Mi historia

Hace unos días os conté una parte de mi historia personal y algunos me habéis dicho que os ha resultado útil que lo hubiese compartido. En este blog ya os he narrado la experiencia de un par de compañeras a las que admiro mucho, pero nunca me había planteado contaros mi historia.

En junio de 2014 acabé de estudiar en la Universidad y  después del verano comencé a preparar las oposiciones.

Como todo opositor, empecé con mucha ilusión. Sabía que me enfrentaba a algo muy difícil, pero no alcanzaba ni a imaginar lo que después me encontré.

Mi primer año no fui una opositora modelo. Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que la primera vuelta al temario es la peor.

Los primeros meses se llevan bien. Estamos muy motivados, todavía no nos pesa el cansancio y el ritmo con el que se oposita al principio te permite tener una vida bastante normal. Ya no eres un joven universitario, pero tienes una jornada de ocho horas, que es lo mismo que una persona que trabaja, aunque muchos de tus amigos sigan estudiando.

A medida que pasa el tiempo, la oposición se vuelve más exigente y te requiere más tiempo. Al principio, yo me permitía tener un fin de semana de dos días, pero sabía que eso no duraría para siempre. A mí me causaba bastante angustia pensar en todo lo que iba a tener que renunciar en el futuro, pero seguía postergándolo a otro momento.

Dicen que la primera crisis del opositor aparece después de los seis primeros meses. Efectivamente. En mi caso, lo que me sucedió es que notaba que no estaba dando la talla.

El temario me abrumaba, era interminable y nunca antes había tenido que estudiar como te exige la oposición. Eran muchos temas y yo avanzaba muy despacio. Me resultaba imposible cumplir con los objetivos que me marcaban cada semana, me costaba ser productiva a diario y me costaba estar sentada las ocho horas que duraba mi día de estudio. Tocaba empezar a sacrificar cosas para poder estudiar, y eso también era muy duro.

Me resultaba difícil organizarme y cumplir mi planificación, siempre había partes que abandonaba para poder centrarme en otras y eso me acabó pasando factura. Tenía la sensación de que lo estaba haciendo mal porque no me estudiaba las cosas en la profundidad que corresponde a un opositor y no recordaba nada de lo que había estudiado la semana anterior. Parecía que todo lo que hacía era en vano y no me libraba de esa sensación de culpabilidad.

La libertad de horario que permite opositar también me jugó una mala pasada porque no tenía la disciplina de seguir una rutina diaria.

A partir de esos primeros meses entré en una crisis opositora. Me daba cuenta de que con ese ritmo no iba a conseguir lo que me había propuesto, pero sinceramente, no era capaz de hacer otra cosa.

Lo único que me motivaba era avanzar en el temario. En la primea vuelta me estaba acostumbrando a él, me familiarizaba, lo trabajaba, hacía mis esquemas (a veces lo tenía que traducir a un lenguaje inteligible) y empezaba a comprender muchos conceptos nuevos. Así que tenía la esperanza de que, una vez hecho ese trabajo sería más sencillo.

No me considero una persona con mucha seguridad en mi misma, pero hay unas pocas cosas que tengo muy claras. Una de ellas es mi vocación y otra que no me voy a conformar con algo que no sea mi sueño.

Afortunadamente, la falta de seguridad se puede salvar con un poco de inconsciencia, que era más bien mi caso. Si te paras a pensar si eres capaz de lograr algo, probablemente la respuesta sea no. Pero eso es sólo porque no somos conscientes de nuestro potencial y de lo que se puede llegar a conseguir con esfuerzo.

Eso fue lo que hice yo. Me tiré de cabeza a la piscina de la oposición sin plantearme si podría conseguirlo o no, porque no tenía otra alternativa que me hiciese tan feliz como perseguir mis metas. En muchas ocasiones ha continuado siendo mi mantra. En lugar de pensar “no puedo hacerlo”, pienso “ya veré como lo hago”. Es una mezcla de inconsciencia y de confianza ciega en que todo, de alguna forma u otra, acabará saliendo bien.

Sin embargo, en la práctica, mi oposición seguía yendo cuesta abajo. A mi preparadora se le ocurrió que ya era hora de dejar de cantar un día a la semana y empezar a marcar objetivos más a largo plazo, para acostumbrarme a los exámenes reales, en los que entran muchos temas y hay que repasarlos con mucha antelación.

La motivación que me quedaba se fue al garete. Si, habitualmente, el lunes era un día perdido porque veía muy lejano el día de cante; esa práctica pasó a ocupar la primera semana del mes.

El primer verano fue muy duro porque me sentía frustrada y culpable a partes iguales. Hubo un momento en el que tuve que tomarme un pequeño descanso porque la ansiedad se me estaba yendo de las manos. Me pasé toda una noche sin ser capaz de dormir y con taquicardias debido al café y a los nervios. Tuve que parar un par de días, aislarme de todo y simplemente respirar. No obstante, mi cerebro consideró que ese era un buen momento para recordar todas y cada una de las historias de opositores que habían tenido que abandonar por problemas de salud.

Cuando regresé de mi pequeño retiro me prometí que iba a tomarme las cosas con más calma y que le daría prioridad a mi salud. Lo primero que hice fue dejar el café y prohibirme trasnochar.

Ya con un poco más de tranquilidad, retomé el plan inicial de seguir resistiendo en la oposición con la expectativa de que las cosas fuesen a mejor.

Cuando llevaba poco más de un año opositando, completé la primera vuelta y sentí un gran alivio. Poco después se publicó la convocatoria para mis oposiciones, presenté la instancia y planeaba presentarme a comienzos de este año.

Este invierno hizo mucho frío y mi sistema inmunológico no resistió. Hubo una oleada de catarros, virus y gripes que me pilló por el medio. Pocos días antes del primer examen, me puse enferma. Tenía la esperanza de que se me pasara, pero sólo fue a peor.

Intenté hacer el examen. Me resultó una pequeña tortura el viaje en coche desde Badajoz hasta la sede de mis oposiciones, pero al menos iba acompañada de alguien que podía cuidar de mí. El día del examen estaba mucho peor y no conseguí reunir las fuerzas para presentarme al examen, así que decidí renunciar a él. He de decir, que en ese momento no me costó nada tomar la decisión y, por supuesto, no me arrepiento y me alegro de haberlo intentado hasta el último momento.

Después de otro tortuoso viaje de vuelta a Extremadura, fui al médico para que me tratase. Me dio medicación para unos cuantos días y estuve una larga semana en cama recuperándome.

El tiempo que no me pasaba durmiendo, medicándome o luchando por respirar pacíficamente, estuve pensando. Pensé mucho. Me replanteé toda mi vida de arriba a bajo. Y lloré mucho.

La verdad es que estaba triste porque me había pasado algo malo, que no era culpa mía y que me había robado una oportunidad que no podría repetirse hasta un año después. Estaba desolada. Sobre todo, por la incertidumbre de no saber qué hubiera ocurrido si me presentase.

La única conclusión que saqué es que esos obstáculos en mi camino sólo podrían eliminarse con trabajo duro.

Esa experiencia supuso un punto de inflexión para mi oposición y, posteriormente, para mi vida.

Eso nos lleva al día de hoy. Esa mala experiencia fue el detonante y el motor para ser la opositora que yo consideraba que debía ser. La motivación volvió a mí y, una vez acostumbrada al ritmo de opositar que tenía antes, era hora de dar el siguiente paso y seguir dedicándole más tiempo, sacrificio y trabajo.

El resultado lo podéis apreciar en este blog. Aquí recojo muchas de las reflexiones que he tenido desde entonces y todo lo bueno que, personal y emocionalmente, me ha aportado la oposición.

Sin duda, todo este camino ha valido la pena y soy más feliz que nunca. Todavía me queda un largo recorrido, pero todo lo que he ganado no me lo podrá quitar nada ni nadie.

Hoy, puedo decir que estoy contenta con mi trabajo. Me falta mucho, pero no necesito saber si puedo aprobar o no un examen para sentirme satisfecha conmigo misma. Insisto en que no somos máquinas, nadie puede estudiar de una forma perfecta, responsable y productiva porque es una actividad muy dura que requiere un ejercicio mental y emocional.

El comienzo de la oposición es trabajar sin ver resultados, a ciegas totalmente. Es un compromiso contigo mismo que debes cumplir sin replanteártelo.

Los opositores parecemos aburridos desde fuera, pero en realidad somos unos soñadores. Soñad con la meta, prometeros a vosotros mismos que vais a luchar por ella y simplemente no os rindáis. El resto vendrá solo.

Espero que os pueda ser útil mi experiencia. Lo que he querido transmitiros es que, si es vuestro sueño, no renunciéis a él por muy difícil que parezca. Seguid luchando.

Lo que los opositores odiamos (XIV)

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¡Buenos días de lunes a todos!, os dejo aquí una nueva entrega de lo que los opositores odiamos.En mi opozulo empieza la cuenta atrás para las vacaciones de agosto. Os deseo todo el ánimo del mundo para los compañeros que estéis estudiando. Espero que se pueda llevar un poco mejor con humor.

Cincuagésimo tercer ejemplo:

  • Compro mucho por internet porque me cuesta mucho encontrar tiempo para salir de compras y el día que descanso es el domingo, así que lo encuentro todo cerrado.
  • Pero puedes cambiar tu horario. Estudia en otro momento y vas a comprar en horario comercial.
  • Jajajaja… ¿estudiar en otro horario dices?. Estudio el tiempo que no estoy durmiendo.

No odiamos que nos digan esto, lo que odiamos es haber llegado a esa situación en nuestra vida y nos reímos por no llorar.

Cincuagésimo cuarto ejemplo:

  • Bueno, es que tu oposición es de las fáciles.
  • Ay, madre mía….

¿Oposiciones de las fáciles? Opositar nunca es fácil desde el momento en que estás compitiendo con un montón de personas para muy pocas plazas. Reconozco que hay oposiciones que son muy muy duras, pero eso no hace ni de lejos que las demás sean fáciles.

 

Cincuagésimo quinto ejemplo:

  • ¿Cantar?, ¿qué es eso?
  • Mis exámenes son orales. Cantar es como le llamamos a la exposición de los temas que nos pregunten.
  • Ah, entonces es hacer una exposición.
  • No.

Cantar es cantar. No es ni exponer, ni hacer una lectura ni mucho menos la idea que algunos tienen de un examen oral en la Universidad. Por eso tiene un nombre específico.

Un cante, como su nombre indica, es como la letra de una canción. Te la sabes de memoria y no tienes que pararte a pensar cual será la siguiente “estrofa”. La diferencia es que los temas de la oposición no tienen un mensaje muy emotivo y tampoco llevan un ritmo pegadizo.

Por si alguien no lo conoce, voy a explicaros en qué consiste. Los opositores que tienen que cantar, deben estudiarse un número indecente de temas de memoria para poder cantar cada uno de ellos en un tiempo determinado. El día del examen, por sorteo, les dirán cuáles son los temas que tienen que cantar y estarán haciéndolo durante una hora aproximadamente.

Mis más sincera admiración por todos los opositores que tienen el valor de presentarse a un examen oral con más de cien temas en la cabeza.

 

Cincuagésimo sexto ejemplo:

Odiamos tener discusiones con otras personas. Dramas en la oposición no, por favor. Que ya tenemos bastante con lo nuestro.

Espero que os haya gustado y os ayude a recordar que no estáis solos. ¡Nos vemos en la próxima entrada!

El silencio administrativo en la Ley 39/15 (Esquemas descargables)

Buenos días, el post de este jueves no lo he podido dedicar a una flexión opositoril porque no he tenido tiempo a escribir nada, pero tengo un montón de ideas anotadas en mi libretita azul.

Para compensar mi ausencia de actividad, os voy a dejar dos esquemas sobre el silencio administrativo (ahora que sé cómo compartir pdf) para que podáis descargarlos.

Aquí tenéis una breve introducción para situaros en el contexto:

A día de hoy, todavía se encuentra en vigor la Ley 30/92 de Procedimiento Administrativo Común (o como yo la llamo: la biblia del opositor). A partir del 2 de octubre de este año, será sustituida por dos nuevas leyes: La 39/2015 (de Procedimiento Administrativo) y la 40/2015 (de Régimen Jurídico del Sector Público).

De la ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas ya os dejé un esquema sobre cómo quedará configurado el Sector Público próximamente.

En esta ocasión, he querido centrarme en el silencio administrativo, que es un concepto un tanto complejo para quienes no estén familiarizados con el Derecho Administrativo (o como yo las llamo: personas normales).

En el primero de los esquemas se explica la base del silencio administrativo y en el segundo cómo funcionará cuando se trate de un procedimiento iniciado por el ciudadano, que es lo habitual, a partir de la entrada en vigor de la nueva Ley 39/2015. El segundo de los esquemas es un resumen del artículo 24 de esta ley.

Podéis descargarlo aquí: Silencio Administrativo

Confieso que no ha sido fácil aprender a usar este blog, y pido disculpas por la mala calidad en la que estoy subiendo las fotos. Todavía estoy en proceso de aprendizaje.

Sólo espero que os puedan resultar útiles estos esquemas, que son los que uso yo para estudiar.

¡Gracias por leerme, nos vemos el lunes con lo que los opositores odiamos!

Lo que los opositores odiamos (XIII)

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¡Buenos días! Os dejo una nueva entrega de lo que los opositores odiamos y os deseo una semana llena de motivación y energía, que ya se sabe que en verano siempre cuesta un poquito más.

Muchas gracias por leerme. Estoy deseando conocer qué cosas odiáis vosotros como opositores o si os ha sucedido algo similar. Recordad que no estáis solos y que es normal odiar “esas” situaciones que nos suceden y trato de trasladar al blog.

Cuadragésimo noveno ejemplo: una de las categorías de cosas que más odio son los consejos no solicitados. Mi compañera Noelia me comentó este caso recientemente.

  • Hoy tampoco puedo ir a ver al preparador por culpa de la huelga de trenes y no puedo permitirme ir en coche porque el viaje es un gasto demasiado alto.
  • Uy, pues tienes que buscar solución a eso. Tienes que hacer algo para arreglarlo porque así no puedes estar.

¿En serio?

Cincuagésimo ejemplo: En cuanto a los requisitos académicos que te exigen para opositar

  • ¿No te piden carrera para opositar a lo tuyo? Entonces es fácil, no sé para qué estudias tanto.
  • Jejeje…

Cincuagésimo primer ejemplo: Siguiendo con el anterior…

  • Pues no sé para que has ido a la Universidad para acabar opositando a eso. ¿Por qué no opositas para algo mejor?

Paciencia, respira, recuerda que habla la ignorancia y acuérdate de que lo que estás deseando hacer se castiga en el Código Penal. No dejes que un idiota te ofenda y sigue luchando por tus metas.

Cincuagésimo segundo ejemplo:

  • ¿Para qué opositas?
  • Para subinspector de Trabajo.
  • Ah, ¿y por qué no opositas para Inspector?
  • ….

Muy bien. Sigue así que te va a ir estupendamente hablando sin pensar.

Creo que, en cierta medida, todos hemos sufrido comentarios similares. Da igual a lo que oposites o cuánto te esfuerces, siempre habrá alguien dispuesto a despreciarte.

Seamos sinceros, esas personas no tienen ni idea de lo que dicen y no nos debería importar su opinión. Parece que hay personas que para sentirse mejor necesitan hundir a los demás, así que tratemos de no darles esa satisfacción. Yo, en estas situaciones, sonrío, me recuerdo a mí misma que no debo creerme nada de lo que dicen y lo apunto en una maravillosa libretita azul que me regaló una buena amiga y me la llevo a todas partes. Así puedo compartirlo con mis compañeros con un poquito de humor y convertir algo que antes me hacía bastante daño en una herramienta de empatía con mis compañeros opositores.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Estudiar en verano

La vida del opositor no entiende de fines de semana, de festivos, de puentes ni de vacaciones. Tenemos nuestro día libre y gracias.

En verano se hace especialmente duro opositar: todos los estudiantes están de vacaciones, los amigos de nuestra edad quizás ya se han independizado o tienen trabajos a tiempo parcial que les permite gozar de una libertad de la que nosotros carecemos, e incluso los que trabajan 8 horas tienen unas condiciones mucho más favorables que nosotros.

El mes de julio es el equivalente al sábado en la semana. Es el día antes del descanso, en el que llevamos mucho trabajo acumulado y sueño atrasado. Es el día que más que más cuesta estudiar.

Muchas veces me pregunto: “¿pero, quién me mandaría a mí opositar?, ¿en qué estaba pensando?, ¿por qué no puedo tener una juventud normal como la de todo el mundo?”.

Entonces, en un alarde de bipolaridad me respondo a mí misma: “pues porque es lo que realmente quieres. Eres feliz luchando por tus sueños y no querrías otra cosa”.

A pesar de que los opositores tenemos muy claro lo que hacemos y lo que nos mueve a ello, también nos dejamos conmover por otras sensaciones tan mundanas como la pereza o la envidia. Y es que, ¿Quién no siente envidia de los que pueden ir a la playa mientras nosotros nos asamos de calor en el opozulo?. Por eso creo, entre otros motivos, que es muy importante contar con el apoyo de nuestros compañeros de oposiciones para darnos cuenta de que no estamos solos y que nos comprenden. Quizás sea a muchos kilómetros de distancia, pero habrá otro compañero como tú planteándose las mismas cuestiones y autoconvenciéndose de que la mejor forma de pasar un sábado estival es repasando Derecho Administrativo.

Algún día recogeremos los frutos de nuestro esfuerzo. Sin duda, todo sacrificio tiene su recompensa, así que la que nos espera a nosotros debe ser bien gorda.

En el futuro seremos nosotros quienes levanten envidias entre los demás. Puedo imaginármelo perfectamente. Creo que lo que más llamará la atención, como funcionarios, será nuestra estabilidad, las buenas condiciones laborales y, en algunos casos, el salario. Sin embargo, sólo nosotros comprendemos que el verdadero privilegio es satisfacer nuestra vocación profesional. Habremos logrado, tras mucho esfuerzo y constancia, el trabajo de nuestros sueños.

¿Y sabéis que pasará cuando lo consigamos? Que más de uno nos dirá que nos envidia o que tenemos mucha suerte. En ese momento, creo que abriré una nueva sección en el blog llamada “lo que los funcionarios odiamos”, comenzando por las personas que sólo se fijan en el éxito sin considerar todo el trabajo que conlleva (y que perfectamente también podrían haberlo hecho ellos en su momento). Porque lo que nos distinguirá en el futuro es lo que hagamos hoy, lo que estemos dispuestos a luchar mientras otros descansan.

Y aun así, cuando saquemos la plaza no vamos a sentirnos satisfechos. Claro que no, ese no es nuestro estilo. Seguiremos fijándonos nuevas metas y persiguiendo nuestros objetivos, pero desde otra situación mucho más favorable y cómoda.

Eso será en el futuro, pero hoy nos toca volver al estudio y seguir construyendo un porvenir a base de dedicación y perseverancia. Os animo a seguir peleando, compañeros. Estamos invirtiendo en nosotros mismos.

El Sector Público en la Ley 40/2015

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Como muchos sabéis, podéis encontrarme en instagram como @demayorquieroserfuncionario.

Esta mañana compartí la foto de un mapa conceptual del Sector Público en la nueva Ley 40/2015, que entrará en vigor en octubre de este año.

Para descargarlo en pdf, haced clic aquí: Doc 12 jul 2016 16_49

En la descripción de la foto os decía que si os interesaba, os la podía mandar por correo. Me ha sorprendido el número de personas que estaban interesadas en él, así que he llegado a la conclusión de que es más práctico para todos dejarlo por aquí.

La línea amarilla marca el orden en el que tengo que cantar el tema de mi oposición, de acuerdo con el programa del BOE.

Tengo que añadir, que la Ley 40/2015 deroga la Ley 28/2006 de Agencias Estatales. Sin embargo, le otorga un plazo de tres años (hasta octubre del 2019) para que las Agencias Estatales se extingan o se adapten a la nueva normativa, con lo cual me parece interesante hacer referencia a su regulación.

Espero que os pueda ser útil, yo estoy encantada de echarle una mano a mis compañeros.  Siempre digo que a los opositores no nos lo ponen nada fácil, así que es fundamental que nos ayudemos entre nosotros.

 

Lo que los opositores odiamos (XII)

image¡Buenos días de lunes!

En primer lugar, me gustaría disculparme por no haber podido publicar el jueves pasado. Para mí escribir es una afición y cuando no puedo hacerlo es porque realmente escasea el tiempo. Estoy deseando poder sacar un huequecito para compartir más reflexiones opositoriles.

Aquí os dejo los ejemplos de hoy de lo que los opositores odiamos:

Cuadragésimo quinto ejemplo:

Desde que oposito, estudiar se ha convertido en una prioridad, así que cuando surge un imprevisto que interrumpe mi jornada, tengo que compensarlo con horas libres. Por eso me fastidia tanto perder el tiempo, porque para mí es escaso y valiosísimo.

Esto incluye tiempo de espera en el médico, en el dentista e incluso en la peluquería; tener que desplazarme a algún lugar o esperar por alguien en general. Me fastidia porque cada minuto que pierdo es tiempo de descanso o de ocio que se reduce.

Cuadragésimo sexto ejemplo:

  • ¿Qué tal llevas las opos?
  • Sinceramente, no lo sé.

No sé qué responder en estos casos, y eso que es una pregunta bien sencilla. No sé si decir que  lo llevo mal porque es muy duro y me está costando horrores aguantar o si decir que lo llevo bien  porque día a día lo voy consiguiendo. Lo cierto es que no lo sé. No sé si lo llevo mal o bien porque no soy objetiva y porque aquí hay mucha incertidumbre.

¿Vosotros qué respondéis?, ¿hay alguna respuesta tipo para estas preguntas?.

 

 

Cuadragésimo séptimo ejemplo:

  • ¿Y tú para qué opositas si ya trabajas?

Vamos a ver, existe una errónea concepción de las oposiciones y en particular de la figura del funcionario.

Tradicionalmente, se relaciona con la estabilidad y nunca con la vocación, cosa que es precisamente opuesta a la realidad.

A pesar de que el trabajo de funcionario se caracterice por la permanencia del personal al servicio del Administración Pública, la fase de la oposición está ligada íntimamente con la incertidumbre, el riesgo y la inestabilidad.

Por lo tanto, la motivación última del opositor es algo que va más allá. Se debe identificar con satisfacer una necesidad mayor, que sirve de motor para cada uno de los opositores y que difiere en cada caso concreto: cada uno sabe qué es lo que le mueve.

En todo caso, ese objetivo es siempre muy codiciado, ya que sin él sería imposible soportar la oposición. Para algunos opositores es el amor por la profesión, pero para otros también puede significar alcanzan una calidad de vida o mejorar sus expectativas profesionales. La nota común siempre es la ambición y la superación.

A pesar de que la vida de funcionario se identifique con el conformismo, creo firmemente que los opositores somos luchadores que buscamos cumplir nuestros sueños porque no nos conformamos con menos.

Cuadragésimo octavo ejemplo: He podido apreciar que algunas personas no tienen ni idea de oposiciones. Precisamente ellos serán quienes opinen más alegremente. Esto le pasó a una amiga mía:

  • Oposito a Intervención del Estado.
  • ¿Eso es del Cuerpo de Policía, no?
  • Eh…. No.

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*Viñeta de Jijolimón. Podéis encontrar a esta artista opositora en las redes sociales, además está a punto de salir a la venta su primer trabajo publicado.

Espero que os haya gustado la entrada de hoy. Gracias a los que os habéis suscrito al blog para que os llegue una notificación cada vez que publico, para mí es un grandísimo halago. Y, de nuevo, muchas gracias por vuestro tiempo.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (XI)

image¡Buenos días un lunes más! Os deseo mucho ánimo a los compañeros opositores que estéis estudiando duramente en verano. Creo que es uno de los momentos más duros para estudiar: casi todo el mundo está de vacaciones o pueden dedicar su tiempo libre a mil planes que nosotros no nos podemos permitir y además hace un tiempo estupendo para disfrutar del aire libre. Tanto sacrificio traerá su recompensa y por eso os animo a que continuéis con vuestra determinación. Por el momento, os dejo una nueva entrega de lo que los opositores odiamos.

Cuadragésimo  primer ejemplo:

  • Los funcionarios están ahí porque no sirven para hacer nada más. Cualquiera podría hacer su trabajo.
  • Pues no. Sacar plaza es muy difícil y cada vez la oferta de empleo público es menor, así que la competencia aumenta, de modo que los que aprueban la oposición son personas muy competentes.

Cuadragésimo segundo ejemplo:

  • Te prohíbo que pienses que no puedes conseguirlo.
  • En fin… No tienes ni idea de lo que estás hablando. No vas a “salvarme”. Métete en tu vida. Si digo que es difícil, estoy cansada y lo más probable es que no lo consiga es porque es CIERTO. Y esto lo sabe todo el que se mete a opositar. Ignorarlo no es ser positivo, sabemos donde nos metemos. Eso no es quejarme, es la realidad e incluso puedo decir que soy feliz así.

Estoy harta de no poder quejarnos para evitar que nos reprochen no ser optimistas. Opositar es horrible y punto. Es la realidad. ¿Vale la pena? Sí, pero eso no lo hace maravilloso de repente.

Cuadragésimo tercer ejemplo:

  • ¿Cuándo quedamos?
  • Lo siento mucho, no tengo tiempo para quedar. Tengo que estudiar todo el día.
  • Oh, entonces voy a hacerte una visita a casa.
  • Je, je….

Antes siempre me daba miedo parecer un poco anti social, pero por suerte, ya me he acostumbrado a decir que no sin sentirme mal. Realmente no tenemos tiempo, de verdad.

Muchas veces sucede, con personas que no opositan, que se piensan que llevamos el mismo ritmo que nos podíamos permitir llevar en la Universidad. Ahora ya no podemos. Nuestros objetivos exigen un rendimiento muy elevado y el tiempo que “nos quedamos estudiando” son horas reales de estudio efectivo, no basta con estar sentados delante de los apuntes y hacer mil descansos.

¿A que a nadie se le ocurre decir “si no tienes tiempo para estudiar porque estás trabajando no pasa nada, ya voy yo a hacerte una visita a la oficina”?

Cuadragésimo cuarto ejemplo: inspirado por @opointerventora

  • ¡Me encanta tu colonia!, ¿Cuál es?
  • Mmm… no me acuerdo.
  • ¡Joé!, ¿y tú opositas?

Esta compañera opositora se lo tomaba con buen humor, pero a mí me cansa que la gente asuma que tenemos una memoria prodigiosa por el mero hecho de opositar.

Según he apreciado en otros opositores también, cuando no estamos opositando no nos gusta tener que memorizar nada. Quizás sea porque necesitamos descansar la memoria o porque no queremos dedicar ese esfuerzo a algo que no sea imprescindible.

Como siempre, nuestro querido entorno no dudará en señalar su sorpresa ante nuestra predisposición a anotar todo por escrito para evitar tener que recordarlo.

Por otro lado, tal y como esta opositora señalaba, a mí también me sucede que me resulta más difícil recordar o estar atenta a situaciones ajenas a la oposición. Supongo que se debe a que el estudio consume toda mi capacidad de concentración y mi energía.

Espero que os haya gustado la entrada de hoy y que os ayude a tomaros esas cosillas con buen humor. ¡Nos vemos en la próxima entrada!