Lo que los opositores odiamos (XXIV)

image¡Buenas tardes de lunes! Para muchos hoy es puente, pero para la mayoría de los opositores no. Aquí van mis aportaciones semanales de lo que los opositores odiamos para aceptar con la mejor resignación posible la falta de festivos.

A pesar de vuestras apretadas agendas, muchas gracias por sacar un huequito para leer el blog. Si queréis recibir una notificación cada vez que se publique una entrada podéis darle al botoncito de seguir, que está por algún lugar de esta página.

Nonagésimo cuarto ejemplo:

Cuando le explicas a alguien en qué consiste la oposición, muchas veces porque esa persona también se está planteando opositar.

  • ¿Y cuál es tu límite?, ¿tienes un máximo de años para opositar?
  • Eh.. no, no me lo planteo todavía.

Esta pregunta NO MOLA nada.

 

Nonagésimo quinto ejemplo:

  • Si sigues descuidando tanto tus amistades te vas a quedar sin amigos.
  • A lo mejor es que he dejado de hablar contigo porque eres gilipollas.

 

Nonagésimo sexto ejemplo: Estos dos últimos ejemplos fueron una aportación realizada por Lara S.

  • ¡Buah! ¡qué madrugón me he pegado para ir a trabajar!
  • Idem. Me he levantado hace dos horas.
  • ¡Uff! Si yo fuera tú, dormiría todo el día.

Implícito: como tú “sólo” tienes que estudiar.

Nonagésimo séptimo ejemplo: (continuación de Lara S.)

Típica situación en la que llega alguien, te cuenta su vida, cómo le va en el trabajo y ¡ni te preguntan qué tal porque asumen que no tienes vida porque estás “siempre estudiando”!.

Muchas gracias a todos los que me escribís compartiendo vuestras propias experiencias, para mí es un placer compartirlas en esta sección. Podéis poneros en contacto conmigo a través de los comentarios, instagram o en el correo demayorquieroserfuncionario@gmail.com.

¡Nos vemos la semana que viene!

Carta a los opositores pasivos

Fue a mi compañera Noelia a quien vi usar la expresión “opositor pasivo” por primera vez para referirse a las personas que están a nuestro lado cuando opositamos. Me parece un término muy adecuado porque engloba los efectos colaterales de  opositar en personas distintas del propio opositor.

Dicen que cuando uno oposita, también opositan los que están a su alrededor. Por eso me ha parecido conveniente dirigirme hoy a ellos.

 

Querido opositor pasivo:

Tú ahora no puedes verlo, pero algún día habrá valido la pena tanto sacrificio.

Quizás nunca sepas lo importante que es tu apoyo para mí. Que nada de esto sería posible sin tu soporte incondicional.

Que no me entiendes, pero estás mi lado porque me quieres y, aunque no comprendas lo que esto supone para mí, no necesitas hacerlo porque crees en mí y en lo que he decidido.

Nosotros mismos somos presas de la incertidumbre. Sabemos bien a lo que nos enfrentamos y cuál es nuestra situación. Y, a pesar de ello, nos cuesta horrores confiar en nosotros mismos.

Vosotros, en cambio, tenéis una fe ciega en nosotros que nos fascina. Os ha tocado afrontar una parte dura de este camino sin haberlo escogido. Nos prestáis vuestro apoyo sin pedir nada a cambio. Es un gesto encomiable de generosidad por vuestra parte.

Os toca sufrir. Sufrir los desánimos, la locura, el cansancio, la desgana, la desazón. Os toca sufrir nuestra ausencia.

Habéis aceptado con resignación que ahora simplemente no podemos estar y ni siquiera nos lo reprocháis porque sabéis que para nosotros también es duro tanto sacrificio.

Si algo legitima los excesos de la oposición es que no duran para siempre. A mí también me gustaría dejarlo todo a veces, o simplemente tomarme un descanso y no puedo. Pero, al final del día, ésta es una decisión que he tomado yo y me hace feliz. Pero tú, opositor pasivo, tú no tienes la culpa de que yo te falte. Tú tienes derecho a tener a tu hermana, a tu madre o a tu pareja. Y a mí me duele en el alma cada vez que te digo que no.

Se me parte el corazón cuando no puedo hacer lo que me apetece y tengo que hacer lo que debo.

Te aseguro que cuando me quedo en mi habitación me acuerdo de ti y te echo de menos. Aunque sea feliz con mis sueños, no quiero estar ausente en lo que es más importante, que son las personas a las que quiero, que eres tú.

¿Y sabes qué hago? Continuar.

Echarte de menos sólo me da más fuerzas para luchar por mi meta. Para que esto se acabe cuanto antes. Para poder dejar de faltarte.

Todo esto se acabará algún día y empezará todo. El final no será más que el comienzo. Volveré a estar con los que me quieren y podréis verme feliz por haber logrado mis sueños o, al menos, por haber luchado por ellos.

No queráis tener a vuestro lado a alguien que no lucha por lo que quiere. Todo en esta vida que requiere un esfuerzo, acaba teniendo una recompensa. Aunque ahora nos entren ganas de tirar la toalla, la verdadera satisfacción vendrá cuando todo se termine.

Y todo es posible gracias a vosotros. Con vuestra paciencia infinita recordáis que nos duele más a nosotros no estar y que somos quienes tememos que os olvidéis de nosotros. Que sabemos que no tenemos ningún derecho a pediros que lo aguantéis y vosotros simplemente seguís a nuestro lado. Porque nos queréis. Porque sois capaces de soportar todo esto para que nosotros seamos felices. Porque es vuestro acto sincero de amor. Porque nosotros también nos damos cuenta.

Hoy no vengo a justificar porqué no podemos estar a vuestro lado, sino a daros las gracias por lo que hacéis por nosotros.

Hoy (y cada día) es por vosotros, los que nos echáis de menos.

A mi P.

Lo que los opositores odiamos (XXIII)

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¡Buenos días un lunes más!  Quisiera agradeceros de corazón todo el cariño que recibo de mis compañeros opositores. A veces pienso que la oposición me está afectando seriamente a mi salud mental (probablemente sea cierto), pero compartir impresiones con vosotros me hacer ver que es normal y que no es que yo esté haciendo las cosas mal.

¡Gracias!

Nonagésimo ejemplo:

  • ¿Y qué tienes que decirles en los exámenes orales?
  • Tengo que exponer los temas que me toquen.
  • ¡Pues qué tontería! Si eso ya está escrito en algún sitio.

Este es un ejemplo de persona desconsiderada y que desprecia nuestro esfuerzo. Si alguien se pasa horas y horas al día, sin a penas descanso, intentando hacer algo; no es una buena idea decirle que lo que hace es una tontería porque muy probablemente se vaya a sentir ofendido.

Es muy posible que ese opositor sepa mejor de lo que está hablando que tú. Así que sé más prudente con tus juicios de valor si no tienes ni idea del tema.

Creo que cada uno tiene derecho a tener su propia y sincera opinión por mucho desconocimiento que albergue y por muy desfavorable que pueda resultar para otra persona. Pero, del mismo modo que pienso que todos tenemos derecho a ser idiotas de vez en cuando, también creo que tenemos la responsabilidad de guardárnoslo para nosotros mismos y no hacer daño tontamente.

Los exámenes orales son una de las pruebas más duras que existen en una oposición y, más que parecer una tontería, requiere mucho esfuerzo, práctica y trabajo hasta conseguir hacerlo casi bien. Si bien es cierto que en la oposición se le da mucha importancia a la memorización del temario, no tengo ninguna duda de que quien lo consiga hacer bien estará demostrando poseer unas grandes y muy valiosas habilidades.

Me remito a lo que he dicho otras veces sobre los cantes y las personas que dan su opinión sin que se la hayan pedido.

Nonagésimo primer ejemplo:

  • ¿Esos son tus apuntes? (refiriéndose al esquema que me tengo que memorizar para cantar, que son dos folios)
  • Sí, éste es un esquema. Con lo que tengo aquí tengo que cantar el tema en 15 minutos.
  • Ah, pues no es tanto lo que tienes que estudiar.
  • ¿Que no es tanto, que no es tanto???? !JA!

Nonagésimo segundo ejemplo: ¿Os acordáis de Dani, el compañero que aprobó las oposiciones de Técnico de Hacienda y me dejó compartir su historia? Pues también ha compartido dos joyitas para esta sección.

  • ¿Qué tal lo llevas?
  • Bien, precisamente ayer hice el primer examen.
  • Ah, ¿y qué tal te ha ido?, ¿cuándo tienes el próximo?
  • Creo que bien. El próximo sería dentro de dos meses.
  • Ah, bueno, aún queda mucho. Entonces ahora, VACACIONES, ¿no?

No tengo nada que añadir.

Nonagésimo tercer ejemplo:

(Después de explicarle a alguien en qué consiste la oposición).

  • Vale, vale, ya entiendo, yo no he hecho oposiciones pero te entiendo. Yo pasé por algo parecido cuando hice la SELECTIVIDAD.

 

Espero que os hayan gustado los ejemplos de hoy y os haya sacado una sonrisa al menos. Yo a veces alucino con lo que tengo que oír, pero cuando me contáis lo que habéis tenido que aguantar algunos de vosotros me quedo muerta.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Vía de escape

En otras ocasiones he hablado del monopolio que la oposición ocupa en nuestra vida. Cómo todo gira en torno a ella y lo exhausto que puede llegar a ser emocionalmente, ya sea por los sacrificios que debemos hacer o por el contraste que nos produce con el resto del mundo.

Todo se detiene para darle prioridad a la oposición, algo que no es más que un puente que nos lleva hacia nuestros sueños. Lo que justifica los excesos de la oposición es su carácter de temporalidad. No estamos renunciando a nuestra vida, simplemente la posponemos para centrar todos nuestros esfuerzos en lo que es primordial. Es como pagar un precio por adelantado.

Esto, no obstante, produce bastante fragilidad. A veces algo falla fuera de la oposición y parece que todo se desmorona. Son esos momentos en los que parece que nada tiene sentido porque estás esforzándote al máximo, pero no tienes nada ni dentro ni fuera del estudio.

Hay momentos en los que el agobio es más fuerte que nosotros mismos y nos vemos sobrepasados por la angustia y la ansiedad. Son momentos en los que desearías que se acabase todo, poder olvidarte de los apuntes y de la incertidumbre de si lo vas a conseguir o no. No puedes evitar preguntarte “¿qué estoy haciendo con mi vida?”.

En esas circunstancias, cuando más ganas tienes de abandonar, es cuando debes continuar. Porque la lucha diaria será lo que te lleve a ese lugar en el que preferirías estar ahora mismo. Sé paciente, respira, desahógate si te hace falta, respira de nuevo y continúa.

Son esos días en los que quieres desconectar de todo pero ya ni recuerdas en qué solías refugiarte. Te gustaría que alguien, como si de una providencia divina se tratase, te dijese si lo estás haciendo bien o si ya has renunciado a demasiado.

Y, por supuesto, no puedes dejar de pensar que tomarte un descanso iría en detrimento de tu planning de estudio, ya que no te quedan más horas en el día para estudiar.

La oposición, sin embargo, es una forma perfecta de huir de lo que no nos gusta, de mantener una esperanza. Yo propongo que nos concentremos en ella y nos olvidemos de los demás problemas. Seamos primero quien queremos ser.

Ocupemos nuestros pensamientos con lo bueno que nos da la oposición: la capacidad de superación, el esfuerzo, los resultados después de mucho sacrificio y la satisfacción de estar yendo en la dirección correcta.

Con esos elementos tendremos la posibilidad de aprobar y de que se abran las puertas de una nueva vida, consolidando todo el trabajo de estos años y escapando de lo que no nos gusta del presente.

Debemos seguir esforzándonos para alcanzar algún día la libertad y la independencia que anhelamos sin que nadie pueda decidir por nosotros. Vale la pena apostarlo todo porque ahora es el momento.

En el futuro podremos deshacernos de todos los lastres actuales. Que todo lo malo de hoy nos dé fuerzas para luchar por nuestra libertad. Convirtamos nuestras rémoras en motivación. Cada vez que te resulte duro, reafírmate pensando en porqué quieres cambiar tu vida.

Lo que los opositores odiamos (XXII)

imageSí, ya estamos en la XXII entrega de “lo que los opositores odiamos”. Siempre pensé que me quedaría sin ejemplos antes de llegar tan lejos. De hecho, pensaba que crear una sección semanal era demasiado ambicioso, pero creo que subestimé mi capacidad para encontrar cosas que me irritan.

Así que hoy, como cada martes que publico con retraso, os presento los ejemplos de esta semana con todo mi cariño y admiración por mis compañeros opositores.

Y, por cierto, le deseo de todo corazón mucho éxito a mi amiga Mónica, que hoy se examina y se merece muchísimo aprobar.

Octogésimo sexto ejemplo:

  • ¿Cuándo tienes los exámenes?
  • El año que viene. Convocan todos los años.
  • Entonces vas a ir a tope para aprobar el año que viene.
  • Sí, o para el siguiente. Todavía llevo muy poco tiempo opositando.
  • Jobá, si yo llevase tanto tiempo como tú, ya me sabría el temario.

Me lo han dicho, sí. Y sin mala intención, aunque parezca mentira. Me fastidia un poquito que nuestros amigos piensen que esto de opositar es como una asignatura del colegio. Creo que no alcanzan a imaginar lo duro que es dominar el temario de la oposición.

Octogésimo séptimo ejemplo:

  • Si fuese por vocación, opositarías a Juez, en lugar de Secretario Judicial. Así que no digas que es por vocación, que lo que quieres es la buena vida del funcionario.
  • Apuesto a que ni siquiera sabes en qué consiste el trabajo del Secretario.

 

Octogésimo octavo ejemplo:

  • Los funcionarios…
  • Uy, qué mal empezamos. Esto me huele a festival de estereotipos.

 

Octogésimo noveno ejemplo:

  • ¿para Guardia Civil? Los Guardias Civiles son unos amargados y unos **** ** **** que disfrutan ******** a ciudadanos honrados como yo cuando conducimos a 140 km por hora por autopista.
  • ¿En serio?

 

¡Os deseo que tengáis una semana fantástica (sobre todo a Mónica)!

Si tenéis alguna anécdota que queráis compartir, estaré encantada de que os pongáis en contacto conmigo en los comentarios, en demayorquieroserfuncionario@gmail.com o a través de Instagram.

¡Mil millones de gracias por leerme!

Lo que los opositores odiamos (XXI)

image¡Buenos días un lunes más!

Cuando abrí el blog lo hice exclusivamente porque tenía la necesidad de expresarme y sentirme comprendida. Para mi sorpresa, descubrí que muchos otros opositores se sienten igual que yo. Puede parecer pueril, pero saber que no eres el único al que se le hace duro algo es reconfortante. No es porque me consuele que mis compañeros lo pasen mal. Es porque me ayuda a comprender que la oposición es un periodo difícil de aprendizaje en el que equivocarse y fallar no sólo es inevitable sino también necesario.

Supongo que no soy la única a la que le da la sensación de que todo el mundo lo está haciendo mejor que yo, o que no me esfuerzo lo suficiente. Opositar es una travesía repleta de obstáculos que todos hemos de salvar. Sólo con resistir y no abandonar estamos haciendo mucho más de lo que nos imaginamos. En los momentos difíciles es cuando se mide un opositor, logrando algo que parece tan sencillo como continuar, pero que no tiene nada de fácil.

Otra característica de este proceso es la falta de objetividad. Te preguntas si lo estarás haciendo bien, si tu preparador te anima diciéndote que no lo haces tan mal o si, al contrario, está siendo más duro contigo para que des lo mejor de ti. Ahí es cuando me resulta fundamental relacionarnos con nuestros compañeros. Compararse no es una buena idea, pero idealizar a los demás es mucho peor. Basta con compartir nuestras impresiones con alguien con quien empaticemos para darnos cuenta de que todos pasamos por algo similar.

Yo decidí hacerlo mediante este blog. He recordado cuánto me gustaba escribir y que para mí es una verdadera terapia. Cuando escribo siento que soy capaz de transformar una mala experiencia en algo útil y el mejor ejemplo de ello es la sección de lo que los opositores odiamos. Este blog nació de mi necesidad de sentirme comprendida por mis compañeros y ha resultado ser una plataforma extraordinaria para conectar con ellos y, para mi grata sorpresa, he visto que en ocasiones son ellos los que se sienten comprendidos por mí.

Lo que comenzó siendo algo que hacía por mí, ha logrado ser útil para otras personas a las que respeto y admiro tanto como son mis compañeros. No puedo pensar en un mejor resultado.

A veces recibo correos llenos de cariño en el que compañeros me cuenta su historia o simplemente me dan las gracias por escribir la mía, cuando soy yo la que tiene que agradeceros que empleéis vuestro escaso y valioso tiempo en leer mis reflexiones sobre la oposición.

Esta mañana me desperté con un correo de Yanira, una compañera que se está esforzando muy duramente para cumplir su sueño. Le agradezco que se pusiera en contacto conmigo y le recuerdo, tanto a ella como a vosotros, que no estamos solos. Por muy duro que sea, nos tenemos los unos a los otros. Participar en esta comunidad (especialmente en Instagram) me ha dado la vida como opositora y, de regalo, incluso me he llevado a buenas amigas. Os recomiendo a todos que os relacionéis con otros compañeros y descubráis la gente tan increíble que puede comprender vuestra situación.

Disculpad esta larga introducción, pero hoy necesitaba daros las gracias. Aquí os dejo la entrega semanal de lo que los opositores odiamos:

Octogésimo segundo ejemplo:

La mitad de lo que se dice en los foros de Internet sobre las oposiciones. Es mentira, no os creáis todo lo que leéis y, sobre todo, no dejéis que os afecte. El anonimato incrementa el atrevimiento que, ya de por sí, otorga la ignorancia.

 

Octogésimo tercer ejemplo:

  • (…) Y me han dicho que me llamarían en 10 días.
  • ¿Naturales o hábiles?
  • ¿Qué? Qué raro hablas desde que opositas.

 

Octogésimo cuarto ejemplo:

  • Hola! Te acabo de pasar un enlace de una beca que he encontrado para personas de tu carrera que se acaban de graduar y quieran hacer un máster.
  • Eh, bueno… gracias, jejeje. Pero no puedo, yo ya estoy opositando. Gracias por pensar en mí pero no puedo hacer otras cosas.

Me cansa tener que repetirlo tantas veces. Opositar es tan exigente como un trabajo, NO ES UN HOBBY. No lo hago por si suena la flauta, me lo estoy preparando en serio. No tengo un plan “realista” por si esto me falla.

Esto es un claro ejemplo de situación en la que alguien te habla con la mejor de sus intenciones pero, por desconocimiento, mete la pata. Por eso no te enfadas ni te lo tomas a mal, pero jobá, a ver si se enteran de una vez que lo nuestro va en serio.

 

Octogésimo quinto ejemplo:

  • Así que estás de vacaciones, ¡qué envidia me das!
  • ¿Envidia?, ¿de mí?

Ya sé que se refería a las vacaciones exclusivamente, pero me sigue resultando muy extraño que alguien sienta envidia de la vida de un opositor.

 

Espero que os haya gustado, ¡nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (XX)

imageBuenos días otro lunes más. Bienvenidos a la vigésima entrega de “lo que los opositores odiamos”. A pesar de que me cuesta encontrar tiempo para escribir en el blog, no dejo de apuntar ideas en mi libretita azul.

Estoy deseando retomar las entradas de los jueves con nuevas reflexiones sobre la oposición. Disculpad la falta de regularidad y muchas gracias por vuestra paciencia.

Septuagésimo octavo ejemplo:

Le experiencia en estos años de oposición me ha permitido apreciar que existen distintas etapas por las que un opositor ha de pasar y que influyen en su concepción de este proceso selectivo. Todavía me quedan algunas por descubrir, pero lo ilustraré a través de las distintas respuestas que un opositor da a la temida pregunta de “¿Qué tal las opos?”.

  • Opositor novato: “Bien, llevo muy poquito tiempo. Lo cierto es que es muy duro y estoy aprendiendo mucho sobre…” (Normalmente te interrumpen aquí con una frase tipo “Bueno, seguro que lo consigues”, que más que darte ánimos muestra que tu interlocutor no tiene el más mínimo interés en lo que le estás contando).

 

  • Opositor en crisis: Se ha acabado la ilusión del principio. Pasa el tiempo y no ves avances. Estás desmotivado y te pesa la frustración, la desesperanza y el temario cada vez parece más largo. Contestas algo como: “Cansad0. Yo ya sabía que esto era difícil, pero no deja de sorprenderme. No estoy estudiando todo lo que debería, pero no soy capaz de hacerlo y es horrible quedarme en casa estudiando mientras todo el mundo…“. Tú interlocutor, que tiene tantos conocimientos sobre la oposición como sensibilidad, te da un completo sermón sobre todo lo que estás haciendo mal, sus maravillosos consejos para corregirlo y, ya de paso, te reprocha que cada vez se te ve menos el pelo. A ti, por supuesto, te suena a que lo estás haciendo fatal y que cualquiera en tu situación ya habría aprobado la oposición hace años. Pero tú debes ser tonto o algo.

 

  • Opositor consolidado: Una vez superada la crisis gracias a tu perseverancia, te conviertes de un verdadero opositor, que se reafirma en su objetivo y sus motivaciones. Ya familiarizado con el temario (cosa que unos meses antes no parecía factible) y con experiencia sobre cómo tratar el aspecto emocional de la oposición, sencillamente respondes a la pregunta con un “Muy bien” y una sonrisa (aunque estés de bajón). Porque sabes que cualquier otra respuesta acarrearía  comentarios que no te apetece volver a aguantar.

Si alguno de vosotros conoce cual es la siguiente etapa, os agradecería que me la mostraseis. El mejor consejo que os puedo dar es que os lo toméis todo con humor y que nos riamos de lo que nos pasa. Mi terapia consiste en compartir esos momentos en esta sección y reírme con las personas que mejor me entienden.

Septuagésimo noveno ejemplo:

  • En las oposiciones se valora la memoria. No la capacidad para resolver un problema.
  • MENTIRA. La mayoría de los opositores tenemos exámenes prácticos. Lo crucial es demostrar capacidad de sacrificio, constancia y determinación. Por ese motivo los opositores son tan valorados en el sector privado.

Con un temario tan amplio, la capacidad memorística es irrelevante. Todo se reduce a trabajo y perseverancia. Os aseguro que una oposición requiere mucha capacidad para solventar problemas.

Octogésimo ejemplo:

  • Eso lo hacéis por dinero y por una posición privilegiada.
  • MENTIRA. Vocación, vocación y más vocación.

El estatus privilegiado de un opositor no es mejor que un buen puesto de trabajo en el ámbito laboral. A ambos se accede en condiciones similares y se compite por él, lográndolo sólo quienes lo hayan hecho mejor.

Sospecho que a la gente que le amarga su trabajo le molesta que alguien tenga vocación, cuando sería más conveniente emplear toda esa energía en luchar por sus propios sueños.

Octogésimo primer ejemplo: Este ejemplo lo encontré en un blog. Creo que se llamaba Todo por una plaza, pero no he sido capaz de encontrarlo. Su autora, en una entrada similar a estas, compartía un ejemplo que supera con creces todo lo que a mí me ha sucedido.

  • ¿Qué tal te va, qué estás haciendo ahora?
  • Estoy opositando.
  • Ah, yo pensaba que opositar era para gente lista.

Y yo digo ¿hola?, ¿perdón?, ¿estamos tontos o qué?

Gracias por leerme y dedicarme un poco de vuestro preciado tiempo. Recordad que podéis suscribiros haciendo clic en un botoncito que pone SEGUIR por alguna parte en esta página. También me gustaría agradeceros a todos los que comentáis o me enviáis correos contándome vuestras experiencias similares para que se las transmita a todos nuestros compañeros. ¡Nos vemos en la próxima entrada!