El verdadero precio de opositar

Hay días en los que la oposición pesa más. En los que quieres ser una persona madura y no perder de vista lo que es importante, pero no te sale. Esos días en los que sientes que no tienes nada: ni plaza ni vida. Piensas en el precio de la oposición, que es todo a lo que renuncias y el tiempo que tienes que esperar hasta que, quizás, tu sacrificio dé sus frutos.

Intentas recordarte que vale la pena, pero solo te sale pensar en que a tu edad todavía estás estancado en una etapa que no te gusta. No tienes tiempo, no tienes independencia, no tienes dinero, no tienes nada asegurado.

Y sí, vale la pena. Claro. Pero por mucho que intentes recordártelo, cada día te pesa. Por mucho que intentes vivir en una burbuja, eres consciente de que hay mucho más ahí fuera. Y tú te lo estás perdiendo. No quieres hacerlo, pero te castigas pensando en ello.

A veces te parece injusto. Pagas el precio más alto y no tienes nada. Cualquiera, desde tu perspectiva, vive mejor que tú. El que no ha estudiado, el que ha estudiado lo justo, el que se va de vacaciones, el que tiene las tardes libres, el que se ha ido de casa, el que no depende de nadie. Y está bien, porque cada uno toma sus decisiones según lo que le haga feliz. Pero hay algo que no te encaja. Es esa absurda sensación de pseudojusticia que te hace preguntarte por qué, si eres el que más se esfuerza, eres el que menos tiene. Todos sabemos la respuesta. Todos conocemos el discurso que nos repetimos para aguantar. Sabemos que no tenemos que compararnos con nadie, que no debemos creer que nos merecemos más que otros y que si hemos decidido opositar es porque es la mejor opción para nosotros, sin que tenga que ser la mejor opción para los demás.

Pero ahí sigues tú. Estudiando un día más y pensando en la vida que te estás perdiendo. No quieres hacerlo, pero piensas en todo lo que sacrificas. Cada vez es más. El examen se acerca y quieres volcarte en ello. Y la vida va pasando.

Esos días en los que pesa más opositar, pero no te planteas ni por un instante dejarlo. Solo quieres que se acabe lo antes posible, como una condena penitenciaria. Intentas quedarte con lo bueno de opositar, ser optimista, pero hay días en los que simplemente no te sale.

Te preguntas cuál es el verdadero peso de la oposición.

Alguien te pregunta, con una lógica aplastante, que por qué no lo dejas.

Ese es el verdadero precio de la oposición. El precio que tendría dejarlo. Es el precio de renunciar a ser quien tú quieres ser. No es la plaza, no es la estabilidad, no es el sueldo. Va más allá. Es cómo tú quieres vivir la vida. Tienes el enorme privilegio de escoger quién quieres ser y ahora te toca luchar para conseguirlo. No es la oposición. Eres tú. Es mucho más que una plaza. Son todas esas pequeñas decisiones que tomas día a día y que determinan quién eres. Cuando te levantas cada mañana y te pones a estudiar, no piensas en un puesto de trabajo, piensas la vida que quieres tener y en la que tu profesión es un pilar fundamental. Pero, al final, la oposición solo representa eso: la vida que queremos tener. No es aprobar una oposión. Es luchar por lo que te hace feliz, porque agradecerás haberlo hecho en el futuro.

No hay viajes, aficiones ni libertad presente que pueda competir con el enorme privilegio que es poder elegir. Siempre pensamos, con esperanza, en el furuto. Pero lo importante es lo que estamos siendo ahora, estamos luchando. Estamos siendo quienes queremos ser. El éxito, por subjetivo que sea, no es un trofeo que se gane y se conserve para siempre. Es una lucha diaria.

¿Y qué peso tienen los sacrificios que hacemos ahora si los comparamos con ser quienes queremos ser? Ese es el verdadero precio de opositar. Ese es el motivo porque el no abandonamos. Podemos permitirnos perdernos una pequeña parte de nuestra juventud, pero no podemos perdernos a nosotros mismos. Ese sería un precio demasiado alto.

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¿CUÁNTAS HORAS ESTUDIAS?

Reloj_mundial_de_Carlos_AlbánEs una pregunta bastante frecuente que se hacen algunos opositores. Especialmente aquellos que acaban de empezar y están tratando de definir cuál es el ritmo de estudio adecuado.

Reconozco que mi respuesta es horrible. Yo siempre digo que depende y eso no suele saciar la cuiriosidad quien me pregunta. Por eso voy a intentar dar la respuesta larga, la cual se basa en dos ideas: no compararse con los demás y tener paciencia.

En ocasiones, tomamos de referencia a otros opositores para saber si nosotros lo estamos haciendo mejor o peor que ellos. En primer lugar, he de decir que no hay una “mejor” forma de opositar. Conseguir dominar un temario es un proceso muy largo y que depende de muchos factores, tanto objetivos como subjetivos, por lo que no podemos resumirlos en un número de horas al día ni un número de temas a la semana. Por otro lado, tenemos que admitir que cada persona tiene un ritmo de estudio diferente. Hay opositores que tienen una mayor capacidad de retención y eso no nos convierte en menos inteligentes ni, mucho menos, en un fracaso de opositor. Un opositor no es mejor por ir más adelantado en el temario, por tener más memoria o por aprobar el examen que nosotros hemos suspendido. La oposición no nos define, somos mucho más y no debe acomplejarnos reconocer que a otro opositor le vaya mejor que a nosotros.

Cada opositor es diferente en su forma de estudiar y en sus circunstancias personales. No idealicéis a ningún compañero e intentéis imitarlo. La clave del éxito se encuentra en explotar nuestras capacidades en la forma en que nos hace únicos.

Respecto a este tema, solo me queda advertir (sobre todo a los menos experimentados) que seáis muy prudentes a la hora de creer lo que os cuenten y os cuestionéis todo. Si bien, la mayoría de los opositores que conozcáis serán compañeros maravillosos, debéis estar preparados para los que no lo son tanto. Os podéis encontrar de todo: opositores que para sentirse bien te restriegan que lo están haciendo mejor que tú, personas que te tienen envidia y van a tratar de quitarle mérito a lo que hagas, personas sin mala fe pero un poco bocazas y gente con pocos escrúpulos que hace lo que sea por quitarse competencia de encima. La buena noticia es que con el tiempo acabas aprendiendo a gestionar estas influencias y te das cuenta de que algunas personas tienen un concepto del mundo que dista bastante de la realidad. Aunque este sea un tema más propio de lo que los opositores odiamos, mi consejo es hacer un generoso ejercicio de paciencia.

Precisamente la paciencia es el otro pilar de este texto.

El horario de estudio de partida de un opositor depende, entre otros, de:

  1. Si tiene otras responsabilidades, fundamentalmente trabajo y familia.
  2. Si tiene experiencia como estudiante: la situación de un recién graduado es distinta de una persona que lleva muchos años sin estudiar.
  3. El hábito de estudio: incluso habiendo salido directamente de la Universidad, no todos los estudiantes tenemos la misma capacidad de sacrificio. Algunos desarrollaron su capacidad de esfuerzo y responsabilidad en la carrera y otros tuvimos que ponernos las pilas en la oposición.
  4. La oposición: en algunas, ya de entrada, te exigen dedicación exclusiva; en otras hay pruebas físicas, lo cual es una responsabilidad a más; cuando nos preparamos una oposición que no tiene nada que ver con nuestra formación nos puede resultar más complicado adaptarnos a ella; si nos presentamos a un concurso-oposición resulta interesante invertir el tiempo en conseguir méritos que puntúen en la fase de concurso; hay pruebas que se nos pueden dar mejor que otras y un largo etc…
  5. El carácter de cada persona: repito que no debemos compararnos. Cada opositor se enfrenta a los retos de una forma distinta.
  6. Preferencias: uno debe valorar qué es lo que tiene más importancia y a lo que no quiere renunciar.
  7. Ninguna de las anteriores. Como cada opositor es diferente, habrá a quienes no les afecten las reglas anteriores y habrá quienes consigan vencerlas a base de fuerza de voluntad y paciencia.

Yo siempre digo que un opositor no nace, sino que se hace. Esto dignifica bastante nuestro camino porque quiere decir que no estamos limitados por nuestras circunstancias ni por nuestra personalidad para opositar. Si uno quiere conseguir una plaza, puede hacerlo con su esfuerzo y sacrificio.

La oposición es un proceso en el que uno aprende y madura. Como experiencia vital es muy enriquecedora. Yo creo que si se resiste el tiempo suficiente, se acaban desarrollando las herramientas para enfrentarnos a la oposición y, por otro lado, tendremos a la experiencia como aliada.

Cuando uno empieza a opositar le resulta abrumador este nuevo estilo de vida. Todo es nuevo y confuso. Por eso muchos opositores se hacen preguntas como “¿cuál es el número de horas que debo estudiar?”. Sinceramente, creo que son respuestas que obtiene uno mismo con el tiempo. Debemos probar diferentes técnicas, horarios, equivocarnos, buscar siempre algo que nos vaya “un poco mejor” y de esa forma nos acabaremos convirtiendo en opositores.

Cuando yo empecé (y durante muchos meses) también tuve esas dudas. Me sentía confundida y frustrada porque sentía que mi nivel de estudio no se correspondía con lo que un opositor debía hacer. A día de hoy, con algo más de 3 años de oposición a mis espaldas, todavía no me atrevo a llamarme veterana, pero sí opositora con todas sus letras. He aprendido muchísimo en diferentes aspectos, he cambiado, he madurado y lo cierto es que soy más feliz porque creo que estoy en el camino correcto.

Hace tres años me dijeron que en mi oposición había que estudiar un mínimo de 8 horas de lunes a sábado. Yo estudiaba un máximo de 8 horas de lunes a viernes. Me sentía decepcionada por no dar la talla, pero a la vez terminaba muy cansada de estudiar. Me llevó mucho tiempo reconocerme que no lo estaba haciendo mal, sino lo mejor que yo podía. Fue ese espíritu de esfuerzo el que me hacía querer mejorar, pero fue la paciencia y la esperanza las que me hicieron no rendirme por no ver los resultados de mi trabajo durante mucho tiempo.

Mi primer año y medio de oposición fue el peor y hasta que no se terminó, no me di cuenta de que lo había sido. Poco a poco me fui familiarizando con el temario, hice sacrificios que me dolían muchísimo (y que ahora me parecen insignificantes) y conseguí tener un ritmo de estudio adecuado. Desde hace un año, mi horario de estudio ya va de lunes a sábado y no baja de 11 horas al día. Cuando se acercan los exámenes hay que apretar un poquito más e ir rebajando los descansos, pero siempre de manera gradual.

Si hace tres años intentase estudiar tantas horas como ahora, probablemente fracasaría. Yo no tenía hábito de estudio cuando empecé, pero lo fui cultivando muy poquito a poco y con mucha resignación. Cada año estudio más y sé que tengo que estar más cerca de la meta, por eso vale la pena.

Aunque no soy la más adecuada para dar lecciones sobre técnicas de estudio, sí os diré que el truco para rendir mejor es una buena planificación.

Espero que os haya servido de algo mi experiencia y os anime a no perder la esperanza. Si ya habéis pasado por esa fase, me encantaría conocer cual es vuestra opinión y si vosotros tenéis otra perspectiva. Recordad, que lo que me funcione a mí no tiene porqué funcionarle a los demás.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Mi burbuja

bubble1¡Buenas tardes! Esta mañana ha salido la convocatoria de mi oposición y creo que es una buena ocasión para compartir un texto que escribí este verano pero que no llegué a publicar finalmente.

Aprovecho para agradecer todo el apoyo que ya he ido recibiendo y el que vendrá.

 

¿Cuánto aislamiento es demasiado aislamiento?

Yo soy de las que piensan (y eso no quiere decir que tenga razón) que para aprobar la oposición tienes que llegar a ofuscarte, perder un poco de salud y volverte medio loco por estudiar.

No es algo que suene bien. Pero creo que no se puede opositar “equilibradamente”, sino que llega un momento en el que ya hay que apretar en el estudio y cortar muchas de las cosas buenas en nuestra vida.

Para mí el aislamiento no es necesario sólo para destinar esas horas al estudio, sino que siento que tengo un ritmo de vida tan diferente al mundo real que, en cierta medida, permanecer conectada a él me perjudica. El aislamiento es para mí sinónimo de tranquilidad, de concentrarme en la oposición y de que no me importen todas esas cosas a las que tengo que renunciar.

Probablemente sería más adecuado enfrentarme con madurez a esos sacrificios y ser capaz de convivir con el mundo ajeno a la oposición de una forma sana y sin lamentarme porque yo no pueda hacer lo que hacen los demás o porque sienta que vivo “a medias”. Pero yo no soy así. Creo que a veces es mejor hacer lo conveniente en lugar de lo adecuado. Y lo conveniente hasta ahora ha sido aislarme.

Tengo la sensación de que no puedo abarcar todo y de que o vivo, u oposito. Mi cabeza no puede estar en todas partes. No soy capaz de socializar a medias y volverme a casa a estudiar como si no pasara nada. Y como no pienso renunciar a la oposición para vivir, estoy renunciando a la vida para opositar.

Mi vida no se entiende si no es a través del prisma de la oposición. Aunque los apuntes se queden en casa, la oposición va conmigo. Y con ello no digo que me cueste dejar de estudiar (al contrario), pero siento que no encajo donde antes sí lo hacía.

Hay dos grandes líneas rojas, para mí, en la oposición: la familia y la salud. La vida social forma parte de la salud y sin ésta, no hay oposición. Eso es lo que me preocupa: ¿hasta qué punto puedo seguir estirando?, ¿en qué momento el aislamiento deja de ser un aliado para convertirse en un lastre?, ¿dónde está el límite entre las manías de un opositor y la peligrosa obsesión?.

En cualquier caso, tanto aislamiento sólo es posible porque sé que algún día, por un motivo u otro, acabará. Y cada vez que ante un conflicto le doy prioridad a la oposición, siento que lo voy a conseguir.

Y, por supuesto, que me haya funcionado a mí no quiere decir que sea la única opción válida ni que vaya a servirle a los demás. En la oposición, cada uno debe encontrar su propia forma de sobrevivir.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

FOMO

unnamedEn inglés hay palabras para todo. O para casi todo. Algunas directamente podemos utilizarlas en nuestro idioma por lo bien que reflejan una realidad.

En inglés, FOMO es el acrónimo para Fear Of Missing Out o, lo que es lo mismo, miedo a quedarse fuera.  Esta expresión se ha puesto en boga recientemente por la influencia de las redes sociales en la vida de las personas, la cual puede llegar a ser negativa cuando a alguien le transmiten unas expectativas especialmente altas y que no se corresponden con su realidad particular.

En la oposición existe lo que a mí me gusta llamar pringaditis, que viene a significar lo mismo pero con un concepto que me hace más gracia.

El FOMO aparece cuando una persona observa la vida de los demás y la compara con la suya propia, dándose cuenta de que ésta deja mucho que desear. Con las redes sociales y la habilidad de sus usuarios de compartir todo lo que hacen en cada momento es muy habitual encontrarse con situaciones en las que parece que todo el mundo se lo está pasando mejor que tú. Ése es precisamente el problema, que siempre habrá algo que no puedas hacer (incluso cuando lo que estés haciendo te guste más). Simplemente, no podemos tenerlo todo.

Para los opositores, en mi opinión, esto va un paso más allá porque nuestra sensación de que somos unos pringados es constante.

Al respecto, me gustaría realizar algunas matizaciones. Opositar, lejos de ser un castigo, es un privilegio. Realmente es una suerte poder dedicarte a lo que te gusta y tener la posibilidad de luchar por una meta que tú has escogido. No obstante, aunque los opositores tengamos esta idea muy presente, hay momentos en los que la inestabilidad emocional te nubla las prioridades y tú, sencillamente, te sientes el mayor pringado del mundo.

La oposición es un camino largo y duro, en la que la recompensa sólo llega al final. Llega un momento en el que los opositores tienden a aislarse para evitar esa sensación de FOBO. Es una especie de “si no veo lo que hacen los demás, no me siento tan pringado”. Creo que es una actitud propia de la supervivencia y que nos permite ahorrarnos sufrimientos evitables.

Para mí, las épocas en las que brota la pringaditis son en verano y en Navidad, con apariciones espontáneas algún fin de semana que te toca estudiar. Son las fechas en las que todo el mundo disfruta de lo que tú no tienes: tiempo. Dinero también, pero esto es menos importante,  puesto que se pueden hacer muchas más cosas con tiempo y sin dinero que con dinero pero sin tiempo.

Dicen que la oposición es una montaña rusa de emociones y bipolaridad. Quizás debemos aceptar simplemente que hay momentos malos y que es mejor aceptarlos que reprimirlos. No creo que sea bueno ignorar los aspectos malos de nuestras vidas porque acabaríamos sufriendo de frustración, del mismo modo que tampoco es buena idea dejarnos arrastrar por la negatividad porque acabaríamos amargándonos. Hay días en los que uno tiene que desahogarse, pensar que todo es horrible, proclamarse soberano de los pringados y, después, continuar. Porque, al final, esa es la clave de todo: seguir. La actitud no te da la plaza, pero te da fuerzas para conseguirla.

 

¿Cuánto tiempo llevas opositando?

reloj 2En ocasiones llegan a nuestros oídos noticias de opositores que aprueban en tiempo récord.

A nosotros no nos importa que nos lo cuenten, lo que llevamos mal es que nos lo restriegue alguien que no sabe nada de oposiciones y no es consciente de lo poco habitual que son esos sucesos.

Porque cuando te dicen que el primo del vecino de su tía aprobó tu oposición en la mitad de tiempo que el que llevas tú opositando (dando por hecho que la información sea cierta, que ya es mucho suponer) más que esperanzas parece que te están pidiendo explicaciones sobre porqué tú tardas tanto, qué es lo que estás haciendo mal o a ver si te pones a estudiar en serio porque ya va siendo hora de que apruebes. Lo peor de todo es que a veces eres tú mismo el que se hace esas preguntas: ¿qué estoy haciendo mal?, ¿sirvo para esto?, ¿estoy tardando demasiado?.

Hace poco encontré unas estadísticas sobre el porcentaje de opositores que logran aprobar la oposición. No la media de años que tardan en sacarla ni el porcentaje de personas que aprueban en una convocatoria concreta, sino la media de personas que consiguen sacar plaza de todos los que intenta aprobar una oposición. En concreto, esas estadísticas se referían a puestos del grupo A y el porcentaje rondaba el 20%. Sobre estos datos habría mucho que matizar ya que este porcentaje va a variar según el tipo de oposición, pero tomemos estos como ejemplo para nuestra reflexión.

Por lo tanto, de cada 5 personas que comienzan a preparar una oposición, 4 acaban abandonándola tarde o temprano. De esa minoría de aprobados es de dónde se saca la media de años que se tarda en aprobar la oposición. Que no nos engañen, el mero hecho de sacar plaza ya está muy por encima de la media, llevemos los años que llevemos.

Mark Twain popularizó la idea de que hay tres tipos de falsas verdades: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Cuando se habla de que una oposición se saca de media en 5 años, quiere decir que las pocas personas que lo han logrado lo hicieron en plazos muy distintos: muchos en 4, 5 o 6 años, pero otros en 3 o 7, etc…

No pretendo quitarle ningún mérito a las personas que consiguen aprobar la oposición antes que la mayoría. Al contrario, me parece admirable porque creo que es algo muy difícil y que no se puede conseguir si no es a base de mucho trabajo y dedicación. Tampoco pongo en duda que sea cierto que se puede lograr preparar una oposición en un periodo tan breve de tiempo, pero no se puede extrapolar a la mayoría de los opositores porque no son plazos nada habituales para un opositor medio. Precisamente, una de las cosas que menos me gusta, es la tendencia de algunos a menospreciar los logros de los demás o que intenten buscarle una explicación alternativa simplemente porque ellos no lo pueden hacer. Debemos inspirarnos de una forma sana en los que han logrado los objetivos que nosotros deseamos y plantearnos qué podemos hacer nosotros para conseguirlo también.

No obstante, en las oposiciones, por desgracia, influyen más factores como es el caso de la suerte (de la mala suerte, para ser más exactos) y eso puede retrasar a un opositor una o dos convocatorias frente a otro que no se encuentra en condiciones muy diferentes.

Si aprobar la oposición en poco tiempo tiene mérito, también lo tiene resistir una convocatoria tras otra, sobrellevar un suspenso, asumir otro año de duro sacrificio y seguir creyendo en ti.

Aunque creas que estás tardando demasiado en aprobar, recuerda que también es admirable continuar luchando y siéntete orgulloso de estar haciéndolo aunque te lleve más tiempo del que te habías imaginado al principio. Porque hay personas que son increíbles por haber dominado un extensísimo temario en pocos años y hay otros que lo son por resistir la vida del opositor durante muchos más.

Olvídate de los años y de las estadísticas y piensa que sólo con aprobar ya estarás consiguiendo algo muy difícil, satisfactorio y por lo que vale la pena tanto sacrificio.

El Río

A los opositores se nos dice que debemos cubrirnos de una densa capa de aceite y que todo nos resbale.

Qué fácil es decirlo. Cuando decidí opositar sabía que sería duro y que tendría que renunciar a mucho, que sería una etapa de sacrificio y resignación.

Una ilusa parte de mí debió imaginarse que sería algo tan sencillo como pulsar un interruptor y que de pronto me dejaría de importar el resto del mundo, que sería capaz de aislarme a base de fuerza de voluntad.

Nada más lejos de la realidad. Cuando opositas, una vez se ha terminado la ilusión inicial y la novedad, te sientes como si te hubieran arrancado de tu hábitat natural. Te encuentras en un contexto hostil que no te gusta y no puedes evitar pensar en que preferirías estar en el lugar del que te han despojado. No es recomendable torturarse a uno mismo de esta forma, pero tampoco es humano tener un completo control de nuestros sentimientos. El mérito del opositor es no sucumbir cuando aparezca la tentación de abandonar.

En los primeros meses (o el primer año) de la oposición uno tiene que adaptarse de la forma menos agresiva posible. Si estás acostumbrado al tiempo libre, a las vacaciones y no tienes hábito de estudio, tratar de imponerte un ritmo alto de oposición puede acabar pasándote factura. Es mejor seguir el rendimiento que nuestro cuerpo (y nuestra mente) nos permita.

Cada vez, los esfuerzos son mayores. Notas como se te va escapando los pequeños retazos de vida que conservas y cuando más escasos son estos, más los atesoras y te resistes a abandonarlos.

Al principio causa bastante angustia tener que renunciar a las cosas que para ti son importantes y soportar además todos los temores que conlleva. Para mí, ha sido algo que me ha generado bastante ansiedad. Lo cierto es que me veía incapaz de dejar que mi vida se fuese desintegrando, pero para mi sorpresa he de decir que he superado mis expectativas y he logrado llegar más lejos de lo que jamás hubiera imaginado en lo que a fuerza de voluntad se refiere. El truco, compañeros, reside en insistir. La clave del opositor radica en no rendirse y que sea sólo cuestión de tiempo llegar al lugar que deseas.

Desde un punto de vista metafórico, el opositor tiene que cruzar un río para pasar de la orilla de la vida sencilla a la ribera del duro estudio de la oposición.
Al principio te hace gracia meterte en el agua, pero pronto te empieza a calar el frío y sientes la tentación de volver a tu cómoda orilla. Sigues nadando y añoras lo que dejas atrás. Durante un tiempo, intentas conjugar tu presencia en ambas partes porque no quieres renunciar a tu sueño profesional, ni tampoco tu vida anterior. Pero, ¿sabéis qué le pasa al que no nada ? Que se lo lleva la corriente y se queda sin ninguna de las dos cosas entre las que se debatía, condenado a conformarse con el lugar en el que lo deposite la merced del río junto a todos los sedimentos a la deriva. El opositor tiene que seguir nadando hasta llegar a la tierra que representa el esfuerzo y la constancia, sin mirar hacia atrás. Recuerda el compromiso que realizaste al comenzar esta travesía y ten presente que tu decisión es seguir nadando, por mucha nostalgia que te produzca el pasado. Sigue luchando y que tu futuro yo se sienta orgulloso de ti.

Cuando llegues a esa orilla, estarás tan cerca de la meta, que todo te resbalará. Toda carga que antes te parecía un mundo, ahora será insignificante en comparación con lo que estás a punto de conseguir. Ya has pasado lo peor, que es la lucha contra uno mismo, ahora sólo es cuestión de insistir. Estás demasiado cerca como para desperdiciar el esfuerzo que supuso cruzar el río.

FELIZ NAVIDAD

¡Feliz Navidad, opocompis!

Ya ha salido la fecha de mi examen, que será el 19 de febrero. Ahora toca subir un poquito más el ritmo de estudio, así como recopilar amuletos y remedios contra los ataques de nervios. Además, como estamos en Navidad no quiero encerrarme del todo porque sin salud mental no se aprueban las oposiciones. Por lo tanto, el blog estará de vacaciones hasta después de Reyes.

Espero que lo entendáis, lamento mucho tener que ausentarme. Estoy muy agradecida por todo lo que este blog me ha aportado, que no es otra cosa que acercarme a mis compañeros. Si no fuese por él, nunca hubiera conocido a personas como Yanira, una opocompi cuyo apoyo es incondicinal o a Daniel, que ha querido compartir con nosotros su historia de sueños cumplidos.

Seguiré activa en instagram mostrando que doy el callo todos los días.

Disfrutad de la Navidad al estilo opositor: corta pero intensa.

¡Nos vemos muy pronto!

Carta a los opositores pasivos

Fue a mi compañera Noelia a quien vi usar la expresión “opositor pasivo” por primera vez para referirse a las personas que están a nuestro lado cuando opositamos. Me parece un término muy adecuado porque engloba los efectos colaterales de  opositar en personas distintas del propio opositor.

Dicen que cuando uno oposita, también opositan los que están a su alrededor. Por eso me ha parecido conveniente dirigirme hoy a ellos.

 

Querido opositor pasivo:

Tú ahora no puedes verlo, pero algún día habrá valido la pena tanto sacrificio.

Quizás nunca sepas lo importante que es tu apoyo para mí. Que nada de esto sería posible sin tu soporte incondicional.

Que no me entiendes, pero estás mi lado porque me quieres y, aunque no comprendas lo que esto supone para mí, no necesitas hacerlo porque crees en mí y en lo que he decidido.

Nosotros mismos somos presas de la incertidumbre. Sabemos bien a lo que nos enfrentamos y cuál es nuestra situación. Y, a pesar de ello, nos cuesta horrores confiar en nosotros mismos.

Vosotros, en cambio, tenéis una fe ciega en nosotros que nos fascina. Os ha tocado afrontar una parte dura de este camino sin haberlo escogido. Nos prestáis vuestro apoyo sin pedir nada a cambio. Es un gesto encomiable de generosidad por vuestra parte.

Os toca sufrir. Sufrir los desánimos, la locura, el cansancio, la desgana, la desazón. Os toca sufrir nuestra ausencia.

Habéis aceptado con resignación que ahora simplemente no podemos estar y ni siquiera nos lo reprocháis porque sabéis que para nosotros también es duro tanto sacrificio.

Si algo legitima los excesos de la oposición es que no duran para siempre. A mí también me gustaría dejarlo todo a veces, o simplemente tomarme un descanso y no puedo. Pero, al final del día, ésta es una decisión que he tomado yo y me hace feliz. Pero tú, opositor pasivo, tú no tienes la culpa de que yo te falte. Tú tienes derecho a tener a tu hermana, a tu madre o a tu pareja. Y a mí me duele en el alma cada vez que te digo que no.

Se me parte el corazón cuando no puedo hacer lo que me apetece y tengo que hacer lo que debo.

Te aseguro que cuando me quedo en mi habitación me acuerdo de ti y te echo de menos. Aunque sea feliz con mis sueños, no quiero estar ausente en lo que es más importante, que son las personas a las que quiero, que eres tú.

¿Y sabes qué hago? Continuar.

Echarte de menos sólo me da más fuerzas para luchar por mi meta. Para que esto se acabe cuanto antes. Para poder dejar de faltarte.

Todo esto se acabará algún día y empezará todo. El final no será más que el comienzo. Volveré a estar con los que me quieren y podréis verme feliz por haber logrado mis sueños o, al menos, por haber luchado por ellos.

No queráis tener a vuestro lado a alguien que no lucha por lo que quiere. Todo en esta vida que requiere un esfuerzo, acaba teniendo una recompensa. Aunque ahora nos entren ganas de tirar la toalla, la verdadera satisfacción vendrá cuando todo se termine.

Y todo es posible gracias a vosotros. Con vuestra paciencia infinita recordáis que nos duele más a nosotros no estar y que somos quienes tememos que os olvidéis de nosotros. Que sabemos que no tenemos ningún derecho a pediros que lo aguantéis y vosotros simplemente seguís a nuestro lado. Porque nos queréis. Porque sois capaces de soportar todo esto para que nosotros seamos felices. Porque es vuestro acto sincero de amor. Porque nosotros también nos damos cuenta.

Hoy no vengo a justificar porqué no podemos estar a vuestro lado, sino a daros las gracias por lo que hacéis por nosotros.

Hoy (y cada día) es por vosotros, los que nos echáis de menos.

A mi P.

Vía de escape

En otras ocasiones he hablado del monopolio que la oposición ocupa en nuestra vida. Cómo todo gira en torno a ella y lo exhausto que puede llegar a ser emocionalmente, ya sea por los sacrificios que debemos hacer o por el contraste que nos produce con el resto del mundo.

Todo se detiene para darle prioridad a la oposición, algo que no es más que un puente que nos lleva hacia nuestros sueños. Lo que justifica los excesos de la oposición es su carácter de temporalidad. No estamos renunciando a nuestra vida, simplemente la posponemos para centrar todos nuestros esfuerzos en lo que es primordial. Es como pagar un precio por adelantado.

Esto, no obstante, produce bastante fragilidad. A veces algo falla fuera de la oposición y parece que todo se desmorona. Son esos momentos en los que parece que nada tiene sentido porque estás esforzándote al máximo, pero no tienes nada ni dentro ni fuera del estudio.

Hay momentos en los que el agobio es más fuerte que nosotros mismos y nos vemos sobrepasados por la angustia y la ansiedad. Son momentos en los que desearías que se acabase todo, poder olvidarte de los apuntes y de la incertidumbre de si lo vas a conseguir o no. No puedes evitar preguntarte “¿qué estoy haciendo con mi vida?”.

En esas circunstancias, cuando más ganas tienes de abandonar, es cuando debes continuar. Porque la lucha diaria será lo que te lleve a ese lugar en el que preferirías estar ahora mismo. Sé paciente, respira, desahógate si te hace falta, respira de nuevo y continúa.

Son esos días en los que quieres desconectar de todo pero ya ni recuerdas en qué solías refugiarte. Te gustaría que alguien, como si de una providencia divina se tratase, te dijese si lo estás haciendo bien o si ya has renunciado a demasiado.

Y, por supuesto, no puedes dejar de pensar que tomarte un descanso iría en detrimento de tu planning de estudio, ya que no te quedan más horas en el día para estudiar.

La oposición, sin embargo, es una forma perfecta de huir de lo que no nos gusta, de mantener una esperanza. Yo propongo que nos concentremos en ella y nos olvidemos de los demás problemas. Seamos primero quien queremos ser.

Ocupemos nuestros pensamientos con lo bueno que nos da la oposición: la capacidad de superación, el esfuerzo, los resultados después de mucho sacrificio y la satisfacción de estar yendo en la dirección correcta.

Con esos elementos tendremos la posibilidad de aprobar y de que se abran las puertas de una nueva vida, consolidando todo el trabajo de estos años y escapando de lo que no nos gusta del presente.

Debemos seguir esforzándonos para alcanzar algún día la libertad y la independencia que anhelamos sin que nadie pueda decidir por nosotros. Vale la pena apostarlo todo porque ahora es el momento.

En el futuro podremos deshacernos de todos los lastres actuales. Que todo lo malo de hoy nos dé fuerzas para luchar por nuestra libertad. Convirtamos nuestras rémoras en motivación. Cada vez que te resulte duro, reafírmate pensando en porqué quieres cambiar tu vida.

Los Soñadores

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Qué incomprendido se siente un soñador. Los opositores, en el fondo, no somos más que eso.

Soñamos constantemente con lo que queremos y eso no es fácil de entender para los demás. Hay muchas personas que no entienden lo que es tener una pasión y sienten la necesidad de desmerecer nuestros objetivos.

Pero los soñadores son diferentes a ellos. Cuando un soñador se encuentra con alguien empeñado en robarles la ilusión, se hace más fuerte únicamente. No todo el mundo comprende qué significa tener un sueño, tener algo que antes de alcanzarlo ya sabes que es tu destino.

A los opositores también nos sucede. Luchamos por algo sin haber tenido una experiencia que avale en qué consistirá tu puesto de trabajo si llega a hacerse realidad en el futuro. Quien no tiene un sueño jamás lo comprenderá.

Los soñadores, de todas las alternativas posibles, escogen aquello que realmente quieren y van a por ello. No les preocupa qué es lo adecuado, lo fácil o lo más prudente. Simplemente conocen su sueño y apuestan todo por él.

Es difícil ser un soñador. Muchas personas se denominan a sí mismas realistas, como si fuese algo incompatible con soñar. No hay nada tan real como un sueño.

El soñador conoce la complejidad de su objetivo, es consciente de su dificultad; pero, a pesar de ello, sigue queriendo luchar por él. Eso es lo que los hace grandes. Es lo que caracteriza a un soñador: ir a por todas sabiendo el riesgo que corre. Pero tampoco son unos imprudentes porque saben que conseguirlo sólo depende de su esfuerzo y su constancia.

Parece que para llegar lejos es necesario ser de los mejores. Para triunfar es imprescindible trabajar más de lo que el resto están dispuestos a hacer. Para sacrificarse tanto por una meta lo mejor es que  ésta sea tu pasión. Y eso es exactamente lo que les ocurre a los soñadores.

En mi opinión, tener un sueño es una gran suerte. Es conocer el rumbo de tu vida, buscar tu destino y no sentirse nunca perdido porque sabes adonde quieres llegar, aunque no conozcas el camino exacto. Muchas personas no son así de afortunadas y, por desgracia, tampoco les gusta que los demás seamos de esa forma.

A un soñador cuando le dicen que no lo va  a conseguir no lo desaniman, sino que le dan más razones para seguir luchando por ello: ponen de manifiesto lo que es no tener inquietudes y se reafirman en huir de esa vida conformista. Les dan más fuerzas para conseguirlo y poder demostrar que es algo más que un iluso soñador: será una persona feliz con lo que ha logrado.

Los soñadores no se critican entre ellos ni se juzgan. A pesar de tener ilusiones muy distintas, se admiran recíprocamente. Saben que detrás de un gran éxito hay un soñador que confió en que podía cumplir su sueño. Ellos conocen el valor de lo que tienen. Poco a poco, van demostrando que los sueños se van convirtiendo en realidades.

Pobres de los realistas que no tienen sueños en sus vidas. Jamás entenderán lo que se siente. Mientras invierten su tiempo en tratar de desvirtuar los sueños de los demás, los soñadores siguen trabajando y aprenden a no creer lo que les dicen.

Me encantan los soñadores. Debería haber más como ellos.

¿Nunca os han dicho “yo sé de lo que hablo”, “la vida no es así”, “las cosas no funcionan como tú te crees” o “ya te decepcionarás”?. No hagáis caso. ¡Soñad, soñad mucho!

Yo también sé de lo que hablo. La vida me ha enseñado la importancia de ser un soñador. Porque todo lo que estoy consiguiendo, comenzó siendo sólo un sueño poco realista en el que ni siquiera yo creía, pero con el cual no dejaba de soñar. No tenemos que aceptar que “el mundo funciona así”. Un soñador no se conforma con lo que le viene dado y sabe que hay algo más allá de lo que los demás dicen.

Aunque nos traten de ilusos, nosotros sabemos que somos unos privilegiados por tener algo a lo que llamar sueños.

Es duro no sentirse comprendido, pero lo bueno es que nos ayuda a reafirmarnos en nuestra determinación. Cuando alguien no crea en vosotros, recordad cuál es vuestro sueño y volved a vuestro lugar para seguir peleando por él. Quizás no os deis cuenta, pero os estáis haciendo más fuertes.