Lo que los opositores odiamos (XX)

imageBuenos días otro lunes más. Bienvenidos a la vigésima entrega de “lo que los opositores odiamos”. A pesar de que me cuesta encontrar tiempo para escribir en el blog, no dejo de apuntar ideas en mi libretita azul.

Estoy deseando retomar las entradas de los jueves con nuevas reflexiones sobre la oposición. Disculpad la falta de regularidad y muchas gracias por vuestra paciencia.

Septuagésimo octavo ejemplo:

Le experiencia en estos años de oposición me ha permitido apreciar que existen distintas etapas por las que un opositor ha de pasar y que influyen en su concepción de este proceso selectivo. Todavía me quedan algunas por descubrir, pero lo ilustraré a través de las distintas respuestas que un opositor da a la temida pregunta de “¿Qué tal las opos?”.

  • Opositor novato: “Bien, llevo muy poquito tiempo. Lo cierto es que es muy duro y estoy aprendiendo mucho sobre…” (Normalmente te interrumpen aquí con una frase tipo “Bueno, seguro que lo consigues”, que más que darte ánimos muestra que tu interlocutor no tiene el más mínimo interés en lo que le estás contando).

 

  • Opositor en crisis: Se ha acabado la ilusión del principio. Pasa el tiempo y no ves avances. Estás desmotivado y te pesa la frustración, la desesperanza y el temario cada vez parece más largo. Contestas algo como: “Cansad0. Yo ya sabía que esto era difícil, pero no deja de sorprenderme. No estoy estudiando todo lo que debería, pero no soy capaz de hacerlo y es horrible quedarme en casa estudiando mientras todo el mundo…“. Tú interlocutor, que tiene tantos conocimientos sobre la oposición como sensibilidad, te da un completo sermón sobre todo lo que estás haciendo mal, sus maravillosos consejos para corregirlo y, ya de paso, te reprocha que cada vez se te ve menos el pelo. A ti, por supuesto, te suena a que lo estás haciendo fatal y que cualquiera en tu situación ya habría aprobado la oposición hace años. Pero tú debes ser tonto o algo.

 

  • Opositor consolidado: Una vez superada la crisis gracias a tu perseverancia, te conviertes de un verdadero opositor, que se reafirma en su objetivo y sus motivaciones. Ya familiarizado con el temario (cosa que unos meses antes no parecía factible) y con experiencia sobre cómo tratar el aspecto emocional de la oposición, sencillamente respondes a la pregunta con un “Muy bien” y una sonrisa (aunque estés de bajón). Porque sabes que cualquier otra respuesta acarrearía  comentarios que no te apetece volver a aguantar.

Si alguno de vosotros conoce cual es la siguiente etapa, os agradecería que me la mostraseis. El mejor consejo que os puedo dar es que os lo toméis todo con humor y que nos riamos de lo que nos pasa. Mi terapia consiste en compartir esos momentos en esta sección y reírme con las personas que mejor me entienden.

Septuagésimo noveno ejemplo:

  • En las oposiciones se valora la memoria. No la capacidad para resolver un problema.
  • MENTIRA. La mayoría de los opositores tenemos exámenes prácticos. Lo crucial es demostrar capacidad de sacrificio, constancia y determinación. Por ese motivo los opositores son tan valorados en el sector privado.

Con un temario tan amplio, la capacidad memorística es irrelevante. Todo se reduce a trabajo y perseverancia. Os aseguro que una oposición requiere mucha capacidad para solventar problemas.

Octogésimo ejemplo:

  • Eso lo hacéis por dinero y por una posición privilegiada.
  • MENTIRA. Vocación, vocación y más vocación.

El estatus privilegiado de un opositor no es mejor que un buen puesto de trabajo en el ámbito laboral. A ambos se accede en condiciones similares y se compite por él, lográndolo sólo quienes lo hayan hecho mejor.

Sospecho que a la gente que le amarga su trabajo le molesta que alguien tenga vocación, cuando sería más conveniente emplear toda esa energía en luchar por sus propios sueños.

Octogésimo primer ejemplo: Este ejemplo lo encontré en un blog. Creo que se llamaba Todo por una plaza, pero no he sido capaz de encontrarlo. Su autora, en una entrada similar a estas, compartía un ejemplo que supera con creces todo lo que a mí me ha sucedido.

  • ¿Qué tal te va, qué estás haciendo ahora?
  • Estoy opositando.
  • Ah, yo pensaba que opositar era para gente lista.

Y yo digo ¿hola?, ¿perdón?, ¿estamos tontos o qué?

Gracias por leerme y dedicarme un poco de vuestro preciado tiempo. Recordad que podéis suscribiros haciendo clic en un botoncito que pone SEGUIR por alguna parte en esta página. También me gustaría agradeceros a todos los que comentáis o me enviáis correos contándome vuestras experiencias similares para que se las transmita a todos nuestros compañeros. ¡Nos vemos en la próxima entrada!

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