Lo que los opositores odiamos (I)

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Opositar implica incomprensión. Hoy quiero comenzar una sección en la que me gustaría compartir esos momentos de indignación, de frustración y de absoluto desconcierto que sufrimos los opositores cuando nos enfrentamos a determinadas circunstancias (fundamentalmente comentarios) en nuestro día a día.

 

Antes de comenzar me gustaría matizar dos aspectos: Primero, debemos hacer un poco de autocrítica y reconocer que opositar nos vuelve algo más irritables y, debido a la incomprensión que sufrimos habitualmente, nos produce mayor hastío soportar ciertas situaciones. En segundo lugar, no podemos obviar la intención de la persona de quien provengan tales comentarios. En muchos casos se debe al desconocimiento o a no pensar dos veces las cosas antes de decirlas y sin embargo se pronuncian con la mejor de las intenciones, de modo que (por mucho que nos irrite) nos lo tomamos con paciencia y buen humor. Caso distinto es el de aquellas personas que parece que disfruten hundiendo a los demás o imponiendo su forma de ver las cosas, en cuyo caso yo abogo por ignorarlas haciendo un bonito ejercicio de indiferencia y los invito a que se guarden sus opiniones para sí mismos.

La mayoría de estos ejemplos los expondré en tono de broma y dramatizado la realidad porque la mejor medicina que tenemos contra la incomprensión es el sentido del humor.

 

Primer ejemplo:

  • ¡Pff… estás loco! Yo no sirvo para estudiar.
  • ¡Yo tampoco!

A nadie le gusta estudiar. Te puede gustar aprender, pero “estudiar” en el sentido de lo que tiene que hacer un opositor no le gusta a nadie. A nadie le gusta hacer sacrificios, sufrir jornadas interminables de estudio, tragarnos un montón de temas que ni nos gustan ni nos interesan, dedicarse a una actividad que no sólo no crea ingresos, sino que provoca muchos gastos y, por si fuera poco, con la incertidumbre diaria de no saber si nuestro esfuerzo será recompensado con una plaza en el futuro.

Así que, querido interlocutor, no pienses que a nosotros nos resulta más fácil de lo que sería para ti estudiar. Lo que sucede es que la única vía para lograr lo que queremos es soportar esta dura etapa que se llama opositar.

 

Segundo ejemplo:

  • Hazlo tú que estás estudiando y tienes tiempo.

Opositar es una ocupación dura y muy seria. Opositar es un trabajo: igual de exigente y de formal. Es realmente frustrante que no se nos tome en serio y que no se entienda que no podemos saltarnos nuestras horas de estudio, no podemos tomárnoslo con la ligereza que algunos sugieren y nos estamos jugando mucho en una apuesta a largo plazo.

 

Tercer ejemplo: No preguntes qué tal lo llevo si no lo quieres saber realmente. No es que me esté quejando, simplemente es que opositar es duro y no le gusta a nadie.

  • ¿Qué tal lo llevas?
  • Bueno, cansada porque el examen está cerca y veo que no me va a dar tie…
  • No te preocupes, seguro que tú lo sacas!

Pues para decirme eso no me preguntes.

 

Cuarto ejemplo: nuestra vida es aburrida. Es así.

  • Bueno, ¿y qué me cuentas? Dime algo tú.
  • Pues no me ha pasado nada. No tengo vida. No me pasa nada. No insistas. Créeme que me fastidia más a mí.

La prueba de que sólo nos comprendemos entre nosotros es que las únicas personas que no hacen estos comentarios son quienes están o estuvieron opositando. Cuando a un funcionario le dices que eres opositor te mira con una mezcla de pena y admiración que te descubre que sí entiende lo que estás haciendo. Y no dice nada. Porque sabe que no hay nada que se pueda decir.

En próximas entradas continuaré con esta sección, ya que la lista de cosas que odiamos es bien larga y me gustaría seguir compartiéndolas con vosotros. Si habéis vivido alguna experiencia similar me encantaría que nos la contaseis o que simplemente deis vuestra opinión sobre las anteriores.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

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2 comentarios en “Lo que los opositores odiamos (I)

  1. (Opo)moni dijo:

    Ay, me he sentido de lo más identificada! En las 4 situaciones. Sobre todo en la primera y la tercera. Estoy de los “Yo no podría” y los “seguro que lo sacas” sin interés alguno…

    Me gusta

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