El Río

A los opositores se nos dice que debemos cubrirnos de una densa capa de aceite y que todo nos resbale.

Qué fácil es decirlo. Cuando decidí opositar sabía que sería duro y que tendría que renunciar a mucho, que sería una etapa de sacrificio y resignación.

Una ilusa parte de mí debió imaginarse que sería algo tan sencillo como pulsar un interruptor y que de pronto me dejaría de importar el resto del mundo, que sería capaz de aislarme a base de fuerza de voluntad.

Nada más lejos de la realidad. Cuando opositas, una vez se ha terminado la ilusión inicial y la novedad, te sientes como si te hubieran arrancado de tu hábitat natural. Te encuentras en un contexto hostil que no te gusta y no puedes evitar pensar en que preferirías estar en el lugar del que te han despojado. No es recomendable torturarse a uno mismo de esta forma, pero tampoco es humano tener un completo control de nuestros sentimientos. El mérito del opositor es no sucumbir cuando aparezca la tentación de abandonar.

En los primeros meses (o el primer año) de la oposición uno tiene que adaptarse de la forma menos agresiva posible. Si estás acostumbrado al tiempo libre, a las vacaciones y no tienes hábito de estudio, tratar de imponerte un ritmo alto de oposición puede acabar pasándote factura. Es mejor seguir el rendimiento que nuestro cuerpo (y nuestra mente) nos permita.

Cada vez, los esfuerzos son mayores. Notas como se te va escapando los pequeños retazos de vida que conservas y cuando más escasos son estos, más los atesoras y te resistes a abandonarlos.

Al principio causa bastante angustia tener que renunciar a las cosas que para ti son importantes y soportar además todos los temores que conlleva. Para mí, ha sido algo que me ha generado bastante ansiedad. Lo cierto es que me veía incapaz de dejar que mi vida se fuese desintegrando, pero para mi sorpresa he de decir que he superado mis expectativas y he logrado llegar más lejos de lo que jamás hubiera imaginado en lo que a fuerza de voluntad se refiere. El truco, compañeros, reside en insistir. La clave del opositor radica en no rendirse y que sea sólo cuestión de tiempo llegar al lugar que deseas.

Desde un punto de vista metafórico, el opositor tiene que cruzar un río para pasar de la orilla de la vida sencilla a la ribera del duro estudio de la oposición.
Al principio te hace gracia meterte en el agua, pero pronto te empieza a calar el frío y sientes la tentación de volver a tu cómoda orilla. Sigues nadando y añoras lo que dejas atrás. Durante un tiempo, intentas conjugar tu presencia en ambas partes porque no quieres renunciar a tu sueño profesional, ni tampoco tu vida anterior. Pero, ¿sabéis qué le pasa al que no nada ? Que se lo lleva la corriente y se queda sin ninguna de las dos cosas entre las que se debatía, condenado a conformarse con el lugar en el que lo deposite la merced del río junto a todos los sedimentos a la deriva. El opositor tiene que seguir nadando hasta llegar a la tierra que representa el esfuerzo y la constancia, sin mirar hacia atrás. Recuerda el compromiso que realizaste al comenzar esta travesía y ten presente que tu decisión es seguir nadando, por mucha nostalgia que te produzca el pasado. Sigue luchando y que tu futuro yo se sienta orgulloso de ti.

Cuando llegues a esa orilla, estarás tan cerca de la meta, que todo te resbalará. Toda carga que antes te parecía un mundo, ahora será insignificante en comparación con lo que estás a punto de conseguir. Ya has pasado lo peor, que es la lucha contra uno mismo, ahora sólo es cuestión de insistir. Estás demasiado cerca como para desperdiciar el esfuerzo que supuso cruzar el río.

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6 comentarios en “El Río

  1. @happybohemian dijo:

    Siempre leo todas tus entradas, pero esta del Rio me la había saltado!! Y hoy que me he puesto a releerlas todas otra vez la he visto. Qué buena!! Y cuánto jugo he sacado de ella. Gracias por tus aportaciones
    Teresa
    @happybohemian

    Me gusta

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