La sensibilidad del opositor

Un opositor sufre múltiples cambios en su vida y en su forma de entender el mundo durante esta etapa. Fundamentalmente, yo creo que nos aporta madurez y experiencia. Un opositor se ve obligado a adaptarse a la fuerza a su nueva situación, lo cual conlleva cambios en muchos aspectos.

En esta reflexión, me gustaría tratar el tema de la sensibilidad desde mi experiencia subjetiva. Voy a contaros cómo me ha afectado a mí y las conclusiones a las que he llegado personalmente:

La vida de un opositor está protagonizada por los sacrificios que tiene que realizar. Tenemos una rutina plana y con pocos sobresaltos. A cualquier persona que no oposita (o como les llama mi compañera Mónica: “los muggles opositores”) le puede parecer que nuestra vida es aburrida, y no los culpo por ello.

Los opositores hemos de renunciar a muchos aspectos vitales. Nuestro instinto de supervivencia y nuestro espíritu de superación nos lleva a adaptarnos a este ritmo de vida y encontrar ilusión y emociones en pequeñas cosas.

Llegamos a un punto en el que un buen día es aquél en el que estrenas material de estudio, algunos osamos decir que nos toca estudiar un tema “divertido” o “bonito”, dar un paseo un día de semana al aire libre es un privilegio, ponernos pantalones vaqueros es ir arreglada, encontrarte con un opositor que te comprenda sabe a gloria y muchos otros ejemplos análogos.

Sin embargo, también nos vemos obligados a entrar en alerta con más facilidad, ya que para poder estudiar hay que sentir un poco de presión para no acomodarse en un ritmo demasiado sosegado. Por lo tanto, somos capaces de estresarnos un año antes del examen, ponernos nerviosos cada vez que se acerca un simulacro en la academia, nos atacamos si no logramos cumplir los objetivos semanales y, en general, somos más sensibles a los nervios ya que, de lo contrario, nos quedaríamos fritos encima de los apuntes.

Yo, personalmente, jamás me hubiese imaginado encontrarme en esta posición, pero creo que es la forma más adecuada de convivir sanamente con las oposiciones.

El problema de esta sensibilidad opositora la encontramos cuando nos enfrentamos al mundo real (sí, al de los muggles) y se produce un desfase importante entre nuestra forma de ver las cosas y la intensidad con la que todo sucede. Yo me considero más objetiva en ciertos aspectos porque he dejado de estar familiarizada con ciertas cosas y me doy cuenta de que no me agradan, especialmente las que me resultan superficiales y vacías. Sin duda en la oposición se madura mucho y uno aprende a ver con mucha claridad qué es lo que quiere en su vida.

A veces esa hipersensibilidad es un inconveniente. Cuando se trata de situaciones negativas, también las percibimos con más vigor. Cuando veo las noticias en la televisión siento mucha más angustia y tristeza ante las injusticias que antes, lo paso muy mal con las discusiones con otras personas, me asusto con más facilidad con las películas de miedo e incluso me da más asco ver imágenes de operaciones por la tele, uno de mis mayores temores es perder mis apuntes o llegar tarde a un examen y sufro ansiedad con más frecuencia.

En definitiva:

Opositar requiere muchos sacrificios. Sin duda uno de ellos es ese desajuste. Y sigue valiendo la pena porque rendirse no es una alternativa. Afortunadamente, todos los excesos que conlleva esta etapa son temporales y algún día cesarán, podremos tener una jornada de 8 horas, con fines de semanas de dos días e incluso nos pagarán por ello, lo cual me parece encomiable desde el punto en el que me encuentro hoy.

Me encantaría conocer vuestras impresiones al respecto, saber si a vosotros os ha sucedido algo similar o si me estoy volviendo loca del todo. Si hay alguien más con el mismo trastorno, espero haberle ayudado a que se sienta comprendido. En todo caso, mil gracias por leerme.

Nunca os lo había dicho, pero podéis suscribiros al blog para recibir una notificación cada vez que publique una entrada si os interesa.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

 

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Lo que los opositores odiamos (X)

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¡Buenos días de lunes!

Vamos con una nueva selección de lo que los opositores odiamos para comenzar la semana con un poco de humor.

Muchas gracias por vuestro tiempo. Espero que os guste. ¡Ya sabéis que todas vuestras aportaciones son bienvenidas!

Trigésimo séptimo ejemplo:

Cuando te quejas y te dan consejos “maravillosos”.

  • ¿Qué tal?
  • Bien, estudiando.
  • ¿A estas horas? ¡Pero si es súper tarde!
  • Ya, pero tengo que acabar lo de hoy aunque esté cansada.
  • Es que tienes que descansar más. Tienes que aprovechar las horas de estudio mejor para poder irte para cama pronto y descansar bien. Así rindes más al día siguiente.

ATENCIÓN: nunca, nunca le des consejos a un opositor sobre la gestión de su tiempo, salvo que expresamente te lo pida.

Reconozco que desde fuera parece una locura que esto nos pueda parecer mal. Los primeros meses de oposición no le dábamos importancia, pero ahora ya estamos muy “quemados”.

Esos consejos parecen inofensivos pero nosotros nos sentimos muy criticados respecto a un aspecto de nuestra vida al que le dedicamos mucho esfuerzo y sacrificio. Especialmente nos ofende porque siempre lo dice una persona que no tiene ni idea de lo que hacemos y cree que sabe como podríamos “hacerlo mejor”. Mi respuesta es: ¡UN PEPINO!

Trigésimo octavo ejemplo: éste me lo comentó mi amiga Laia.

  • Yo oposito a la carrera judicial y fiscal.
  • ¿Pero tú quieres ser juez o fiscal?
  • Yo quiero ser juez, pero si apruebo, y los opositores que han sacado más nota agotan las plazas de juez, tendré que quedarme con la de fiscal.
  • Pero te puedes volver a presentar para subir nota y poder ser juez.

Subir nota… ¿te piensas que eso es como la Selectividad? Vamos a ver, ¿alguien duda de lo difícil que puede llegar a ser aprobar esa oposición?, ¿alguien cree que, si apruebas, estarías dispuesto a renunciar a ello y volver a pasar otra vez por lo mismo?

Trigésimo noveno ejemplo:

  • Aprobar una oposición es como que te toque la lotería.
  • No.

Cuadragésimo ejemplo: el maldito nepotismo

  • ¿Y tú qué estás estudiando, Fernando?
  • Yo estoy opositando a Registrador de la Propiedad.
  • Qué bien. ¿Tienes familiares que son Registradores?
  • Eh… No, es algo que siempre quise hacer.

ATENCIÓN con estas insinuaciones. Uno no oposita porque tenga familiares que le vayan a allanar el camino. Opino que:

1º. Por muy raro que pueda parecer, hay vocación para todo. Los opositores tenemos vocación por nuestra futura profesión por mucho que a alguien le cueste entender que ser Interventor (por ejemplo) pueda llegar a ser el sueño de alguien.

2º. Las oposiciones no funcionan por enchufe (salvo excepciones muy puntuales). El que quiere aprobar tiene que esforzase mucho y está compitiendo con compañeros que también se están sacrificando un montón para lograr el mismo objetivo.

3º. Puedo aspirar a aprobar una oposición sin ninguna necesidad de que me echen una mano. Tengo lo que hace falta yo solo.

4º. El nepotismo es algo que nos indigna mucho a los opositores, pero nos molesta todavía más que se piensen que nosotros formamos parte de él.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

El día de descanso

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Muchas son las teorías que he conocido sobre el descanso de los opositores o, en general, de cualquier actividad que requiera una dedicación exclusiva.

Algo que me ha llamado poderosamente la atención es que muchas personas claman que en el momento de descanso de los opositores tiene que desconectar totalmente de la oposición, emplearlo para hacer las cosas que durante la semana uno no puede, quedar con sus amigos, etc… Yo discrepo.

La única obligación que un opositor puede tener en su día de descanso es hacer lo que le dé la gana, sin darle explicaciones a nadie ni seguir los consejos de otras personas.

Algo bastante habitual en este mundo y que curiosamente no soportamos, son las continuas injerencias externas en nuestra libertad de decisión, concretamente en lo que respecta a nuestra gestión del tiempo y la posterior fiscalización de la misma. Dicho de otro modo, que te den consejos sin haberlos pedidos y te reprochen que aprovechas mal tu tiempo.

En primer lugar, recomiendo a los opositores que realicen un ejercicio de autoestima y no se dejen influir por ciertos comentarios ni se sientan mal por no cumplir las expectativas de los demás. Sin duda, existe una relación inversamente proporcional entre el conocimiento sobre una materia de un individuo y su predisposición a aconsejar sobre ella. Vamos, que siempre habla el que no tiene ni idea del tema.

Si sois nuevos en este mundo, ya os adelanto que vais a tener que soportar a muchas personas de vuestro entorno (que no han opositado en su vida) compartiendo con vosotros maravillosas sugerencias de toda índole: desde la actitud que debes mantener hasta tus hábitos diarios de estudio. Podéis encontrar los ejemplos en particular en las entradas sobre lo que los opositores odiamos.

Por supuesto, esas alegres recomendaciones también van a afectar a vuestro día de descanso. Como ya he señalado antes, existen muchas directrices sobre lo que uno debe hacer en su día de reposo.

En mi opinión, haced lo que más os apetezca. Si queréis hacer deporte, salir con vuestros amigos, despejaros y no pensar en las oposiciones, será una opción perfecta. No obstante, si lo que preferís es pasaros el día durmiendo, organizando vuestra agenda, hablando de la oposición con un compañero, o simplemente no hacer nada, también será estupendamente válido.

La única obligación que tenéis es la de no dedicaros a cosas que os hagan infelices, que sean exclusivamente por compromiso o porque “debáis hacerlo”. Es nuestro día libre y tenemos el privilegio de no cumplir con ningún tipo de responsabilidad,  siempre y cuando no le hagamos daño a nadie, claro.

Si después os toca sufrir la reprobación de alguien, os sugiero que directamente lo ignoréis y tratéis de recordar que tenéis todo el derecho a gestionar vuestro tiempo a vuestro antojo y que nadie sabe mejor que vosotros mismos que es lo mejor para vuestro bienestar.

Me encantaría que compartieseis cómo gestionáis vosotros vuestro tiempo libre y como lidiáis con este tipo de comentarios que, por desgracia, tanto nos amargan. Muchas gracias por haber dedicado vuestro valioso tiempo a la lectura de este blog. ¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (IX)

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¡Buenos días, compañeras y compañeros!

Gracias por hacer que me sienta menos rara cada vez que alguien me propone quedar y tengo que decir que no. Es maravilloso encontrar a personas en la misma situación que yo.

Aquí tenéis cuatro nuevos ejemplos de cosas que los opositores odiamos.

Trigésimo tercer ejemplo:

  • ¡Hola, Marta! ¿Al final te apuntas a la cena de chicas?
  • Pues depende de a qué hora acabe de estudiarme el tema de hoy. Con suerte terminaré a las nueve, pero si no tendré que dedicarle más tiempo.
  • Jo, pues métele caña para acabar pronto.
  • Sí, jeje. A ver qué puedo hacer.

¿Qué le meta caña? ¿Qué le meta caña? ¿Pero tú te crees que me encierro todos los días para pasar el rato y hoy voy a tomármelo en serio porque me apetece acabar pronto? ¡Llevo dos años metiéndole caña! Si pudiese estudiar más rápido, ¿no crees que ya lo habría hecho antes? ¡@#€&¬$@·#¬”ª#€/’@!

 

Trigésimo cuarto ejemplo:

  • ¡Ya es juernes!, ¡Viva!
  • Pues vale. Me hará ilusión cuando sea dormingo*.

 

*Otra genial ocurrencia de quieretemucho.com

A mí antes los domingos no me gustaban porque significaban que el fin de semana se estaba acabando y al día siguiente era lunes. Se terminaba un fin de semana de tres días (bendita Universidad) y ya me daba pena. Ahora, sólo tengo un día de descanso a la semana y soy más feliz que una perdiz. ¡Vivan los domingos!

 

 

Trigésimo quinto ejemplo:

  • No deberías tomar tanto café porque es malo para…
  • Ñeñeñé, ñeñeñé

 

Trigésimo sexto ejemplo:

  • Qué blanca estás. Tienes que ir a la playa más.
  • Jeje… (pesada).

 

Muchas gracias por leer esta nueva entrada. ¡Nos vemos en la próxima!

Una historia de superación

En esta ocasión me gustaría hablaros de una persona a la que he podido conocer gracias a la oposición. Es una mujer que me conmueve por lo que hace y a la que he cogido cariño por cómo es. Hoy voy a hablaros de Patri.

Patricia estudió Medicina, tiene 33 años y muy mala suerte con sus vecinos, pero de eso ya hablaré más adelante.

Admiro a Patri por dos motivos: por su humildad y porque es una luchadora incansable.

Cuando se licenció, accedió al MIR por la especialidad de médico de familia, con prácticas y guardias remuneradas y a través de la Universidad Pública. Durante esta etapa de formación los médicos residentes cobran aproximadamente unos 1.700€ netos al mes. La vida de Patricia era cómoda y estaba bien encauzada.

No obstante, Patri es una de esas personas a las que, en muchas ocasiones, me refiero en este blog. Ella no se conforma con menos que lo que realmente quiere, no concibe seguir un camino que no sea aquél que estrictamente le marca su vocación, no le basta con sucedáneos de sus sueños. A Patricia le gusta luchar por sus deseos y apuntar alto sin preocuparse por el vértigo, como no podría ser de otra manera. Y eso es lo que la hace grande.

Tras el primer año, renunció a esta especialidad del MIR y logró acceder a otra modalidad. Actualmente ha terminado de cursar el segundo año de residencia en la especialidad de medicina legal y forense, que es lo que realmente le fascina.

Para ella, tomar esta decisión fue un gran momento de superación. Tuvo que enfrentarse a los miedos que todos tenemos: lo que esperan de ti, lo que tienes que ser a cierta edad y demás estereotipos para poder dedicarse a lo que ella quería desde su infancia. La tachaban de utópica por repetir el MIR cuando ya casi tenía la vida resuelta, pero ella dice que esta decisión es la que más feliz la ha hecho.

Patri considera que es fundamental vencer nuestros miedos y luchar por lo que anhelas, incluso cuando nadie confía en ti. Asimismo, Patricia reconoce que, muchas veces, nuestro peor enemigo lo encontramos en nosotros mismos. A pesar de ello, la experiencia le ha demostrado que somos más fuertes de lo que inicialmente creemos y, por ese motivo, me parece tan importante transmitiros su historia al igual que hice con otra buena compañera en otra ocasión.

Efectivamente, Patri quiere ser forense desde que tiene 8 años. Sin embargo, ha tenido la mala fortuna de dejarse cautivar por una de las pocas especialidades médicas que  sólo se preparan en la Escuela Privada, con lo cual tiene que abonar una matrícula anualmente, y en la que, por si fuera poco, no recibe más retribución por sus prácticas que su exclusiva satisfacción personal.

Una vez se convierta en forense en junio de 2017, se ha marcado el objetivo de opositar para tener, como los sanitarios dicen, una plaza en propiedad. Cuando tiene tiempo, intenta estudiar alguno de los temas del programa de la oposición.

Patri estudia el MIR en Madrid. Es en esta ciudad donde acude a clases, realiza las guardias y las autopsias, pero ella reside en la ciudad de Toledo con su pareja. Para poder mantenerse económicamente trabaja los festivos, los domingos, en semana santa, en vacaciones o cubriendo horas extra en una cadena de tiendas de complementos de mujer. Como realiza sustituciones, tiene que trasladarse a distintas ciudades, según sea necesario, como Madrid, Sevilla, Valencia o Barcelona. No sólo estudia como todos nosotros, sino que además, mientras muchos descansan, ella trabaja. Incluso los días de trabajo, es capaz de encontrar un huequecito para estudiar.

Como ya he dicho anteriormente, admiro de ella su humildad. Patricia trabaja de dependienta en una tienda. Si bien, este oficio no es ni peor ni mejor que el resto, lo está realizando una profesional de la Medicina a la que no se le caen los anillos por trabajar en un puesto que no se corresponde con su preparación. Y, nuevamente, éste es un escalón más que la acerca a su meta.

Además, a ella le encanta este trabajo, fundamentalmente, por el trato con el cliente. Según ella, cuando trabajas con el público eres un bálsamo para muchas personas que se sienten solas; puedes disfrutar viendo la alegría en quien se compra algo nuevo o en la ilusión con la que se compra un regalo para otra persona.

En cuanto a sus vecinos, Patri estuvo viviendo durante 3 años en un piso en el que no se sentía del todo a gusto debido al ruido que tenían que soportar y que provenía del motor de un dentista que había establecido su cínica demasiado cerca. Posteriormente, se mudó a una nueva vivienda en octubre del año pasado, pero tuvo que trasladarse de nuevo por los ruidos que provenían de la terraza del local de abajo y que hacían imposible la convivencia, así como porque el piso de arriba era alquilado habitualmente a turistas, a pesar de que su arrendador le hubiese asegurado que la casa estaba bien aislada y era tranquila.

A día de hoy, vive en otro lugar y parece que por fin ha encontrado la serenidad. No obstante, a Patricia le gusta tomarse las cosas con calma para poder adaptarse gradualmente a los cambios y eso también incluye su vivienda.

En definitiva, a pesar de todos los óbices con los que se ha encontrado, ella continúa con pasos firmes para construir un futuro brillante.

Yo, personalmente, quiero rodearme de personas como ella en mi vida porque me inspiran y me motivan a seguir esforzándome. En Patricia veo un ejemplo a seguir y una gran compañera en esta travesía.

Le deseo lo mejor. O mejor dicho, le auguro lo mejor, porque con esa actitud sólo es cuestión de tiempo que consiga lo que se ha propuesto.

Me gustaría agradecerle a Patri que me haya permitido compartir su experiencia. Espero que vosotros también podáis serviros de esta fuente de inspiración.

Me encantaría conocer vuestras propias historias de superación y vuestra lucha por cumplir vuestros sueños a pesar de todos los obstáculos que nos encontramos.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

 

 

Lo que los opositores odiamos (VIII)

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¡Buenos días de compañeros de oposición!

La verdad es que cuando comencé esta sección no me imaginaba que iba a tener carrete para tanto tiempo. Me está sorprendiendo mi capacidad para encontrar cosas que me fastidian y la de ciertas personas para hablar sin pensar antes. La conjunción de todo ello ha dado lugar a una nueva entrega de “lo que los opositores odiamos”. ¡Espero os guste!

Vigésimo noveno ejemplo:

  • ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal todo?
  • Muy bien, ahora estoy opositando.
  • Oh, vaya. ¿Te has quedado en el paro?
  • No, he dejado el trabajo para dedicarme a opositar.
  • ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Por qué?

Hace unos días, una compañera se puso en contacto conmigo para decirme que echaba en falta referencias a opositores trabajadores. No tengo experiencia en ese tema pero, afortunadamente, me relaciono con muchos opositores de los que puedo aprender mucho. Algunos de ellos trabajan e intentaré transmitir sus experiencias. En el futuro iréis viendo más referencias a este aspecto y, en concreto, a los opositores que estudian y a la vez trabajan, a los cuales sólo puedo admirar profundamente.

(¡Muchas gracias por tu aportación, Lorena!)

 

Trigésimo ejemplo: Como te atrevas a hacer un descanso en público, prepárate para las consecuencias.

  • ¡Jobá, qué bien vives!. Todo el día tirado en el sofá. Ya me gustaría tener tu vida.

En ese momento nuestra cabeza se convierte en una tetera en plena ebullición y sólo podemos dirigirles una mirada que expresa un “no puedes estar hablando en serio”.

Lo peor es que a veces somos tan ingenuos como para sentirnos mal por habernos tomado ese descanso.

 

Trigésimo primer ejemplo:

  • Bah, pero tú eres lista.

Seguro que os ha pasado. Intentaré ser breve: da igual ser listo. No te hacen un test de inteligencia para aprobar, lo que tienes que ser es trabajador, constante y sacrificado.

A mí me da rabia porque parece que si alguien piensa que “somos listos” nos va a resultar súper fácil. Me gustaría saber en qué se basan para asumir que esa cualidad nos caracteriza. En mi experiencia personal, puedo decir que está siendo el mayor reto de mi vida y, si algo he avanzado en él, ha sido gracias al esfuerzo y al trabajo duro.

El único ejercicio de inteligencia que la oposición te exige es saber tomarte el aspecto emocional de la oposición con buen humor. Especialmente cuando a uno le toca oír ciertas cosas porque, como dice mi novio, el Código Penal es muy tiquismiquis.

 

Trigésimo segundo ejemplo:

  • ¿Puedes cerrar la ventana, por favor? Hace muchísimo frío.
  • Eso te pasa por estar todo el día sentado. Si te movieras e hicieses algo, no tendrías frío.
  • ¿Qué quieres?, ¿que me ponga a saltar mientras estudio?

¿Tan difícil es entenderlo?

 

Muchas gracias por vuestro tiempo y vuestras aportaciones. Os agradezco muchísimo cuando me dais vuestra opinión o me contáis vuestras experiencias. Lo mejor que me ha sucedido en la oposición es encontrar a personas que me comprendan.

¡Un saludo a todos, nos vemos en la próxima entrada!

Continuar

Hay días en los que no puedes más. Estás agotada pero te falta mucho por hacer. A veces decides tomarte un descanso, pero tienes remordimientos porque deberías estar estudiando.

Hoy es uno de esos días en los que me pesa hasta el alma. Lloras de cansancio y de frustración. Has renunciado a todo, ya no te queda nada y tus esfuerzos no son suficientes. Día a día ese es el precio que pagamos verdaderamente.

Te sientes incomprendida. Porque todo el mundo tiene una vida menos tú, porque hasta te da vergüenza decir que estás hundida por todo lo que tienes que estudiar. Ni siquiera tú misma te hubieses imaginado al principio que llegarías a sentirte así, por lo que ya no pretendes que nadie te comprenda.

¿Y qué te queda? Nada. Porque has renunciado a todo. No sabes a qué agarrarte porque ya no te queda nada.

Amigos que no comprenden los sacrificios que haces por cumplir tu sueño. No se imaginan lo que te ha costado renunciar a estar con ellos. No entienden las cosas que has abandonado, a veces solo a cambio de estabilidad y tranquilidad para poder seguir estudiando. Te reprochan que no estás con ellos, se lo explicas, pero llega un momento en el que no lo aguantan más y deciden marcharse.

Y te duele, claro que te duele. Estás dispuesta a descuidar cualquier relación que sea un obstáculo en tu camino. Pero hay personas que cuando se marchan duele más que otras. Pero dejas que se vayan, porque renunciar a tus sueños sería abandonarte a ti misma. Y eso sí que no te lo puedes permitir.

¿Y entonces qué haces? Continuar. Seguir. No rendirte.

La oposición te lo quita todo, pero te lo da todo. Lo que ganas, lo que pierdes.

En ocasiones te planteas si vale la pena la recompensa. ¿Es proporcionado todo lo que tienes que hacer a cambio de lo que vas a conseguir?. Te marcas una meta realista, aunque dura, pero factible como es aprobar una oposición y te dejas la vida en ello. ¿Qué obtendría entonces si decidiese esforzarme menos?.

Aún no sabes muy bien cómo pero sabes que lo vas a conseguir. Tu parte consiste en trabajártelo día a día. Tener lágrimas en los ojos, cansancio en todo el cuerpo y seguir luchando.

Porque es lo que quieres hacer, porque no te planteas otra alternativa. Porque no puedes conformarte con menos que lo que exactamente quieres. Otra vida no te haría feliz. Somos de esas personas que necesitamos luchar por nuestros sueños para que todo tenga sentido. Lo que seguro que no vale la pena es vivir sin esforzarse. Somos enemigos de la mediocridad.

Porque una vez que pruebas el néctar de la autorealización, de la satisfacción personal y de haberte esforzado al máximo, te das cuenta de que no quieres otra cosa.

Puedes estar cansada, desanimada, triste, e incluso sentirte sola pero no te planteas abandonarlo. Continúas.  Y sin darte cuenta te vas haciendo cada vez más fuerte e independiente. Conoces el verdadero sabor de la libertad, rendirte cuentas sólo a ti misma y no necesitar más que lo que tienes para ser feliz.

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Lo que los opositores odiamos (VII)

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¡Buenos días de lunes, compañeros opositores! Espero que hayáis disfrutado del fin de semana. Vamos a intentar empezar el día con buen pie riéndonos de las cosas que odiamos.

Vigésimo quinto ejemplo:

  • Jo, tía, eres muy exigente. Tienes que tomártelo con más calma.
  • Ah, sí? Esto es mi sueño. Puede que me esfuerce muchísimo y ni siquiera lo consiga. Nadie lo va a hacer por mí y yo tengo que ser mi propia jefa. ¿Sabes lo dura que es la auto-disciplina?

 

 

Vigésimo sexto ejemplo:

  • Tatatatatatatatá, tatatatatatatatá, brrrrrmmm, tatatatatatatatá…
  • ¡Parad, por favor!

Odiamos las obras cerca de nuestra casa. Pero siempre hay una…

 

 

Vigésimo séptimo ejemplo: la autora de esta aportación es una compañera a la que podéis encontrar en Instagram como @mary_vg93 y a la que agradezco que me permita compartir su indignación públicamente.

  • ¡Ay, ya sólo me falta un mes y medio para mi examen!
  • ¡Pues ahora a darle a tope, eh!
  • Per-do-na, ¿y antes qué hacía?, ¿jugar al parchís?

 

 

Vigésimo octavo ejemplo: cuando en casa tampoco acaban de entenderlo.

  • Alberto, voy a salir a comprar.
  • Muy bien, Papá.
  • Quédate pendiente de la comida, que está al fuego, y dentro de diez minutos tienes que (…), esta tarde voy a necesitar que hagas (…),

 

Ojalá las familias de algunos opocompañeros pudiesen entender que lo nuestro es igual de serio que un trabajo. Por desgracia, estudiar en casa no contribuye a que ese deseo se cumpla. ¿Les dirían a alguien que faltara a clase para hacer un recado?, ¿o que esta tarde no vaya a trabajar porque tiene que encargarse de algo? Las horas de estudio han de ser reales y efectivas. A veces me da la sensación de que la gente se piensa que lo nuestro es un hobby y no una prioridad.

Espero que os haya gustado y que no tengáis que aguantar estas situaciones muy a menudo. Muchas gracias por vuestro tiempo y la dulce acogida que le habéis dado al blog.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos: la autocrítica

¡Buenos días compañeros! Lo que me llevó a crear esta sección fue la firme creencia de que la mejor forma de tratar la indignación es con humor. De esta manera, logramos expresar nuestra disconformidad, no nos recreamos en el sufrimiento y conseguimos captar mejor la atención de nuestro interlocutor.

Dicho esto, he de añadir que la primera regla para utilizar el humor es saber reírse de uno mismo. Hoy os propongo realizar un pequeño ejercicio de autocrítica, ocupándonos de las situaciones en las que somos nosotros los que metemos la pata.

 

Primer ejemplo: A veces nos pensamos que sólo nosotros sabemos lo que es sufrir.

  • Opositor 1: Mi hermana está haciendo bachillerato y dice que está agobiada. ¿Agobiada?, ¿pero ella de qué va a estar agobiada?.
  • Opositor 2: No tiene derecho a quejarse. ¡Lo nuestro sí que es duro!

 

Estamos acostumbrados a un nivel elevado de exigencia y tenemos un rendimiento muy alto, pero eso no quiere decir que seamos los únicos que nos esforcemos o que la nuestra sea la única vida que es difícil.

Los opositores a veces nos olvidamos de que nosotros también tuvimos una vida antes de la oposición y también nos parecía duro lo que hacíamos. Lo importante para evaluar el mérito de una persona, en mi opinión, no es la dificultad relativa que algo tenga sino el esfuerzo que le suponga.

Como veis, nosotros también decimos las cosas sin pensar en lo que significan para otras personas. Lo hacemos sin mala intención y eso es lo que debemos intentar recordar cada vez que alguien nos diga algo de “lo que los opositores odiamos”.

 

 

Segundo ejemplo:Alegrarnos cuando hace mal tiempo:

  • Señor del tiempo: Parece que este viernes se aproximará una borrasca a la península que dejará lluvia y descenso de temperaturas durante todo el fin de semana.
  • Opositor: ¡Muajajajaja! ¡Si yo no puedo salir, que se fastidien los demás también!

danza de la lluvia

*Esta magnífica viñeta es de Jijo Limón. Podéis encontrarla en Instagram, en Facebook y próximamente en mis estanterías porque acabo de encargar su primer trabajo, llamado “Opocalipsis”, a través de Foster ediciones.

 

 

Tercer ejemplo: Nos ponemos a alerta cuando nos enteramos que un opositor está preparando la misma oposición que nosotros. Y viceversa.

  • He visto que tienes el Plan Genera Contable por ahí, ¿tú a qué opositas?
  • Para Técnico de Hacienda –Chun-chún, chun-chún (música de suspense)- . de Navarra.
  • Ah, muy bien –respira aliviado-.

 

 

Cuarto ejemplo: Siempre estamos a alerta para interpretar los comentarios de la gente de fuera en el peor de los sentidos. Ya es costumbre:

  • ¿Y tú para qué opositas?
  • ¡Pues porque quiero cumplir mis sueños, tener el trabajo que me gusta y sentirme valorado profesionalmente! ¿Tan raro te parece?
  • No, digo que a qué oposición te vas a presentar.
  • Ah. A Notarías.

 

Espero que os haya gustado esta entrega atípica de “lo que los opositores odiamos” y me encantaría que me contaseis en qué ocasiones habéis sido vosotros los metepatas.

Muchísimas gracias por vuestro tiempo. ¡Nos vemos en la próxima entrada!