Lo que los opositores odiamos (XXXV)

imageBuenos días de lunes!

Espero que afrontéis esta semana con mucha fuerza, opocompis. Yo estoy muy cerquita del examen y el agobio va en aumento.

Mientras no sufro un ataque de nervios, seguiré compartiendo otras cosas que también me enervan como opositora en esta sección.

Centésimo trigésimo primer ejemplo:

Mi querida compi Grace me contó hace tiempo que estaba estudiando en la biblioteca de la facultad y se aproximó a ella un hombre, que parecía ser un profesor de la Universidad, interesándose por su estudio.

Grace oposita a la escala ejecutiva de la Policía. Este hombre tenía un sobrino a punto de acabar la carrera y que tenía las mismas pretensiones que nuestra compi. Lógicamente, Grace le explicó lo duro que es y que, entre todas las pruebas que conforman su oposición, hay una que es totalmente subjetiva.

A lo cual este buen hombre contestó:

  • para esto, ¿que tengas un familiar dentro cuenta?

Centésimo trigésimo segundo ejemplo:

Como muchos sabéis, el sábado pasado se celebraron los exámenes de los -IR en sus distintas variedades.

Victoria se presentaba al PIR (psicólogo interno residente). Yo la he conocido a través de su canal de Youtube (al que estoy suscrita) No Morir Opositando.

Ayer contaba en un vídeo de instagram que le habían hecho unas preguntas para Televisión Española de Cantabria justo antes de entrar en el examen. Soy fan de la respuesta de Victoria.

  • ¿Los conocimientos que los psicólogos adquirís os resultan útiles para controlar los nervios antes del examen?
  • ¿Los médicos fuman?
  • Sí.
  • Pues los psicólogos también nos ponemos nerviosos.

Genial.

 

Centésimo trigésimo tercer ejemplo:

Una amiga mía estaba celebrando el cumpleaños de su prima pequeña en familia una semana antes de su primer examen y tuvo que vivir una de esas situaciones que seguro que os suenan.

  • ¡Dentro de unas semanas serás funcionaria!
  • A ver… son tres exámenes.
  • ¡No seas negativa! Si te pasas todo el día estudiando y no sales nunca, ¿Cuántas veces te has visto el temario ya?
  • Ninguna. Son 55 temas y empecé a estudiar hace 10 meses. Me presento con algunos temas sin estudiar, pero quiero ver cómo es el examen.
  • Ah, pues no. Olvídate. Vas a suspender.

 

Centésimo trigésimo cuarto ejemplo:

Este último ejemplo es más bien una reflexión, de la cual no me siento orgullosa porque se parece a lo que siempre estoy criticando en esta sección, pero tengo que confesarlo:

A veces veo a algunos funcionarios y no puedo evitar sorprenderme de que hayan aprobado una oposición. Seguro que en el fondo son grandes profesionales y lo que sucede es que los he pillado en un mal momento… eso quiero pensar.

Lo que los opositores odiamos (XXXIV)

image¡Buenas noches de lunes! Casi no llego, pero aquí estoy!

Estos días están siendo una locura con tanto estudio y tan poco horario. Estoy en un punto en el que básicamente estudio todo el día para poder llegar al primer examen con todos los temas vistos.

Sin más rodeos, aquí os dejo la entradade esta semana:

Centésimo vigésimo séptimo ejemplo: Este ejemplo es muy especial para mí porque fue una de los guiones alternativos que barajamos cuando Miriam (@opobrilli) y yo decidimos colaborar con el vídeo tan maravilloso que hizo.

MALENTENDIDOS:

Miriam está hablando por teléfono con un familiar.

  • ¡Hola, Tita! ¿qué tal?
  • Nada, yo aquí, estudiando. Ya sabes. ¿Y qué tal les va a los primos?
  • Ah, vaya. Pues dale la enhorabuena al primo Luis. Me alegro mucho por él, me parece increíble que haya aprobado la oposición en tan poco tiempo. Es una auténtico campeón. Habrá debido esforzarse mucho.
  • Ah, ¿no estudiaba tanto como yo?, ¿que sólo lo preparó los días antes? Pero si estaba preparando oposiciones para un grupo A2.. Madre mía, es extraordinario.
  • Bueno, pues nada, Tita. Te dejo que tengo que seguir estudiando. A ver si somos dos los funcionarios en la familia, jejeje.

Miriam reflexionando en voz alta:

“Madre mía, madre mía. Pero, ¿cómo se las ha sacado tan pronto?. Creo que lo he infravalorado, no me hubiese imaginado nunca que el primo tenía tanta capacidad. Si de pequeños pasábamos mucho tiempo juntos y no parecía que…

Bueno, Miriam, tienes que ser madura. Alégrate por él porque seguro que se lo merecía. Tú también tendrás tu recompensa si sigues esforzándote. Quizás te cueste un poco más porque no todos somos iguales. Igual te cuesta más porque no estás estudiando lo suficiente, que últimamente andas un poco vaga. A lo mejor es que el tiempo que estudias no lo aprovechas al máximo o que, simplemente, hay personas que tienen mucha más facilidad para estudiar que tú.

¿Y si no sirvo para esto? ¿Y si lo del primo Luis es lo normal y yo ya tendría que haber aprobado las mías?

No. A ver, Céntrate, Miriam. Tus compañeros de la academia están igual que tú, eso no puede ser casualidad. No dejes que te afecte para mal, simplemente llama a tu primo, felicítalo y pídele algún consejo para las opos.

Venga, eso haré.

– …

– ¡Hola, Luis! Soy yo, Miriam.

– …

– Bien, bien. Me ha dicho tu madre que has aprobado las opos y quería darte la enhor…

– …

– ¿Cómo?

– …

– ¿Entonces no has aprobado la oposición?, ¿la has dejado de lado porque te han dado una beca en la Diputación?

– …

– Sí, he oído hablar de ella. Se la dan a personas sin experiencia laboral para ayudarles a encontrar empleo después. Tengo un par de amigas que también la habían recibido.

– …

– Yo pensaba que…

– …

– Sí, es cierto. Las personas mayores a veces se lían con estas cosas, jeje. Oye, pero lo tuyo no está nada mal.

– …

– Bueno, lo importante no es el sueldo, sino coger experiencia.

– …

– Ah, cafés y fotocopias… Pues vaya. Al menos te pagan.

– …

– Muy bien, pues ya hablamos en otra ocasión. Un beso.

Miriam habla para sí misma:

“Uff, qué alivio”

Centésimo vigésimo octavo ejemplo: Hay muchas situaciones que a mí no me tocan directamente pero que he aprendido a valorarlas y a tener empatía gracias a muchas compañeras que he conocido en la oposición, como por ejemplo en el ramo de la sanidad.

  • ¿Y qué estudias?
  • Me estoy preparando la residencia. Tengo el examen el 28 de enero.
  • ¿El MIR?
  • No, el de enfermería.
  • Ah, bueno. Éste también está muy bien. A mí nunca me llamó la atención la enfermería. Yo hubiese estudiado medicina, pero bueno.
  • Muchas gracias por este gesto tan sincero de vanidad. Te va a ir bonito en la vida…

Centésimo vigésimo noveno ejemplo: Y en la enseñanza también

  • Me han dicho que eres la eterna estudiante, jejeje. ¿Qué opos preparas?
  • Las de magisterio, para profe de infantil (con esa ilusión que les irradia a las profes cada vez que hablan de su vocación).
  • Anda, pero para eso… ¿hay que estudiar?. ¿Y cómo es el examen, tenéis que usar pintura de dedos y saberos las vocales?, jejeje (haciéndose el graciosillo).
  • jejeje (pero piensa: gilipollas…)

Centésimo trigésimo ejemplo:

  • Oye, y si tus compañeros de la academia han aprobado, ¿por qué tú no?
  • … (Intranscribible).

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (XXXIII)

imageBuenas tardes un lunes martes más! Esta semana no he podido publicar la entrada el lunes, como de costumbre, sino que me he demorado un poco.

He aquí los ejemplos de lo que los opositores odiamos y aprovecho para agradeceros de nuevo que compartáis vuestras experiencias conmigo para que las publique en el blog!

Centésimo vigésimo tercer ejemplo:

Ya van tres instancias de distintas oposiciones que presento en las que SIEMPRE me toca el mismo funcionario que SIEMPRE me hace la misma broma sobre las oposiciones. Es muy simpático, pero repetitivo y se ve que no se acuerda de mí de un año para otro.

  • ¿A qué te presentas?
  • A Hacienda.
  • Uff, esas son duras. Mucho ánimo y acuérdate de mí cuando apruebes. Mejor, no te acuerdes de mí, jejeje.
  • Jajaja… gracias (por tercer año consecutivo).

 

Centésimo vigésimo cuarto ejemplo:

  • ¿Y qué tal lo llevas?
  • Bien, pero aún es pronto. Sólo llevo dos años opositando.
  • Bueno, tú piensa que la gente que oposita a Notarías tarda más (como queriendo animarme).
  • Sí, bueno… Siempre hay alguien que está peor (¡pero no me consuela!)

 

Centésimo vigésimo quinto ejemplo:

En una famosa cadena de papelerías

  • Hola, ¿os han llegado los nuevos subrayadores de Stabilo Boss en color pastel?
  • ¿En color pastel? (mirándome como si me lo estuviese inventando)
  • Sí, sí.
  • Eh, de Stabilo Boss tenemos estos…
  • No, esos no son. Muchas gracias. No, no estoy loca.

Centésimo vigésimo sexto ejemplo:

  • ¿Opositando?, ¿a tu edad?, pero si eres muy joven. Te vas a perder tu juventud.

O su alternativa:

  • ¿Opositando?, ¿a tu edad?, pero si ya eres muy mayor, ¿no?

Conclusión, hagas lo que hagas siempre habrá alguien a quien no le parezca buena idea. Que no te importe la opinión del tonto de turno.

 

¡Nos vemos en la próxima entrada!

El Río

A los opositores se nos dice que debemos cubrirnos de una densa capa de aceite y que todo nos resbale.

Qué fácil es decirlo. Cuando decidí opositar sabía que sería duro y que tendría que renunciar a mucho, que sería una etapa de sacrificio y resignación.

Una ilusa parte de mí debió imaginarse que sería algo tan sencillo como pulsar un interruptor y que de pronto me dejaría de importar el resto del mundo, que sería capaz de aislarme a base de fuerza de voluntad.

Nada más lejos de la realidad. Cuando opositas, una vez se ha terminado la ilusión inicial y la novedad, te sientes como si te hubieran arrancado de tu hábitat natural. Te encuentras en un contexto hostil que no te gusta y no puedes evitar pensar en que preferirías estar en el lugar del que te han despojado. No es recomendable torturarse a uno mismo de esta forma, pero tampoco es humano tener un completo control de nuestros sentimientos. El mérito del opositor es no sucumbir cuando aparezca la tentación de abandonar.

En los primeros meses (o el primer año) de la oposición uno tiene que adaptarse de la forma menos agresiva posible. Si estás acostumbrado al tiempo libre, a las vacaciones y no tienes hábito de estudio, tratar de imponerte un ritmo alto de oposición puede acabar pasándote factura. Es mejor seguir el rendimiento que nuestro cuerpo (y nuestra mente) nos permita.

Cada vez, los esfuerzos son mayores. Notas como se te va escapando los pequeños retazos de vida que conservas y cuando más escasos son estos, más los atesoras y te resistes a abandonarlos.

Al principio causa bastante angustia tener que renunciar a las cosas que para ti son importantes y soportar además todos los temores que conlleva. Para mí, ha sido algo que me ha generado bastante ansiedad. Lo cierto es que me veía incapaz de dejar que mi vida se fuese desintegrando, pero para mi sorpresa he de decir que he superado mis expectativas y he logrado llegar más lejos de lo que jamás hubiera imaginado en lo que a fuerza de voluntad se refiere. El truco, compañeros, reside en insistir. La clave del opositor radica en no rendirse y que sea sólo cuestión de tiempo llegar al lugar que deseas.

Desde un punto de vista metafórico, el opositor tiene que cruzar un río para pasar de la orilla de la vida sencilla a la ribera del duro estudio de la oposición.
Al principio te hace gracia meterte en el agua, pero pronto te empieza a calar el frío y sientes la tentación de volver a tu cómoda orilla. Sigues nadando y añoras lo que dejas atrás. Durante un tiempo, intentas conjugar tu presencia en ambas partes porque no quieres renunciar a tu sueño profesional, ni tampoco tu vida anterior. Pero, ¿sabéis qué le pasa al que no nada ? Que se lo lleva la corriente y se queda sin ninguna de las dos cosas entre las que se debatía, condenado a conformarse con el lugar en el que lo deposite la merced del río junto a todos los sedimentos a la deriva. El opositor tiene que seguir nadando hasta llegar a la tierra que representa el esfuerzo y la constancia, sin mirar hacia atrás. Recuerda el compromiso que realizaste al comenzar esta travesía y ten presente que tu decisión es seguir nadando, por mucha nostalgia que te produzca el pasado. Sigue luchando y que tu futuro yo se sienta orgulloso de ti.

Cuando llegues a esa orilla, estarás tan cerca de la meta, que todo te resbalará. Toda carga que antes te parecía un mundo, ahora será insignificante en comparación con lo que estás a punto de conseguir. Ya has pasado lo peor, que es la lucha contra uno mismo, ahora sólo es cuestión de insistir. Estás demasiado cerca como para desperdiciar el esfuerzo que supuso cruzar el río.

Lo que los opositores odiamos (XXXII)

image¡Buenos días de lunes una semana más! La Navidad es una locura, sobre todo cuando no tienes vacaciones. Aunque quisiera seguir estudiando con normalidad, me ha resultado prácticamente imposible hacerlo los días de fiesta y sus vísperas. Sin duda ha valido la pena, y esa desconexión extra viene muy bien.

Aquí vuelvo con mi colección de lo que los opositores odiamos. Es habitual que nuestros opocompis compartan con nosotros sus ejemplos personales de situaciones odiosas relacionadas con la oposición. A veces me lo cuentan por correo, por comentarios o mensajes en IG y a veces soy yo la que los veo y les pregunto si me dejan contarlo. En los siguientes ejemplos trataré de darle voz a algunas de mis compis:

Centésimo décimo noveno ejemplo:

@cristinafrances93 me contaba que sus oposiciones se suelen celebrar entre junio y julio. Cristina tiene una amiga a la que le han concedido una beca para estudiar en USA. En mayo, estaban hablando de sus respectivas situaciones. Esta amiga había planeado un viaje a Hawái, aprovechando su estancia en Estados Unidos, mientras que Cristina compartía sus preocupaciones, sus agobios y sus miedos (la opovida). ¿Sabéis cual fue el genial, a la par que reconfortante, consejo de su amiga?. Éste:

  • Bueno, tú no te preocupes. Y si te entra el agobio, piensa en mí en Hawái.

Si yo fuese Cristina, la hubiera mandado a freír churros a Honolulu.

 

Centésimo vigésimo ejemplo:

Nuestra compi de Hacienda @oponuu ha sido víctima de uno de los prejuicios más habituales que los opositores sufrimos:

  • Estudiar una oposición sin trabajar es no estar haciendo nada.

A esta gente yo la pondría a opositar una semana, a ver si les crecía la empatía.

 

Centésimo vigésimo primer ejemplo:

A continuación voy a compartir con vosotros un desafortunado encuentro con un conocido al que llevaba tiempo sin ver, cortesía de @entreapuntesybolisdecolor.

  • Oye, ¿y qué estás haciendo ahora?
  • Estoy preparando oposiciones. Terminé la carrera y decidí opositar porque tengo el ritmo de estudio y creo que es una buena opción de futuro.
  • ¡Madre mía! Llevas los mismos años estudiando que yo trabajando. Pero bueno, mira lo de Bill Gates: él dejó los estudios para tener un pedazo de empresa, mientras que un compañero suyo sí que los terminó y ahora trabaja para él. Yo había pensado sacarme el CAP (hizo FP) para trabajar de profesor cuando tenga 50 años o más. Ahora que tengo energía y ganas de trabajar no, que yo soy muy trabajador. Luego ya… mira, ¡sin hacer nada y a vivir del Estado!.
  • Venga, que se me hace tarde. Taluego.

 

¿A alguien más le hierve la sangre al leer esto? Está tan equivocado que no sabría ni por donde empezar, así que voy a reconocer que tiene mucho mérito ser capaz de ofender a tantas personas con tan pocas palabras.

Centésimo vigésimo segundo ejemplo:

Para terminar, os dejo dos momentos de furia homicida que vivió @superbolibic el día de su cumpleaños.

El primero:

  • ¡Felicidades! Hoy no estudiarás, ¿no?
  • Pues sí, estudio, sí.
  • Ah, pero la tarde te la tomarás libre, ¿verdad?
  • Pues no, no.
  • Ah, pero terminarás antes, ¿a que sí?
  • pff…

 

Y el segundo:

  • Jo, pobrecita. Vaya día de mierda habrás tenido, estudiando en tu cumpleaños.
  • Pues en realidad ha sido genial. A mediodía han venido unas amigas…
  • Sí, una faena. Tienes que estar desquiciada.
  • Sí, señor. Lo que usted diga. Estoy muy triste.

 

Los hay que no valoran nuestro esfuerzo y también los hay que asumen que nuestra vida es miserable. ¿Tan difícil es encontrar un término medio?

¡Muchas gracias por vuestra visita y mucho ánimo con la vuelta a la rutina!