Lo que los opositores odiamos (XVIII)

imageBienvenidos un día más a lo que los opositores odiamos.

Este lunes, especialmente frío, es el último de noviembre. La próxima vez que os escriba será en diciembre, donde todo apunta a que el ambiente navideño se habrá instalado en el mundo opo-muggle. Eso implica cenas, reencuentros, familia y, en consecuencia, un montón de comentarios que un opositor no quiere oír. Yo me llevaré mi libretita azul a todas partes y volcaré en ella toda mi frustración para poder compartirla después con vosotros, que me entendéis estupendamente.

Centésimo séptimo ejemplo:

Quedando con alguien en verano, que para nosotros es como cualquier otra estación pero con la dificultad de estudiar con tanto calor.

  • Jo, ya tenía ganas de quedar contigo.
  • Sí, pero sabes que me paso todo el día estudiando y tengo muy poco tiempo libre.
  • Ya… es que todo el mundo está estudiando o trabajando. Yo hasta septiembre no vuelvo a clase y estoy aburrido de no hacer nada. Me cansa tener tanto tiempo libre porque nadie puede quedar.
  • Te odio.
  • Me parece normal.

 

Centésimo octavo ejemplo:

¿Os habéis parado a pensar que cuando seamos funcionarios vamos a tener que abandonar la bonita costumbre de vivir en pijama? Tendremos que ponernos ropa normal TODOS los días.

Agotador, ¿verdad?.

Centésimo noveno ejemplo:

  • ¿Qué tal la semana?
  • Bueno, no estuvo mal. Me tocó repasar los temas 39 a 52, que son muy bonitos, así que bien.

(Oh, Dios mío. ¿En qué me he convertido? ¿temas bonitos? ¿ya me he vuelto loca del todo?)

Centésimo décimo ejemplo:

  • ¿Qué tal lleva tu pareja lo de poder verte tan poquito por tu opo?
  • ¿Que “qué tal lo lleva ÉL”?, ¿¿ÉL?? Pues mejor que yo, que soy quien no puede salir porque tiene que estudiar en casa. Él podrá hacer otras cosas, pero la pringada que se queda estudiando soy yo.

Efectivamente, no me preguntaron qué tal lo llevaba yo, sino ÉL. Pues vale.

 

¡Espero que os haya gustado, nos vemos en la próxima entrada, opocompis!

Lo que los opositores odiamos (XXVII)

image¡Buenas tardes de lunes! Hoy he tenido un imprevisto: se me han pegado las sábanas.

Como siempre digo, opositar te enseña (o te obliga) a ver las cosas de otra forma, a ser positivo y a valorar las pequeñas cosas.

Así que, he omitido la parte en la que me siento mal por haberme quedado dormida esta mañana y he decidido centrarme en lo bien que me va a venir este descansito extra.

Centésimo tercer ejemplo:

  • ¡Por fin de vacaciones!
  • Pero ahora a desconectar, eh. Lo que tienes que hacer es desconectar del todo y no pensar en las opos.
  • ¡No me digas! A mí que me encanta estudiar y tenía pensado malgastar mis mini vacaciones pensando en la oposición… (sarcasmo).

 

Centésimo cuarto ejemplo:

  • ¿Y para qué opositas?
  • Para Judicaturas
  • ¿Judicaturas? Esas son de las duras.
  • ¿Duras? JA. Ojalá fuesen sólo duras.

 

Centésimo quinto ejemplo:

Yo, que siempre he tenido la vista maravillosamente sana, resulta que he empezado a tener problemas para enfocar y, de repente, me molesta la letra pequeña. Pues sí, ahora necesito gafas.

Ya lo decía la gran Jijo Limón:

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Si queréis comprar el libro de Jijo Limón podéis hacerlo aquí. Yo lo tengo y os aseguro que es la pera limonera. Se lo recomiendo a cualquiera que quiera saber cómo es la vida del opositor y a los opocompis que quieran disfrutar del mejor humor gráfico sobre las oposiciones.

 

Centésimo sexto ejemplo:

  • ¿Y qué tal lo llevas?
  • Bueno, cansada pero bien.
  • Bueno, mujer, tú piensa que hay gente que se pasa hasta los 30 años opositando.
  • Gracias, es un gran consuelo… (No. No lo es).

 

Gracias por acompañarme una semana más. Siempre intento publicar los lunes por la mañana, pero a veces hay imprevistos.

Quiero que sepáis que tengo un montón de ideas y borradores para publicar en el blog, pero no tengo tiempo para todas las cosas que me gustaría hacer, así que van poco a poco, pero van saliendo.

Si queréis que os llegue una notificación cada vez que publico, sólo tenéis que hacer clic en un botón marroncito en el que pone “seguir” por alguna parte de esta página. Si me seguís en instagram también os informaré cada vez que haya publicación.

Y os voy adelantando que estoy preparando un proyecto que me hace mucha ilusión con una persona muy “salá” y divertida (entre muchas otras más cualidades). No digo más.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (XXVI)

imageBuenos días de lunes una vez más.

Espero que tengáis una semana fantástica, compañeros.

Yo estoy esperando que este mes salga la convocatoria de mi oposición  y no os voy a negar que me pongo nerviosa sólo de pensarlo. Vamos a tomarnos los nervios con un poco de humor:

Centésimo segundo ejemplo:

  • Uff, es que yo no tengo tiempo para nada.
  • Si bueno, yo también ando un poco liada…

¿Nunca os habéis tenido que oír las quejas de alguien que dice que no tiene tiempo para nada, cuando en realidad tiene mucho más tiempo que tú?

Un poquito de compasión con los opositores, por favor. Que es normal que todo el mundo sienta la necesidad de quejarse, pero no lo hagas delante de alguien que está peor que tú.

Centésimo tercer ejemplo: La pregunta del millón.

  • ¿Cuándo tienes el examen?
  • eh, todavía no ha salido la convocatoria…

Es un claro ejemplo de persona que no tiene ni idea de como funciona una oposición.

Los opositores no sabemos cuando tendremos que examinarnos hasta que no se publique la correspondiente convocatoria, sólo podemos hacer estimaciones basadas en las fechas de otros años.

Sí, los opositores estudiamos con mucho tiempo de antelación, es imprescindible.

No, no es como los exámenes que todo el mundo conoce. No vale con estudiar la semana antes. Los temarios son extensos y nos enfrentamos a otros opositores muy preparados.

Y, por último, hacemos varios exámenes. No es sólo uno. En mi caso, son cinco y se distribuyen a lo largo de un año.

Centésimo cuarto ejemplo:

  • Yo no haría eso…
  • Pues no lo hagas.

Una de las cosas que más odio, en general, es que me digan lo que tengo que hacer. Pero si hay algo peor es que me digan qué es lo que estoy haciendo mal, cuando viene de alguien que no tiene ni idea de opositar y a quien, por supuesto, no le he pedido su opinión.

Centésimo segundo ejemplo:

  • ¿Te apetece ir el miércoles al cine?
  • No, por las tardes también tengo que estudiar. Ya sabes que sólo puedo descansar el domingo.

Yo agradezco mucho que mis amigas no se olviden de mí a pesar de mi encierro opositoril, pero a veces preferiría que no me propusiesen planes que son incompatibles con mi horario. Para un opositor es duro decir que no. Claro que me apetece más ir al cine que seguir estudiando, pero no puedo.

Lo que los opositores odiamos (XXV)

imageBuenos días de lunes. Espero que hayáis pasado una buena semana y empecéis este frío lunes con mucho ánimo.

Yo también me dispongo a comenzar la que ya es la semana 110 de mi oposición tras un fin de semana especialmente largo (¡un día y medio!).

Os dejo aquí los ejemplos de esta semana. Tengo que reconocer que estoy usando los números ordinales más que en toda mi vida. De hecho, he tenido que buscar en Internet si “centésimo” está bien dicho porque me suena raro de lo poco que lo uso:

Nonagésimo octavo ejemplo:

Como ya os he contado en otras ocasiones, yo oposito para un grupo A1 del Estado. El fin de semana pasado me presenté a las mismas oposiciones del grupo A2 para coger soltura haciendo exámenes. La experiencia ha sido muy buena, me ha salido mejor de lo que me hubiese esperado pero soy consiente de que me aguarda un bonito suspenso porque no lo pude preparar (no quise apartarme de la preparación de mi oposición) y, según mis cálculos, el 50% de mis respuestas han sido pura imaginación. Lo mejor es que he hecho progresos a la hora de controlar el pánico pre examen que sufrimos todos los opositores gracias a ello.

El caso es que, mientras estaba en el baño antes del examen, escuché una conversación entre una chica que preparaba esa oposición y otra chica que estaba en mi misma situación y se lo estaba explicando. Con lo cual, no pude evitar preguntarme a mí misma: “madre mía, ¿los opositores de grupo A1 sonamos así de gilipollas cuando hablamos?”. Y es que a mi homóloga se le escapó una buena dosis de vanidad en sus palabras, probablemente fruto de su poco rodaje en las oposiciones (tenía pinta de novata).

A veces, somos los propios opositores los que ofendemos a nuestros compañeros sin darnos cuenta. Por eso yo, cuando escucho algo digno de esta sección, pienso dos cosas:

1º. No te ofendas porque tú también metes la pata con frecuencia y sabes que no lo haces con mala intención.

2º. Voy a anotarlo en mi libretita azul para que, al menos, pueda reírme de ello con mis opocompis, que son los que mejor me entienden.

Nonagésimo noveno ejemplo:

  • Mira, ésta es mi amiga Ana. Es policía.
  • No, no soy policía. Estoy OPOSITANDO a policía.
  • Bueno, es lo mismo. Seguro que lo sacas.

Y la cabeza de Ana explota a causa de un ataque de ira fortuito.

 

Centésimo ejemplo:

  • Estás renunciando a tu juventud. Estos años no los recuperarás nunca.
  • Imbécil…

Como ya he dicho en otra entrada, aquél que no tiene un sueño no sabe qué es luchar por él.

 

Centésimo primer ejemplo:

Algún día iré a pedir un café y, en lugar de decir “por favor” se me escapará “con la venia”.

Los que tenemos exámenes orales solemos iniciar los cantes con una fórmula del tipo “con la venia, comienzo la exposición del tema blablablá…”. No me extrañaría nada tener un lapsus en cualquier momento y utilizar esa expresión donde no toca.

Aunque si hay que escoger, prefiero decirle a un camarero “con la venia” en lugar de decirle al Tribunal que me examina “un café, por favor”.¿No creéis? Seguro que no sería lo más absurdo que ha dicho alguien por los nervios.

 

Espero que os haya gustado la entrada de hoy, ¡Nos vemos en la próxima!