que conlleva (y que perfectamente también podrían haberlo hecho ellos en su momento). Porque lo que nos distinguirá en el futuro es lo que hagamos hoy, lo que estemos dispuestos a luchar mientras otros descansan.

Y aun así, cuando saquemos la plaza no vamos a sentirnos satisfechos. Claro que no, ese no es nuestro estilo. Seguiremos fijándonos nuevas metas y persiguiendo nuestros objetivos, pero desde otra situación mucho más favorable y cómoda.

Eso será en el futuro, pero hoy nos toca volver al estudio y seguir construyendo un porvenir a base de dedicación y perseverancia. Os animo a seguir peleando, compañeros. Estamos invirtiendo en nosotros mismos.

La sensibilidad del opositor

Un opositor sufre múltiples cambios en su vida y en su forma de entender el mundo durante esta etapa. Fundamentalmente, yo creo que nos aporta madurez y experiencia. Un opositor se ve obligado a adaptarse a la fuerza a su nueva situación, lo cual conlleva cambios en muchos aspectos.

En esta reflexión, me gustaría tratar el tema de la sensibilidad desde mi experiencia subjetiva. Voy a contaros cómo me ha afectado a mí y las conclusiones a las que he llegado personalmente:

La vida de un opositor está protagonizada por los sacrificios que tiene que realizar. Tenemos una rutina plana y con pocos sobresaltos. A cualquier persona que no oposita (o como les llama mi compañera Mónica: “los muggles opositores”) le puede parecer que nuestra vida es aburrida, y no los culpo por ello.

Los opositores hemos de renunciar a muchos aspectos vitales. Nuestro instinto de supervivencia y nuestro espíritu de superación nos lleva a adaptarnos a este ritmo de vida y encontrar ilusión y emociones en pequeñas cosas.

Llegamos a un punto en el que un buen día es aquél en el que estrenas material de estudio, algunos osamos decir que nos toca estudiar un tema “divertido” o “bonito”, dar un paseo un día de semana al aire libre es un privilegio, ponernos pantalones vaqueros es ir arreglada, encontrarte con un opositor que te comprenda sabe a gloria y muchos otros ejemplos análogos.

Sin embargo, también nos vemos obligados a entrar en alerta con más facilidad, ya que para poder estudiar hay que sentir un poco de presión para no acomodarse en un ritmo demasiado sosegado. Por lo tanto, somos capaces de estresarnos un año antes del examen, ponernos nerviosos cada vez que se acerca un simulacro en la academia, nos atacamos si no logramos cumplir los objetivos semanales y, en general, somos más sensibles a los nervios ya que, de lo contrario, nos quedaríamos fritos encima de los apuntes.

Yo, personalmente, jamás me hubiese imaginado encontrarme en esta posición, pero creo que es la forma más adecuada de convivir sanamente con las oposiciones.

El problema de esta sensibilidad opositora la encontramos cuando nos enfrentamos al mundo real (sí, al de los muggles) y se produce un desfase importante entre nuestra forma de ver las cosas y la intensidad con la que todo sucede. Yo me considero más objetiva en ciertos aspectos porque he dejado de estar familiarizada con ciertas cosas y me doy cuenta de que no me agradan, especialmente las que me resultan superficiales y vacías. Sin duda en la oposición se madura mucho y uno aprende a ver con mucha claridad qué es lo que quiere en su vida.

A veces esa hipersensibilidad es un inconveniente. Cuando se trata de situaciones negativas, también las percibimos con más vigor. Cuando veo las noticias en la televisión siento mucha más angustia y tristeza ante las injusticias que antes, lo paso muy mal con las discusiones con otras personas, me asusto con más facilidad con las películas de miedo e incluso me da más asco ver imágenes de operaciones por la tele, uno de mis mayores temores es perder mis apuntes o llegar tarde a un examen y sufro ansiedad con más frecuencia.

En definitiva:

Opositar requiere muchos sacrificios. Sin duda uno de ellos es ese desajuste. Y sigue valiendo la pena porque rendirse no es una alternativa. Afortunadamente, todos los excesos que conlleva esta etapa son temporales y algún día cesarán, podremos tener una jornada de 8 horas, con fines de semanas de dos días e incluso nos pagarán por ello, lo cual me parece encomiable desde el punto en el que me encuentro hoy.

Me encantaría conocer vuestras impresiones al respecto, saber si a vosotros os ha sucedido algo similar o si me estoy volviendo loca del todo. Si hay alguien más con el mismo trastorno, espero haberle ayudado a que se sienta comprendido. En todo caso, mil gracias por leerme.

Nunca os lo había dicho, pero podéis suscribiros al blog para recibir una notificación cada vez que publique una entrada si os interesa.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

 

El día de descanso

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Muchas son las teorías que he conocido sobre el descanso de los opositores o, en general, de cualquier actividad que requiera una dedicación exclusiva.

Algo que me ha llamado poderosamente la atención es que muchas personas claman que en el momento de descanso de los opositores tiene que desconectar totalmente de la oposición, emplearlo para hacer las cosas que durante la semana uno no puede, quedar con sus amigos, etc… Yo discrepo.

La única obligación que un opositor puede tener en su día de descanso es hacer lo que le dé la gana, sin darle explicaciones a nadie ni seguir los consejos de otras personas.

Algo bastante habitual en este mundo y que curiosamente no soportamos, son las continuas injerencias externas en nuestra libertad de decisión, concretamente en lo que respecta a nuestra gestión del tiempo y la posterior fiscalización de la misma. Dicho de otro modo, que te den consejos sin haberlos pedidos y te reprochen que aprovechas mal tu tiempo.

En primer lugar, recomiendo a los opositores que realicen un ejercicio de autoestima y no se dejen influir por ciertos comentarios ni se sientan mal por no cumplir las expectativas de los demás. Sin duda, existe una relación inversamente proporcional entre el conocimiento sobre una materia de un individuo y su predisposición a aconsejar sobre ella. Vamos, que siempre habla el que no tiene ni idea del tema.

Si sois nuevos en este mundo, ya os adelanto que vais a tener que soportar a muchas personas de vuestro entorno (que no han opositado en su vida) compartiendo con vosotros maravillosas sugerencias de toda índole: desde la actitud que debes mantener hasta tus hábitos diarios de estudio. Podéis encontrar los ejemplos en particular en las entradas sobre lo que los opositores odiamos.

Por supuesto, esas alegres recomendaciones también van a afectar a vuestro día de descanso. Como ya he señalado antes, existen muchas directrices sobre lo que uno debe hacer en su día de reposo.

En mi opinión, haced lo que más os apetezca. Si queréis hacer deporte, salir con vuestros amigos, despejaros y no pensar en las oposiciones, será una opción perfecta. No obstante, si lo que preferís es pasaros el día durmiendo, organizando vuestra agenda, hablando de la oposición con un compañero, o simplemente no hacer nada, también será estupendamente válido.

La única obligación que tenéis es la de no dedicaros a cosas que os hagan infelices, que sean exclusivamente por compromiso o porque “debáis hacerlo”. Es nuestro día libre y tenemos el privilegio de no cumplir con ningún tipo de responsabilidad,  siempre y cuando no le hagamos daño a nadie, claro.

Si después os toca sufrir la reprobación de alguien, os sugiero que directamente lo ignoréis y tratéis de recordar que tenéis todo el derecho a gestionar vuestro tiempo a vuestro antojo y que nadie sabe mejor que vosotros mismos que es lo mejor para vuestro bienestar.

Me encantaría que compartieseis cómo gestionáis vosotros vuestro tiempo libre y como lidiáis con este tipo de comentarios que, por desgracia, tanto nos amargan. Muchas gracias por haber dedicado vuestro valioso tiempo a la lectura de este blog. ¡Nos vemos en la próxima entrada!

Continuar

Hay días en los que no puedes más. Estás agotada pero te falta mucho por hacer. A veces decides tomarte un descanso, pero tienes remordimientos porque deberías estar estudiando.

Hoy es uno de esos días en los que me pesa hasta el alma. Lloras de cansancio y de frustración. Has renunciado a todo, ya no te queda nada y tus esfuerzos no son suficientes. Día a día ese es el precio que pagamos verdaderamente.

Te sientes incomprendida. Porque todo el mundo tiene una vida menos tú, porque hasta te da vergüenza decir que estás hundida por todo lo que tienes que estudiar. Ni siquiera tú misma te hubieses imaginado al principio que llegarías a sentirte así, por lo que ya no pretendes que nadie te comprenda.

¿Y qué te queda? Nada. Porque has renunciado a todo. No sabes a qué agarrarte porque ya no te queda nada.

Amigos que no comprenden los sacrificios que haces por cumplir tu sueño. No se imaginan lo que te ha costado renunciar a estar con ellos. No entienden las cosas que has abandonado, a veces solo a cambio de estabilidad y tranquilidad para poder seguir estudiando. Te reprochan que no estás con ellos, se lo explicas, pero llega un momento en el que no lo aguantan más y deciden marcharse.

Y te duele, claro que te duele. Estás dispuesta a descuidar cualquier relación que sea un obstáculo en tu camino. Pero hay personas que cuando se marchan duele más que otras. Pero dejas que se vayan, porque renunciar a tus sueños sería abandonarte a ti misma. Y eso sí que no te lo puedes permitir.

¿Y entonces qué haces? Continuar. Seguir. No rendirte.

La oposición te lo quita todo, pero te lo da todo. Lo que ganas, lo que pierdes.

En ocasiones te planteas si vale la pena la recompensa. ¿Es proporcionado todo lo que tienes que hacer a cambio de lo que vas a conseguir?. Te marcas una meta realista, aunque dura, pero factible como es aprobar una oposición y te dejas la vida en ello. ¿Qué obtendría entonces si decidiese esforzarme menos?.

Aún no sabes muy bien cómo pero sabes que lo vas a conseguir. Tu parte consiste en trabajártelo día a día. Tener lágrimas en los ojos, cansancio en todo el cuerpo y seguir luchando.

Porque es lo que quieres hacer, porque no te planteas otra alternativa. Porque no puedes conformarte con menos que lo que exactamente quieres. Otra vida no te haría feliz. Somos de esas personas que necesitamos luchar por nuestros sueños para que todo tenga sentido. Lo que seguro que no vale la pena es vivir sin esforzarse. Somos enemigos de la mediocridad.

Porque una vez que pruebas el néctar de la autorealización, de la satisfacción personal y de haberte esforzado al máximo, te das cuenta de que no quieres otra cosa.

Puedes estar cansada, desanimada, triste, e incluso sentirte sola pero no te planteas abandonarlo. Continúas.  Y sin darte cuenta te vas haciendo cada vez más fuerte e independiente. Conoces el verdadero sabor de la libertad, rendirte cuentas sólo a ti misma y no necesitar más que lo que tienes para ser feliz.

carry on