Mi historia

Hace unos días os conté una parte de mi historia personal y algunos me habéis dicho que os ha resultado útil que lo hubiese compartido. En este blog ya os he narrado la experiencia de un par de compañeras a las que admiro mucho, pero nunca me había planteado contaros mi historia.

En junio de 2014 acabé de estudiar en la Universidad y  después del verano comencé a preparar las oposiciones.

Como todo opositor, empecé con mucha ilusión. Sabía que me enfrentaba a algo muy difícil, pero no alcanzaba ni a imaginar lo que después me encontré.

Mi primer año no fui una opositora modelo. Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que la primera vuelta al temario es la peor.

Los primeros meses se llevan bien. Estamos muy motivados, todavía no nos pesa el cansancio y el ritmo con el que se oposita al principio te permite tener una vida bastante normal. Ya no eres un joven universitario, pero tienes una jornada de ocho horas, que es lo mismo que una persona que trabaja, aunque muchos de tus amigos sigan estudiando.

A medida que pasa el tiempo, la oposición se vuelve más exigente y te requiere más tiempo. Al principio, yo me permitía tener un fin de semana de dos días, pero sabía que eso no duraría para siempre. A mí me causaba bastante angustia pensar en todo lo que iba a tener que renunciar en el futuro, pero seguía postergándolo a otro momento.

Dicen que la primera crisis del opositor aparece después de los seis primeros meses. Efectivamente. En mi caso, lo que me sucedió es que notaba que no estaba dando la talla.

El temario me abrumaba, era interminable y nunca antes había tenido que estudiar como te exige la oposición. Eran muchos temas y yo avanzaba muy despacio. Me resultaba imposible cumplir con los objetivos que me marcaban cada semana, me costaba ser productiva a diario y me costaba estar sentada las ocho horas que duraba mi día de estudio. Tocaba empezar a sacrificar cosas para poder estudiar, y eso también era muy duro.

Me resultaba difícil organizarme y cumplir mi planificación, siempre había partes que abandonaba para poder centrarme en otras y eso me acabó pasando factura. Tenía la sensación de que lo estaba haciendo mal porque no me estudiaba las cosas en la profundidad que corresponde a un opositor y no recordaba nada de lo que había estudiado la semana anterior. Parecía que todo lo que hacía era en vano y no me libraba de esa sensación de culpabilidad.

La libertad de horario que permite opositar también me jugó una mala pasada porque no tenía la disciplina de seguir una rutina diaria.

A partir de esos primeros meses entré en una crisis opositora. Me daba cuenta de que con ese ritmo no iba a conseguir lo que me había propuesto, pero sinceramente, no era capaz de hacer otra cosa.

Lo único que me motivaba era avanzar en el temario. En la primea vuelta me estaba acostumbrando a él, me familiarizaba, lo trabajaba, hacía mis esquemas (a veces lo tenía que traducir a un lenguaje inteligible) y empezaba a comprender muchos conceptos nuevos. Así que tenía la esperanza de que, una vez hecho ese trabajo sería más sencillo.

No me considero una persona con mucha seguridad en mi misma, pero hay unas pocas cosas que tengo muy claras. Una de ellas es mi vocación y otra que no me voy a conformar con algo que no sea mi sueño.

Afortunadamente, la falta de seguridad se puede salvar con un poco de inconsciencia, que era más bien mi caso. Si te paras a pensar si eres capaz de lograr algo, probablemente la respuesta sea no. Pero eso es sólo porque no somos conscientes de nuestro potencial y de lo que se puede llegar a conseguir con esfuerzo.

Eso fue lo que hice yo. Me tiré de cabeza a la piscina de la oposición sin plantearme si podría conseguirlo o no, porque no tenía otra alternativa que me hiciese tan feliz como perseguir mis metas. En muchas ocasiones ha continuado siendo mi mantra. En lugar de pensar “no puedo hacerlo”, pienso “ya veré como lo hago”. Es una mezcla de inconsciencia y de confianza ciega en que todo, de alguna forma u otra, acabará saliendo bien.

Sin embargo, en la práctica, mi oposición seguía yendo cuesta abajo. A mi preparadora se le ocurrió que ya era hora de dejar de cantar un día a la semana y empezar a marcar objetivos más a largo plazo, para acostumbrarme a los exámenes reales, en los que entran muchos temas y hay que repasarlos con mucha antelación.

La motivación que me quedaba se fue al garete. Si, habitualmente, el lunes era un día perdido porque veía muy lejano el día de cante; esa práctica pasó a ocupar la primera semana del mes.

El primer verano fue muy duro porque me sentía frustrada y culpable a partes iguales. Hubo un momento en el que tuve que tomarme un pequeño descanso porque la ansiedad se me estaba yendo de las manos. Me pasé toda una noche sin ser capaz de dormir y con taquicardias debido al café y a los nervios. Tuve que parar un par de días, aislarme de todo y simplemente respirar. No obstante, mi cerebro consideró que ese era un buen momento para recordar todas y cada una de las historias de opositores que habían tenido que abandonar por problemas de salud.

Cuando regresé de mi pequeño retiro me prometí que iba a tomarme las cosas con más calma y que le daría prioridad a mi salud. Lo primero que hice fue dejar el café y prohibirme trasnochar.

Ya con un poco más de tranquilidad, retomé el plan inicial de seguir resistiendo en la oposición con la expectativa de que las cosas fuesen a mejor.

Cuando llevaba poco más de un año opositando, completé la primera vuelta y sentí un gran alivio. Poco después se publicó la convocatoria para mis oposiciones, presenté la instancia y planeaba presentarme a comienzos de este año.

Este invierno hizo mucho frío y mi sistema inmunológico no resistió. Hubo una oleada de catarros, virus y gripes que me pilló por el medio. Pocos días antes del primer examen, me puse enferma. Tenía la esperanza de que se me pasara, pero sólo fue a peor.

Intenté hacer el examen. Me resultó una pequeña tortura el viaje en coche desde Badajoz hasta la sede de mis oposiciones, pero al menos iba acompañada de alguien que podía cuidar de mí. El día del examen estaba mucho peor y no conseguí reunir las fuerzas para presentarme al examen, así que decidí renunciar a él. He de decir, que en ese momento no me costó nada tomar la decisión y, por supuesto, no me arrepiento y me alegro de haberlo intentado hasta el último momento.

Después de otro tortuoso viaje de vuelta a Extremadura, fui al médico para que me tratase. Me dio medicación para unos cuantos días y estuve una larga semana en cama recuperándome.

El tiempo que no me pasaba durmiendo, medicándome o luchando por respirar pacíficamente, estuve pensando. Pensé mucho. Me replanteé toda mi vida de arriba a bajo. Y lloré mucho.

La verdad es que estaba triste porque me había pasado algo malo, que no era culpa mía y que me había robado una oportunidad que no podría repetirse hasta un año después. Estaba desolada. Sobre todo, por la incertidumbre de no saber qué hubiera ocurrido si me presentase.

La única conclusión que saqué es que esos obstáculos en mi camino sólo podrían eliminarse con trabajo duro.

Esa experiencia supuso un punto de inflexión para mi oposición y, posteriormente, para mi vida.

Eso nos lleva al día de hoy. Esa mala experiencia fue el detonante y el motor para ser la opositora que yo consideraba que debía ser. La motivación volvió a mí y, una vez acostumbrada al ritmo de opositar que tenía antes, era hora de dar el siguiente paso y seguir dedicándole más tiempo, sacrificio y trabajo.

El resultado lo podéis apreciar en este blog. Aquí recojo muchas de las reflexiones que he tenido desde entonces y todo lo bueno que, personal y emocionalmente, me ha aportado la oposición.

Sin duda, todo este camino ha valido la pena y soy más feliz que nunca. Todavía me queda un largo recorrido, pero todo lo que he ganado no me lo podrá quitar nada ni nadie.

Hoy, puedo decir que estoy contenta con mi trabajo. Me falta mucho, pero no necesito saber si puedo aprobar o no un examen para sentirme satisfecha conmigo misma. Insisto en que no somos máquinas, nadie puede estudiar de una forma perfecta, responsable y productiva porque es una actividad muy dura que requiere un ejercicio mental y emocional.

El comienzo de la oposición es trabajar sin ver resultados, a ciegas totalmente. Es un compromiso contigo mismo que debes cumplir sin replanteártelo.

Los opositores parecemos aburridos desde fuera, pero en realidad somos unos soñadores. Soñad con la meta, prometeros a vosotros mismos que vais a luchar por ella y simplemente no os rindáis. El resto vendrá solo.

Espero que os pueda ser útil mi experiencia. Lo que he querido transmitiros es que, si es vuestro sueño, no renunciéis a él por muy difícil que parezca. Seguid luchando.

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5 comentarios en “Mi historia

  1. La dijo:

    Me llamo La y soy madre de un niño de 4 años, trabajo a tiempo parcial y opositora del grupo C2 de una Admón Local. Estuve opositando antes de estos años sin plazas y ahora he vuelto, pero he tenido que levantar un poco el pie porque he tenido un cuadro de depresión porque no llegaba a donde quería y eso me ocasionaba mucha frustración.
    Mis oposiciones son duras, como todas, es un test, un examen de preguntas cortas y un tema a desarrollar; y ahora estoy un momento que tengo ganas pero miedo… Además este año hago los cuarenta y me mata pensar que estoy así…
    Me gusta mucho tu blog aunque no te sigo en istagram. Gracias por compartir y verbalizar lo que sentimos muchas gente.
    Mucho ánimo para todos los opositores.

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    • De mayor quiero ser funcionario dijo:

      Hola! Muchas gracias por leerme y por dedicar tu escaso tiempo a comentar. Siempre he admirado mucho a las madres opositoras. Ten paciencia y no te rindas nunca. En cierta medida, a todas nos agobia el paso del tiempo, pero no debemos dejar que nos importe tanto. No renuncies a tus sueños nunca y recuerda que hay un montón de opositores que te comprenden! Un beso enorme y mucho ánimo!!

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  2. Inma Ríos dijo:

    Detrás de cada uno de nosotros hay una historia que espera para ser contada, con sus detalles, causas y consecuencias. Contar la mía en un comentario a la publicación supondría abrir otro hilo, pero a grandes rasgos quería comentar que historias como la tuya en situaciones similares que podemos tener personas como yo despiertan la comprensión y la empatía, saber que luchar por nuestros sueños requiere sacrificios que podemos no comprender en el presente pero que nos llevarán donde soñamos. Una gran historia, sincera. Un saludo.

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  3. Ana dijo:

    Me encanta tu blog preciosa!! Y no había leído tu historia hasta hoy. Creo que opositamos a los mismo (IHE), yo me presento este año por primera vez el 19 de febrero contigo, llevo desde octubre preparando el primero y aunque estoy desquiciada porque no me va a dar tiempo a llevar los 59 temas, he decidido presentarme para saber “como es eso”, controlar los tiempos, los nervios, etc. No sé si he entendido bien pero creo que tú también te presentas por primera vez, así que muchísimo ánimo que seguro que el ser la opositora que querías se ve recompensado!! Nos vemos por IG ( soy novataopoihe) y ojalá nos veamos el 19 de febrero para darte un par de besazos y sino te les mandare virtualmente!! No cambies nena, tú puedes!! Un besazo

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