Lo que los opositores odiamos (VI)

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Buenos días! Vamos a tomarnos con humor todas esas situaciones en las que nos dicen cosas que nos desesperan y nos enfurecen. ¡Paciencia, compañeros opositores!

Aquí tenéis la entrega semanal de lo que los opositores odiamos. ¡Espero que os gusten!

 

Vigésimo primer ejemplo:

  • Jo, ¿Y no tienes tiempo ni para tomar un café?
  • No, estudio todo el día.
  • ¿Pero por la noche no estudias, no?
  • Pues no. Por la noche duermo, pero si no lo necesitara estaría estudiando.

Esto no es como una actividad concreta en la que tienes que estar unas horas determinadas y te olvidas al llegar a casa. Estudiamos todo lo posible (por eso estamos siempre cansados) y, muchas veces, ni eso es suficiente.

No podemos permitirnos reducir el horario de estudio para dedicarlo al ocio. Para eso tenemos nuestros días de descanso y los aprovechamos como mejor creamos.

 

 

Vigésimo segundo ejemplo:

  • ¿Salimos el viernes?
  • Yo el sábado madrugo.
  • Pues salimos el sábado ¿el domingo no estudias, no?
  • No, es mi día de descanso y por eso no quiero perder toda la mañana durmiendo, sino que quiero aprovechar para hacer cosas normales que nunca puedo hacer (por no hablar de cuánto me trastocaría los horarios).

Si tienes tiempo libre habitualmente, es normal que el fin de semana te apetezca salir de noche e irte de fiesta. Pero para los opositores es el único momento de ocio que tenemos y nos apetece hacer cosas normales como quedar con los amigos para charlar, pasear, que nos dé el aire y el sol. A mí, personalmente, me apetecen planes tranquilos porque valoro más que nunca las pequeñas cosas a las que he renunciado (lógicamente, cada uno tiene sus preferencias y puede haber opositores que sí prefieran salir).

Odio esa maldita sensación de tener que justificar siempre qué hacemos y qué no hacemos. Afortunadamente, llega un momento en el que dejas de sentirte culpable y empiezas a ver claramente que tus prioridades son las únicas que te tienen importar.

 

 

Vigésimo tercer ejemplo: por desgracia (y esto ya me parece injusto de verdad, fuera de bromas) algunos opositores no cuentan con el apoyo que se merecen en sus hogares. En mi caso personal no me puedo quejar, pero me consta que muchos opositores no son tan afortunados.

 

  • ¿pero cómo puedes estar tan cansada si llevas todo el día sentada en casa?

 

Y todas sus variantes porque no comprenden que el cansancio no es sólo físico sino también mental:

  • ¿No deberías estar estudiando?
  • Hoy me está costando mucho concentrarme porque no he dormido bien y me duele la cabeza.
  • Déjate de excusas para hacer el vago.

 

 

 

Vigésimo cuarto ejemplo:

  • Podríamos hacer un viaje cuando tengas vacaciones.
  • No tengo dinero. Estoy pelado.
  • ¡pero si nunca sales de casa!
  • No me hagas hablarte de todos los gastos que tengo porque te van a dar ganas de apadrinarme. ¡Y te recuerdo que yo no tengo ingresos!

 

Espero que os encontréis con los mínimos comentarios de este estilo posible en vuestra oposición y, si no es así, os deseo mucho ánimo para tomároslos con humor y que no os afecten.

Muchísimas gracias por leer el blog. Estoy deseando que  compartáis vuestras experiencias personales y vuestra opinión al respecto. ¡Nos vemos en la próxima entrada!

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Me han dicho que opositas

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Buenos días, actuales y futuros compañeros opositores. El fin de a curso se acerca y, con él, las estacionales consultas de conocidos que se están planteando opositar y quieren conocer cómo funciona este mundo de primera mano.

Estas inesperadas entrevistas acostumbran aparecer con un fortuito mensaje al móvil (o una llamada para los más atrevidos) de un número desconocido. En él, se presentan diciéndonos de parte de quien vienen y nos piden que les resolvamos algunas dudas.

Yo siempre les digo que lo esencial en una oposición es la motivación. Uno debe plantearse esta etapa como un duro camino para lograr lo que realmente quiere conseguir, ya sea un sueño o una meta profesional. Sólo con ese ánimo se puede resistir el estudio de las oposiciones, que no sólo es tedioso sino también largo y soporífero.

Si me permitís, voy a realizar una pequeña crítica a estas intervenciones. Yo considero que el opositor ha de tener claro su objetivo, de modo que no pueden plantearse estas consultas como una forma de que les convenzamos de lo maravilloso que es opositar o le vendamos este estilo de vida.

En mi caso personal, escogí mi profesión por vocación y ésta conllevaba inevitablemente un proceso público selectivo que me ha tocado sufrir con resignación. Yo, particularmente, me informé por mi cuenta, contrasté información, investigué en el BOE y en otras fuentes los datos relativos a mi oposición. Yo creo que si tienes la necesaria motivación para opositar, también la tienes para moverte y averiguar cuestiones básicas de una oposición. No puedes esperar que el opositor al que realizas la consulta te vaya a exponer desde cero qué es lo que hace si no aprecia que has tenido un mínimo interés por informarte antes de preguntar.

Otra cuestión importante es que puedes cruzarte con un opositor entusiasmado y estimulante que te contagie su motivación y su amor al estudio y, unos días después, ese mismo opositor puede encontrarse hundido en una fase de bajón absoluto y te disuada horrorosamente de acercarte a nuestro mundo. Por lo tanto, la determinación de opositar debe nacer del interior de cada uno y estas consultas deberían centrarse en dudas concretas sobre la oposición y el estudio.

Creo que he dejado patente en este blog que, cuando hablo con un foráneo de las oposiciones, suelo soportar comentarios que me irritan bastante. En estos casos, no obstante, he tenido suerte y siempre me han hablado con mucha educación y consideración, cosa que yo valoro enormemente.

Hechas estas consideraciones iniciales, voy a proceder a la exposición de mis consejos para potenciales opositores:

  1. Como ya he dicho, lo fundamental es la motivación.
  1. Opositar es difícil.

Muy difícil. En ocasiones, me ha dado la sensación de que las personas que nos preguntan sobre la oposición esperan que les digamos que es fácil y los animemos a acompañarnos en esta alegre travesía. No es así. La oposición es muy dura y esto me lo han confirmado el 100% de los opositores que he conocido.

  1. Ten cuidado con las fuentes de información que uses para tomar tu decisión.

Recuerda que las academias son negocios cuyo objetivo no es otro que maximizar su beneficio. Para ellos eres un cliente. Tratarán de prestar el mejor servicio posible para que apruebes y que estés satisfecho con ellos, pero quizás te intenten seducir a priori con la idea de que opositar es más fácil de lo que realmente es (años de media para sacar plaza, dedicación diaria necesaria, pasar por alto las constantes modificaciones legislativas…) o que la vida del funcionario es una maravilla (retribuciones, condiciones de trabajo, obviar el necesario desplazamiento geográfico…). Debes interpretar la información que recibes prudentemente.

En el caso de los foros de internet, sin embargo, recomiendo que de entrada no os creáis nada. En algunos casos, las opiniones proceden de personas sin experiencia en la oposición y dicen cosas con las que ninguno de los opositores con los que he hablado estarían de acuerdo. En otros casos ejercen aquello que mi preparador denomina “terrorismo de oposición”.  El terrorismo de oposición consiste en hacer exactamente lo opuesto a las academias: plantean la oposición de una forma muy desfavorable para disuadir a potenciales competidores en la lucha por una plaza.

Algunas personas te dirán que conocen a “alguien que…”. No te tomes estos comentarios en serio, suelen estar distorsionados, tratarse de casos excepcionales o proceder de personas que no tienen ni idea de lo que están diciendo. No te compares con nadie ni aceptes las expectativas que otros proyecten sobre ti y, sobre todo, no te dejes arrastrar por los comentarios negativos.

  1. No pienses que tú no vales para esto.

A ninguno de nosotros nos gusta estudiar ni tenemos más facilidad que tú. Si algo he aprendido en esta etapa es que todo lo bueno se consigue exclusivamente con esfuerzo, constancia y perseverancia. La única diferencia entre soñarlo y conseguirlo, es hacerlo.

  1. No siempre fuimos así.

Que no te asusten nuestros hábitos de estudio. Antes de opositar, prácticamente ninguno de nosotros era así. En la oposición aprendes a tener la disciplina y la paciencia que ahora no tienes. Cambiarás el chip, no te preocupes.

  1. La oposición combina fases de gran productividad con etapas de muy bajo rendimiento.

De hecho, los opositores nos sentimos un poco bipolares, ya que hay días que nos comeríamos el mundo y otros en los que lo vemos todo negro oscuro. En todo caso, lo importante es continuar y no rendirse.

  1. Opositar es sinónimo de hacer sacrificios.

No te asustes, pero vas a tener que renunciar a prácticamente todo (puedes consultar la entrada sobre “qué es un opositor”). Los sacrificios se van a ir incrementando a medida que transcurra el tiempo hasta que al final los acabas aceptando con resignación.

  1. Vas a sentirte incomprendido.

Lo normal es que tu entorno te respete y te apoye pero no te comprenda. Vas a tener que aguantar comentarios que no te gustarán nada, por eso es crucial tener tus objetivos claros y desarrollar bastante la autoestima en este aspecto de tu vida. Te recomiendo que te relaciones con opositores, puesto que te harán darte cuenta de que lo que te sucede es normal y que no estás solo.

  1. No te dejes intimidar por tus compañeros opositores, pero tampoco los subestimes.

Debes partir de la idea de que nadie es mejor ni peor que tú. Evidentemente, te vas a encontrar con personas con capacidades muy dispares en la oposición, pero te aseguro que ni la inteligencia, ni la memoria, ni siquiera la experiencia son un digno rival para el esfuerzo.

La oposición sólo se aprueba con trabajo duro, sacrificio, esfuerzo y constancia. Del resto, se puede prescindir.

  1. Es mejor tener compañeros que rivales.

Mi consejo es que, cuando te encuentres con personas que se preparan para la misma oposición que tú, los trates como a compañeros. Es mucho más lo que puedes ganar que lo que puedes perder. Nadie mejor que ellos para comprender por lo que estás pasando.

Además, nadie puede “aprovecharse” de tu trabajo, ya que aquí sólo vale lo que uno hace y aprende. Dicho de otro modo, tu único rival eres tú mismo.

  1. Vale la pena. Si somos tantos los opositores, es porque realmente confiamos en que se puede hacer realidad nuestro sueño. Es una etapa ardua, pero con una dulce recompensa si se llega hasta el final.

Estos son mis consejos para aquellos que os estéis plantando acompañarnos en este camino y mis reflexiones para aquellos que ya lo hacen. Lo que he escrito no deja de ser una opinión personal que he basado en mi propia experiencia, pero hay cabida para todo tipo de perspectivas y opiniones.

Espero que os haya sido útil la lectura. Yo os sigo agradeciendo que os paséis por aquí y le hayáis dado esta cariñosa acogida al blog. Muchas gracias de nuevo.

¡Nos vemos en la próxima entrada, que será el lunes que viene con nuevos comentarios que los opositores odiamos!

Lo que los opositores odiamos (V)

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Buenos días. Como cada lunes, una nueva entrega de “lo que os opositores odiamos”. ¡Espero que os gusten!

 

 

 

Décimo séptimo ejemplo:

  • ¡Qué vida llevan los funcionarios! Ya me gustaría a mí.
  • Pues aprueba una oposición, no te fastidia.

 

 

Décimo octavo ejemplo:

  • Claro, como tú ya tienes la vida resuelta porque estás opositando…
  • Creo que no has entendido nada de lo que te he explicado.

 

 

Décimo noveno ejemplo: Consejos inútiles.

  • Tienes que ser positiva y no agobiarte.
  • ¡Ah, vale! Era eso, jamás lo hubiera imaginado. Gracias por compartir tu sabiduría.

 

 

Vigésimo ejemplo: indignación absoluta.

  • Es que yo también estaba pensando opositar pero me echa para atrás tener que pasarme tantos años estudiando.
  • Ya, es normal (hasta aquí todo bien).
  • Así que había pensado en meterme en una oposición fácil cómo la tuya para sacarla pronto.
  • (CABREO INFINITO)

Voy a respirar un momento porque esto me sigue enervando.

Os juro que me lo han dicho y me sentó fatal. Una de las cosas que más me enfadaron fue que estas lindezas provenían de alguien que no había opositado en su vida. Me parece una absoluta grosería despreciar tan gratuitamente el esfuerzo y los sueños de las personas.

En lugar de mandar a esa persona a freír calcetines, me sentí fatal. Me sentí como una fracasada que no era capaz de hacer algo tan “fácil” como mi oposición. Esas palabras me hicieron muchísimo daño.

Después de razonar un poco y relajarme, ya me di cuenta de que era una estupidez. A ningún opositor se le ocurriría despreciar tan abiertamente a un compañero porque NINGUNA oposición es fácil.

Debemos tener bastante autoestima para opositar porque es habitual escuchar comentarios que indirectamente nos dicen que estamos haciendo las cosas mal. Porque si lo nuestro es “tan fácil”, ya llevamos un montón de tiempo estudiando y, no obstante, todavía no estamos preparados para aprobar debe significar que somos tontos o algo por el estilo. PUES NO!

Ya está bien de sentirnos mal por no cumplir las “expectativas” ridículas de otras personas. Rodeémonos de cosas positivas y que nos hagan felices.

Y que nadie de mis compañeros opositores se atreva a pensar que lo que hace no es difícil o que tarda más porque no lo está haciendo bien. Somos unos valientes.

Al fin y al cabo, dentro de unos años, nosotros tendremos nuestra plaza pero esos comentarios seguirán siendo idiotas.

El éxito

Tenéis que disculparme, pero soy una romántica en lo que a mis sueños se refiere. No puedo evitar tener una visión idealista de la oposición.

Figuradamente hablando, yo considero que el destino ha diseñado un día en el que todo opositor aprueba sus exámenes. Lo curioso de esta teoría es que ninguno conocemos esa fecha. La grandeza del opositor reside en persistir en nuestra lucha a ciegas hasta que el ansiado éxito llegue.

Confieso que uno de mis temores es que surjan circunstancias ajenas a mi voluntad que me impidan continuar. Asimismo, me siento una afortunada por contar con las condiciones necesarias para dedicarme exclusivamente a luchar por mis metas, lo cual es un lujo para cualquiera, desde mi punto de vista.

También reconozco que he fantaseado con el éxito. Me imagino hasta el último detalle y, a la vez, me pregunto cómo serán las cosas: dónde viviré, a cuánto habré tenido que renunciar hasta lograrlo, cómo será mi día a día, si hoy estoy demasiado lejos de ese futuro, qué aspiraciones tendré dentro de mi puesto de trabajo, si seguiré cumpliendo los sueños que tengo pendientes, si será verdad eso que dicen de que los funcionarios desayunan tres veces…

Bromas a parte, cuando reproduzco en mi imaginación el hipotético día en que apruebe, me emociono y me invade un escalofrío por la piel. Creo que es fundamental visualizar nuestras propias metas y dejar volar la imaginación sobre cómo será nuestro futuro cuando logremos nuestros objetivos profesionales. No dejo de pensar en la felicidad que puede suponer conseguir aquello con lo que ahora sólo nos podemos permitir soñar.

Cuando esta etapa llegue a su fin, se abrirán nuevas posibilidades y se acabarán las pesadillas del opositor que -a mi parecer- son la inestabilidad, la incertidumbre y el miedo a tener que abandonar.

Mi reflexión y propuesta de hoy es soñar con el triunfo y desearlo más, si cabe.

Lo que los opositores odiamos (IV)

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Buenos días, opocompañeros de aventura. Aquí tenéis mi dosis semanal de indignación. Espero que tengáis que soportar estas situaciones lo mínimo posible y, si no es así, que al menos os reconforte saber que no estáis solos y que tenéis a muchos compañeros que estamos pasando por lo mismo.

 

Décimo tercer ejemplo:

  • Pareces agobiado. ¿Cuándo tienes el examen?
  • En el 2017
  • ¡Pero si falta más de un año! Te da tiempo de sobra.
  • Un año no es nada para un opositor. ¿Has visto mi temario?

 

Décimo cuarto ejemplo: Que hagan comparaciones absurdas. Mejor tomárnoslo con humor.

  • No te preocupes, mujer. Yo una vez me presenté a un examen de geografía en el instituto sin llevarlo preparado y al final lo aprobé.
  • Ajam.

 

Décimo quinto ejemplo:

  • Pues yo conozco a alguien que se lo sacó el primer año.
  • Ah, vale, entonces yo estoy tardando más porque soy vago o un poco tonto. Entiendo.

 

Décimo sexto ejemplo:

  • Yo quiero un trabajo que me guste, me permita vivir con tranquilidad y se respeten mis derechos como trabajador.
  • Sí, hombre, eso también lo quiero yo.
  • Muy bien. Pues estudia 10 horas diarias después de acabar la Universidad, renunciando a trabajar, durante varios años sin saber si lo vas a conseguir y entonces podrás decirme que pido demasiado.

 

 

Espero que os hayan gustado. El lunes que viene habrá una nueva entrega de estos satíricos ejemplos. De nuevo os agradezco que dediquéis vuestro preciado tiempo a leerme.

Me encantaría conocer vuestra experiencia personal y saber qué cosas os han dicho a vosotros y os han puesto de los nervios, aunque reconozco que a mí todavía me queda carrete para rato.

¡Hasta la próxima entrada!

 

Cuando ser fuertes es la única opción

Me gustaría compartir la historia de una compañera opositora con vosotros.

Hace algo más de tres años, Laia se licenció en Derecho y, sin dudarlo, empezó a preparar las oposiciones de Judicaturas. Los últimos meses han sido especialmente agotadores e intensos para ella. Su historia es de superación: cómo podemos llegar a traspasar nuestros límites cuando las circunstancias nos lo exigen.

Laia comenzó las oposiciones en 2013 de la mano de una eminencia. En mi opinión, el preparador es una figura fundamental en el estudio y, en el caso de Laia, le ofreció una muy buena base como opositora. He de reconocer que Laia era una afortunada porque llegó a conectar a muchos niveles con su preparador y le ofrecía una relación casi paternal.

Como ella señala, la vida social de un opositor se ve muy mermada y el vínculo con nuestro círculo más cercano se vuelve más fuerte. Entre su entorno más próximo, ella contaba con su preparador como un pilar esencial no sólo en el estudio sino también a nivel emocional.

Lamentablemente, un domingo de julio del 2015 el preparador de Laia perdió la vida en un accidente de circulación, a siete escasos meses del examen en el que Laia estaba concentrando todos sus esfuerzos. Por desgracia, nuestra compañera perdió mucho más que un excelente profesor. Mientras invertía sus escasas vacaciones en buscar un nuevo preparador, no podía evitar sentirse huérfana. A pesar del dolor que Laia debió sufrir con la inesperada pérdida, supo continuar con la clara meta de cumplir su objetivo y, por lo tanto, su sueño.

Después de una intensa búsqueda, apareció un hombre que podría suplir al antiguo preparador de Laia. No creo que se pueda sustituir a una persona querida tras su fallecimiento, pero esta opositora tuvo que seguir adelante en su travesía.

El nuevo preparador parecía cumplir con las expectativas de Laia satisfactoriamente. Era un gran profesor y mejor profesional de la Judicatura. Era tan bueno en su trabajo que, en noviembre del 2015, pasó a formar parte del Tribunal Supremo y, en consecuencia, tuvo que abandonar la preparación de opositores.

Entre su perplejidad y una indescriptible fuerza de superación, Laia retomó la búsqueda de preparador mientras la cuenta atrás para su examen no se interrumpía. Finalmente, en Navidad encontró a su actual (y esperemos que último) preparador.

Por si el destino no fuese suficientemente cruel, el 31 de diciembre marcó un hito en el desgraciado año de Laia con el fallecimiento de su abuelo, al cual estaba muy unida. Aunque esta última pérdida no estuviese directamente relacionada con el mundo de las oposiciones, yo creo que debió ser el golpe más duro.

Cuando opositamos, toda nuestra atención gira entorno a un objetivo muy concreto. Sin embargo, el tiempo sigue corriendo y la vida va pasando haciendo que, dolorosamente, nos despertemos de nuestra burbuja para recordar que el mundo no se detiene. En ocasiones, nos toca sufrir por aspectos personales que nos impiden o nos dificultan persistir en nuestra lucha diaria. Laia no sabía si podría tener fuerzas suficientes para superar tantos obstáculos, pero lo hizo. Porque no había otra alternativa.

En marzo de 2016 tuvo su primer examen, que inevitablemente llegó tras unos intensos y difíciles meses. Por si fuera poco, la fecha del examen fue adelantada y esos meses fueron aderezados con numerosas reformas legislativas que ponían broche a su desgracia. Si las oposiciones son duras per se, yo creo que Laia se merece una mención cum laude en superación y perseverancia.

En esta convocatoria, nuestra futura jueza se quedó a las puertas de los exámenes orales. Tras su experiencia cargada de múltiples incidentes, se vio obligada a dedicar tres días a dormir y dos semanas para descansar. Espero que el tiempo le recompense su esfuerzo y le regale una mejor fortuna en la próxima convocatoria.

Por desgracia, las oposiciones no siempre las aprueba quien más lo merece, pero con esa actitud nuestra compañera tiene todo lo que hace falta para el éxito, incluso aunque la mala suerte se cruce en su camino.

Laia dice que ella no es un ejemplo a seguir -yo discrepo- pero quiere compartir con nosotros que en esta etapa renunciamos a muchas cosas pero también nos enriquece en muchos sentidos.

Le agradezco que me haya permitido compartir su experiencia y espero que pueda seros útil a quienes la leáis. Desde mi punto de vista, Laia nos ha mostrado que somos más fuertes de lo que creemos, así que no dejéis que el miedo sea más grande que vuestros sueños.

Como siempre digo, será un placer que compartáis vuestra opinión y vuestras experiencias con nosotros.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

Lo que los opositores odiamos (III)

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Nada mejor que un lunes para hablar de lo que uno odia. En concreto, lo que los opositores odiamos que nos digan.

Con humor parece que los lunes son menos lunes.

 

 

Noveno ejemplo:

  • Ya, pero a ti como te gusta estudiar…
  • ¿Que me gusta qué?

 

Décimo ejemplo:

  • ¿Para qué opositas?
  • Para Hacienda.
  • Uy, entonces ya me dirás algunos trucos para pagar menos, jejeje.
  • (Pesado)

He puesto Hacienda como ejemplo pero lo sufrimos todos los opositores a cuerpos que ejercen una autoridad pública:

  1. Guardia Civil o Policía (“ya te llamaré cuando tenga una multa”).
  2. Jueces (“ya te llamaré cuando necesite que me saques de la cárcel”).
  3. Interventores (Aquí hay menos bromas porque lo normal es que ni sepan lo que hace un interventor).
  4. Notarios (“ya te llamaré cuando necesite que des fe”).
  5. Un largo etc…

Estas bromas no tienen ninguna malicia y no nos sientan mal, pero no podéis imaginaros cuántas veces los hemos oído y, oye, nosotros seguimos sin verles la gracia.

 

Undécimo ejemplo:

  • ¿Cantas? ¿Qué cantas?
  • A la exposición de los temas orales le llamamos cantar. No, no estoy en un coro.

 

Duodécimo ejemplo:

  • Falta poco para tu examen. ¿Qué tal lo llevas?
  • Bueno, me encuentro un poco mal porqu…
  • ¡Nah! Eso es de los nervios.
  • Sí, la típica infección respiratoria por nervios. La ola de frío y virus de esta semana no tienen nada que ver.

Podrías romperte una pierna y te seguirían diciendo que es por los nervios.

 

Espero que os haya gustado la entrada de hoy. No me cansaré de agradeceros que dediquéis vuestro escaso tiempo a leer este blog y, si queréis, a compartir vuestra opinión o vuestra experiencia.

El lunes que viene tendremos nuevos ejemplos de cosas que los opositores odiamos. Sorprendentemente siempre aparece algo nuevo que aborrecer en esta maravillosa etapa que es la oposición.

¡Hasta la próxima entrada!

La desazón

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En esta ocasión me gustaría hablar de los momentos bajos de la oposición y destacar que son una parte inevitable y muy importante de nuestra lucha.

Lo único que temo es la desmotivación, la falta de ganas y la desidia. Pero la desolación del fracaso es algo que me aviva por dentro. Me cabrea de tal manera que me da unas fuerzas locas para continuar.

Algo que he aprendido de la oposición es a aceptar el fracaso como una parte del proceso de aprendizaje, a no dejarme consumir por él y aprovechar lo mejor que me da. Cuando me sale un examen mal ya no me hundo ni me siento desolada. Ahora pienso “tengo que demostrar que yo puedo hacerlo mejor que esto”.

He de señalar que me ha costado bastante llegar a este punto. Como ya he dicho en otras ocasiones, opositar requiere una buena dosis de autoestima. Venirse abajo es relativamente fácil cuando las cosas no van como esperábamos, que es lo más habitual en esta etapa. No sé por qué le tenemos tanto miedo al fracaso. Nadie puede esperar encontrar el éxito en el primer intento y, sin embargo no podemos evitar sentir decepción cuando no sucede.

El temido fracaso no sólo es inevitable. Yo considero que es necesario. No se puede entender un reto personal si no existe la posibilidad de fallar. Eso es lo que lo hace realmente grande. Opositar es un camino en el que lo más probable es no conseguirlo, es más fácil abandonar que llegar a nuestro destino y, a pesar de ello, luchamos por lograr nuestra meta.

La desazón no es motivo para desanimarse y mucho menos para abandonar. Es un momento para desahogarse, pararse a pensar, considerar cuáles han sido nuestros errores y recordar cuál es la finalidad de todo esto. Lo fundamental, en mi opinión, es que el compromiso con nuestros objetivos persista y ya será cuestión de tiempo o de otras circunstancias que el ánimo vuelva a subir.

Lo que los opositores odiamos (II)

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Bienvenidos a una nueva entrega de “Lo que los opositores odiamos”. Esta semana me gustaría iniciarlo con una candente cuestión como es la vida social de los opositores, si es que se le puede llamar así:

 

 

Quinto ejemplo:

  • ¡Hace un montón que no nos vemos, tenemos que quedar!
  • La verdad es que no tengo nada de tiempo porque tengo que estudiar mucho, lo siento.
  • Ya, pero para escribir un blog (cualquier otra opción es válida) sí que tienes tiempo.
  • Con mi tiempo libre, que es poco, hago LO QUE ME DA LA GANA (algún día me atreveré a decir esto en voz alta).

Esto nos pasa muchísimo. Aquí tengo bastante que reflexionar:

  1. La primera persona a la que le fastidia renunciar a los planes es al opositor.
  2. Ni se te ocurra entrometerte en la gestión del tiempo de un opositor. No busques huecos en mi día (porque siempre hay alguien que te dice: ¿y por la noche también estudias?). Si te digo que no puedo es porque no puedo. Aprovecho para presentar mi más absoluto respeto por los opositores que trabajan o tienen responsabilidades familiares.
  3. Mi tiempo libre son esos pocos momentos en los que no estoy sufriendo con la oposición y puedo dedicarme a lo que realmente me apetezca hacer. Hace tiempo que he decidido dejar de hacer cosas sólo por compromiso o porque la gente me insista. Nadie puede decidir por mí qué es lo que debo hacer con ese preciado y escaso tiempo.
  4. Si lo que me apetece en mi día libre es descansar o hacer mil cosas que durante la semana no puedo, es asunto mío. No te atrevas a juzgar a qué destino mi tiempo libre. Quizás disfrute más dedicando mi tiempo libre a leer que a quedar con amigos, o prefiera hacer deporte antes que dormir y eso no quiere decir que no esté cansada, es posible que me apetezca quedar con una amiga y no con otra (aunque haga más tiempo que no la vea) o sencillamente me apetezca hacer NADA.
  5. No tenemos a nadie “abandonado”, hemos renunciado a casi todo por cumplir nuestro sueño. Que nadie se lo tome como algo personal.

Lo que quiero transmitir, en resumen, es que los opositores verdaderamente tenemos poco tiempo y nos gustaría que nuestro entorno lo comprendiera, pero además tenemos el derecho de emplearlo cómo queramos sin darle explicaciones a nadie y sin aguantar reproches.

 

Sexto ejemplo:

  • ¿Qué tal llevas las opos?
  • Han sacado la nota del último ejercicio y no lo he superado.
  • ¿Pero cómo has suspendido con todo lo que estudias?

Estoy convencida de que la intención es buenísima, pero a nosotros nos sienta como una patada en el culo. Porque llevemos mucho tiempo opositando no quiere decir que tengamos que aprobar y si suspendemos no quiere decir que hayamos hecho las cosas mal o no estudiemos lo suficiente.

 

Séptimo ejemplo:

  • ¿Qué tal hoy?
  • He tenido que estudiarme los órganos administrativos del Minist…
  • Pff…¡qué aburrido! No sé cómo eres capaz de estudiarte eso.
  • Gracias.

 

Octavo ejemplo: Este es de los que me repatean porque me lo han dicho con absoluta desaprobación y vanidad.

  • ¿Acabaste la carrera en junio y no empezaste a opositar hasta septiembre? Si yo fuese tú, habría empezado lo antes posible.
  • Muchas gracias por tu opinión de mierda.

 

Como os digo siempre, me encantaría que compartierais vuestra opinión o experiencias similares con nosotros.

Os agradezco enormemente que hayáis dedicado un poquito de vuestro tiempo a leer este blog y aprovecho para decir que estoy entusiasmada con el acogimiento que ha tenido. El lunes que viene os traeré una nueva dosis de indignación opositora.

¡Nos vemos en la próxima entrada!