Lo que los opositores odiamos (XIX)

imageBuenos días de lunes!

Me gustaría disculparme porque no puedo dedicarle tanto tiempo como me gustaría al blog. La falta de tiempo libre es uno de los inconvenientes de la oposición que vosotros seguro comprendéis sobradamente.

Sin más dilación, os dejo otra entrega semanal de la sección con la que más me desahogo. ¡Gracias por comprenderme!

Septuagésimo cuarto ejemplo:

  • ¡Opositar es fácil! Sólo tienes que estudiar.
  • Ser millonario es fácil ¡Sólo tienes que conseguir un millón de euros!, ¿verdad?

A veces, el sarcasmo es mejor que una larga explicación.

 

Septuagésimo quinto ejemplo:

  • Los opositores parecen loros repitiendo un montón de leyes sin entender lo que dicen. Si eso es lo importante, el mejor funcionario sería un ordenador.
  • MENTIRA.  Entendemos todo lo que cantamos. A largo plazo, no se puede recordar tanta materia sin una comprensión exhaustiva. En la oposición se demuestran conocimientos.

 

Septuagésimo sexto ejemplo:

  • Con tantos temas, el que aprueba la oposición es porque ha tenido suerte en el examen que le ha tocado.
  • MENTIRA. Un opositor que aprueba domina todo el temario, lo cual conlleva mucho tiempo y esfuerzo.

Septuagésimo séptimo ejemplo: (conversaciones entre opocompis)

  • ¡Por fin he comprado todo el material para estudiar que necesitaba! ¡Tengo de todo!
  • ¿Has visto mis nuevos Tombow?
  • Necesito unos Tombow…

(Tombow es una marca, cuyos rotuladores más representativos tienen punta de pincel y sirven para hacer una caligrafía bien bonita si tienes buena mano).

 

Me encantaría que compartieseis vuestra visión particular de lo que odiáis como opositores, ya sea mediante comentarios o a través de un correo electrónico a demayorquieroserfuncionario@gmail.com

Si queréis recibir una notificación cada vez que hay una nueva entrada, sólo tenéis que buscar un botoncito que dice “SEGUIR” por alguna parte de esta página.

 

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (XVIII)

imageBienvenidos a una nueva entrega de lo que los opositores odiamos.

Opositar te hace perder la noción del tiempo, así que yo ya me olvidaba de que hoy era lunes y toca actualizar esta sección. Aquí os dejo los ejemplos de esta semana de septiembre o, como yo la llamo, “semana 102 d.o. (después de opositar)”

Sexagésimo noveno ejemplo:

  • ¿Qué tal lo llevas?
  • Estoy super cansada, etc…
  • Opositar es una carrera de fondo
  • ¡Ya lo sé!, ¡Eso es algo que tenemos que decir nosotros!

 

Septuagésimo ejemplo:

Cuando estás haciendo algo en tu día libre que no te gusta, pero tienes que hacerlo por compromiso y piensas: ahora podría estar estudiando y no perdería el tiempo con esto.

Con el transcurso del tiempo, estudiar la oposición ya no se hace tan duro. Yo prefiero estudiar antes que estar haciendo otras cosas que odio como ir al médico, aguantar a alguien que te cae mal, ir al dentista, hacer papeleo, asistir a eventos aburridos, etc…

 

Septuagésimo segundo ejemplo:

  • ¡Qué asco me dan los Policías!  Son unos acomplejados y unos macarras con placa. Los que no sirven para estudiar acaban siendo policías. ¿Cuántas veces han hecho algo bueno por mí, eh? y ¿algo malo? muchas multas que me han puesto.
  • (¿Y yo ahora qué le contesto a este bocachancla?)

Me cabrea enormemente que le falten al respeto de una forma tan descarada a alguien que no conocen y basándose exclusivamente en estereotipos.

Primero: para aprobar esas oposiciones hay que estudiar mucho y ser de los mejores entre un elevado número de aspirantes que se presentan a las pruebas.

Segundo: conozco a muchos opositores a Policía Nacional, Local o a la Guardia Civil que de macarras y acomplejados no tienen nada. Al contrario. Son personas con una vocación de servicio público admirable y que están realizando un gran esfuerzo y sacrificio para cumplir un sueño tan noble como es servir a los ciudadanos y protegerlos.

Tercero: Si crees que todos los Policías te perjudican en lugar de hacer algo bueno por ti, igual es que el macarra eres tú.

Cuarto: Habrá funcionarios negligentes, corruptos y que abusen de su poder, como en toda profesión, pero ello dista mucho de legitimarnos a generalizar sobre unos profesionales que tratan de hacer su trabajo lo mejor posible.

Quinto: A veces es mejor no responder a incitaciones absurdas porque hay discusiones que no llevan a ningún buen lugar.

Septuagésimo tercer ejemplo: Los traumas del opositor

Olga, más bien conocida como Delara, es una opositora que tiene un canal de youtube en el que ha publicado una serie de vídeos que adoro. La susodicha sección se llama “los traumas del opositor” y os recomiendo que le dediquéis unos minutos a verlos porque no tienen desperdicio.

 

 

 

Muchas gracias por vuestro tiempo, ¡Nos vemos en la próxima entrada!

 

Lo que los opositores amamos (I)

Hoy he decidido comenzar una nueva sección en la que iré publicando entradas con carácter ocasional.

En la sección de lo que los opositores odiamos siempre hablo de esas cosillas que la gente hace o dice y que los opositores no soportamos, nos cabrea o simplemente estamos cansados de oír. Pero lo peor de lo peor son las personas que desprecian, desprestigian o desmerecen todo nuestro esfuerzo e ilusión.

No obstante lo anterior, en este mundo también hay personas que nos valoran, nos respetan e incluso nos admiran. Para nosotros son un gran sostén y no siempre los encontramos en las personas más cercanas a nosotros, sino que podemos encontrar este apoyo en donde menos nos lo hubiésemos esperado.

Bendita rutina es una artista llena de talento que se dedica a hacer viñetas en tono humorístico en las que retrata su día a día. Yo la admiré desde que la descubrí hace meses y no pude evitar ver todos sus dibujos del tirón.

Podéis encontrar todas sus viñetas en su web benditarrutina.es, en su perfil de instagram y en el de facebook.

En una ocasión, me atreví a enviarle un mensaje para expresarle mi admiración por su trabajo y comencé a hablar con ella.

Me adelantó en primicia que estaba diseñando una viñeta dedicada especialmente a los opositores ya que, en su momento, convivió con una opositora a Judicaturas. Hoy, su hermana mayor, ya lleva años ejerciendo como Jueza y nos ha querido dedicar un pequeño homenaje tanto a ella como a todos los opositores.

¡Gracias por reconocer y difundir con tanto cariño nuestro esfuerzo!

Aquí os la dejo, ¿A que es genial?

136oposiciones

Un sueño cumplido

La semana pasada se puso en contacto conmigo por email Daniel, un ex opositor que acaba de convertirse en Técnico de Hacienda y que quería realizar su pequeña aportación a la sección lo que los opositores odiamos. Comencé a hablar con él y me gustó tanto su historia que le pedí que me dejase compartirla en el blog.

En esta ocasión, no seré yo quien os la cuente, sino que os voy a reproducir exactamente lo que él me dijo porque creo que su redacción es sencillamente genial y no tengo nada que añadirle.

Gracias, Dani, por permitirme publicar tu historia con final feliz.

Espero que disfrutéis tanto de ella como lo hice yo cuando me la contaba.

“Mi experiencia ha sido la de un soñador; me he sentido muy identificado con la última entrada de tu blog.
Cuando tenía 24 años, dejé el trabajo para estudiar la oposición. No muchos me entendieron (“¡Con la que está cayendo, y tú vas y dejas el trabajo!”). Vivía independiente, tenía un buen dinero ahorrado, y nadie me pudo impedir que me lanzara a por mi sueño. Cuanto más tiempo llevaba estudiando más seguro e ilusionado estaba de lo que estaba haciendo. En la primera convocatoria llegué habiendo estudiado muy poco tiempo, y en la siguiente ya llegué con opciones reales de lograrlo. Pero habían comenzado los años de recortes de plazas. Fueron menos de 30 plazas. Aun así, llegué hasta el final, donde sólo quedábamos 45 de los más de 2.000 que empezamos el proceso. Pero no aprobé.
Las perspectivas de plazas para los siguientes años eran ridículas. Vi imposible lograrlo en aquel momento. No vi otra salida que abandonar la oposición, y enterrar mi sueño.
Trabajé durante 5 años, hice algunos progresos laborales y desde fuera nadie imaginaba lo que con frecuencia, tantos años después, me seguía doliendo. Era mi sueño, y no por enterrarlo había desaparecido. Me seguía picando, pero desde la resignación de que aquel tren ya había pasado para mí. Tenía 30 años, me había casado y teníamos planes de comprar una casa, pronto tener hijos, etc. “Ojala lo hubiera logrado, maldita mi suerte, qué feliz sería.”
Había cambiado de trabajo y la verdad es que lo odiaba. Era un sector de apariencias, mentiras y otras malas prácticas (el sector financiero). Un día, un becario que estaba a mi cargo y estaba muy bien considerado en la empresa, me dijo que dejaba el trabajo. Quería ser auditor de cuentas, y por fin había logrado entrar en una firma de auditoria. Por la noche lo comenté con mi pareja:
– Me alegro por él. Es un chico brillante y va a cumplir su sueño. La verdad, casi te diría que le envidio. Si yo tuviera su edad también podría hacer lo que quisiera hacer, como él.
– Cualquiera que te oiga pensará que está hablando un viejo acabado. ¡Si sólo tienes 5 ó 6 años más que él!
Y tenía razón. Reflexioné, hablé con algunas personas cuya opinión valoro, eché cuentas también. Pero la decisión que iba a tomar, en el fondo, ya la conocía desde el día que tuve aquella conversación. El monstruo no había muerto, sólo estaba dormido, y despertó. Mi monstruo, mi sueño.
Dejé el trabajo y me puse a estudiar.
Los contenidos del temario los tenía prácticamente olvidados, había pasado mucho tiempo. Pero la experiencia, sobre el proceso y sobre mi propio rendimiento, la tenía muy presente. Y la determinación por luchar por mi sueño, era mayor que nunca.
Desde el día que empecé a estudiar, hasta que hice el último examen, transcurrieron 7 meses.
3 meses y medio después, salieron las notas y había aprobado la oposición.
Pero aprobar no evita seguir odiando los comentarios de los “cuñados”:
– ¡Qué bien, ahora por fin tendrás un trabajo fijo!
– ¿Trabajo fijo? ¡Si he dejado 3 para llegar hasta aquí! Tú no tienes ni idea…
Aunque siempre hay quien te conoce mejor de lo que uno cree:
– Conociéndote seguro que ya estás pensando en la promoción interna
– Jajaja, no, no, no, no, no, no… Bueno…, mmmm, ejem… quizá sí.”

Lo que los opositores odiamos (XVII) y bonus.

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Buenos días, compañeros. Me cuesta creer que ya hayamos llegado a la edición número 17 de esta sección. Muchas gracias por leerme y por participar en el blog contándome cosas que os ha tocado oír y que odiáis. Me encanta recibir correos y comentarios en los que compartís conmigo vuestras historias. Precisamente gracias a ello, el jueves tendremos una entrada muy especial que estoy deseando publicar.

Sexagésimo quinto ejemplo:

En la tierra de mi familia se dice mucho la expresión “malo será”. Es una forma de ser positivos, indicando que se debe tener la esperanza de que las cosas, eventualmente, salgan bien.

  • ¿Qué tal lo llevas?
  • Bueno, es muy difícil y ya llevo mucho tiempo opositando, así que estoy bastante cansada. Lo peor es la incertidumbre de no saber si lo vas a conseguir…
  • ¡Malo será!
  • Claro.

Es el equivalente a “con todo lo que estudias, seguro que apruebas”.

Sexagésimo sexto ejemplo:

  • ¿Y tú a qué te dedicas, Laura?
  • Yo he empezado a opositar en septiembre.
  • ¡Mucho ánimo, que eso es como una segunda carrera!
  • ¡JA!

Ni de coña.

Ya me gustaría a mí que se pareciese a la Universidad. ¡Cómo echo de menos esos fines de semana que empezaban los jueves!

Sexagésimo séptimo ejemplo:

  • El hijo de la vecina de mi tío aprobó las oposiciones para Juez en dos años.
  • Ah, pues qué bien.

Y después te enteras de que no opositaba a Judicaturas, sino a auxilio judicial (porque la gente entiende lo que le da la gana).

Sexagésimo octavo ejemplo: Éste lo compartió conmigo mediante correo María BM cuando le tocó escuchar estas lindezas.

  • No soporto a los funcionarios. Son unos vagos que disfrutan abusando de su poder para joder a los ciudadanos.
  • (te guardas tu opinión)
  • Ay, ojalá mis hijas aprobasen una oposición, que el mercado laboral está muy mal.
  • ¿hola?

 

Bonus: ¿Tenéis ganas de leer más sobre “lo que los opositores odiamos”?

Ayer, una opositora llamada Marta Olivenzia compartió en su blog una entrada con su propia visión de lo que los opositores odiamos. En su caso, ella optó por denominarlo “nunca le digas a un opositor…” y os recomiendo encarecidamente que le echéis un ojo porque es muy del estilo de esta sección. ¡Os va a encantar!

Los Soñadores

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Qué incomprendido se siente un soñador. Los opositores, en el fondo, no somos más que eso.

Soñamos constantemente con lo que queremos y eso no es fácil de entender para los demás. Hay muchas personas que no entienden lo que es tener una pasión y sienten la necesidad de desmerecer nuestros objetivos.

Pero los soñadores son diferentes a ellos. Cuando un soñador se encuentra con alguien empeñado en robarles la ilusión, se hace más fuerte únicamente. No todo el mundo comprende qué significa tener un sueño, tener algo que antes de alcanzarlo ya sabes que es tu destino.

A los opositores también nos sucede. Luchamos por algo sin haber tenido una experiencia que avale en qué consistirá tu puesto de trabajo si llega a hacerse realidad en el futuro. Quien no tiene un sueño jamás lo comprenderá.

Los soñadores, de todas las alternativas posibles, escogen aquello que realmente quieren y van a por ello. No les preocupa qué es lo adecuado, lo fácil o lo más prudente. Simplemente conocen su sueño y apuestan todo por él.

Es difícil ser un soñador. Muchas personas se denominan a sí mismas realistas, como si fuese algo incompatible con soñar. No hay nada tan real como un sueño.

El soñador conoce la complejidad de su objetivo, es consciente de su dificultad; pero, a pesar de ello, sigue queriendo luchar por él. Eso es lo que los hace grandes. Es lo que caracteriza a un soñador: ir a por todas sabiendo el riesgo que corre. Pero tampoco son unos imprudentes porque saben que conseguirlo sólo depende de su esfuerzo y su constancia.

Parece que para llegar lejos es necesario ser de los mejores. Para triunfar es imprescindible trabajar más de lo que el resto están dispuestos a hacer. Para sacrificarse tanto por una meta lo mejor es que  ésta sea tu pasión. Y eso es exactamente lo que les ocurre a los soñadores.

En mi opinión, tener un sueño es una gran suerte. Es conocer el rumbo de tu vida, buscar tu destino y no sentirse nunca perdido porque sabes adonde quieres llegar, aunque no conozcas el camino exacto. Muchas personas no son así de afortunadas y, por desgracia, tampoco les gusta que los demás seamos de esa forma.

A un soñador cuando le dicen que no lo va  a conseguir no lo desaniman, sino que le dan más razones para seguir luchando por ello: ponen de manifiesto lo que es no tener inquietudes y se reafirman en huir de esa vida conformista. Les dan más fuerzas para conseguirlo y poder demostrar que es algo más que un iluso soñador: será una persona feliz con lo que ha logrado.

Los soñadores no se critican entre ellos ni se juzgan. A pesar de tener ilusiones muy distintas, se admiran recíprocamente. Saben que detrás de un gran éxito hay un soñador que confió en que podía cumplir su sueño. Ellos conocen el valor de lo que tienen. Poco a poco, van demostrando que los sueños se van convirtiendo en realidades.

Pobres de los realistas que no tienen sueños en sus vidas. Jamás entenderán lo que se siente. Mientras invierten su tiempo en tratar de desvirtuar los sueños de los demás, los soñadores siguen trabajando y aprenden a no creer lo que les dicen.

Me encantan los soñadores. Debería haber más como ellos.

¿Nunca os han dicho “yo sé de lo que hablo”, “la vida no es así”, “las cosas no funcionan como tú te crees” o “ya te decepcionarás”?. No hagáis caso. ¡Soñad, soñad mucho!

Yo también sé de lo que hablo. La vida me ha enseñado la importancia de ser un soñador. Porque todo lo que estoy consiguiendo, comenzó siendo sólo un sueño poco realista en el que ni siquiera yo creía, pero con el cual no dejaba de soñar. No tenemos que aceptar que “el mundo funciona así”. Un soñador no se conforma con lo que le viene dado y sabe que hay algo más allá de lo que los demás dicen.

Aunque nos traten de ilusos, nosotros sabemos que somos unos privilegiados por tener algo a lo que llamar sueños.

Es duro no sentirse comprendido, pero lo bueno es que nos ayuda a reafirmarnos en nuestra determinación. Cuando alguien no crea en vosotros, recordad cuál es vuestro sueño y volved a vuestro lugar para seguir peleando por él. Quizás no os deis cuenta, pero os estáis haciendo más fuertes.