La opofamilia

En el argot opositoril, le llamamos opofamilia al conjunto de compañeros opositores que hemos conocido, fundamentalmente, a través de las redes sociales.

Lo más habitual es que los opositores seamos una rara avis de nuestro entorno. Por este motivo nos sentimos tan reconfortados cuando encontramos a personas en idéntica situación.

Esta entrada tiene tonos considerablemente personales ya que quiero dedicárselo a mis compañeros como agradecimiento por todo lo positivo que me aportan a diario:

Lo que la opofamilia nos da es comprensión y motivación.

Cuando te encuentras con la opofamilia te das cuenta de que hay muchas personas en la misma situación que tú, que te entienden y que te hacen ver que no estás sola. No eres la única que no encaja en su entorno. No eres la única que tiene que aguantar cosas que no le gustan, y te enseñan que no te mereces soportarlas sólo porque la gente no te entienda.

La opofamilia me ha dado motivación. Me ayuda a llenar mi vida. Me da las fuerzas y el coraje para dedicarme íntegramente a lo que quiero, para aventurarme a hacer las cosas que siempre he querido y nunca me he atrevido. Me dan confianza en mí misma. Me recuerdan la importancia del trabajo duro y la constancia. Me han recordado lo importante que es llenar la vida de ambición, de sueños, de objetivos y metas. Me enseñan a llenar mi vida con lo que me hace feliz hasta que no quepa sitio para lo negativo. Me han recordado la importancia de estar ocupada y concentrada en lo que uno hace. A olvidarme de lo demás. El tiempo se me pasa volando y comienzo a ver recompensas a tanto esfuerzo. Es la etapa más dura y exigente de mi vida pero soy más feliz que nunca porque me siento realizada. Me han enseñado a convertir los años que más temía de mi juventud en una travesía llena de retos y superación personal.

Me han enseñado a pertenecer a una comunidad sana en la que no hay necesidad de competir ni de acomplejarse, aquí se comparte y se construye.

Me siento mejor que nunca. Siento que soy yo. Hago lo que me hace feliz. Tengo la confianza para hacer lo que nunca me atreví. Siento que estoy explotando mi capacidad. Me gusta.

Y he conocido a personas increíbles.

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Lo que los opositores odiamos (I)

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Opositar implica incomprensión. Hoy quiero comenzar una sección en la que me gustaría compartir esos momentos de indignación, de frustración y de absoluto desconcierto que sufrimos los opositores cuando nos enfrentamos a determinadas circunstancias (fundamentalmente comentarios) en nuestro día a día.

 

Antes de comenzar me gustaría matizar dos aspectos: Primero, debemos hacer un poco de autocrítica y reconocer que opositar nos vuelve algo más irritables y, debido a la incomprensión que sufrimos habitualmente, nos produce mayor hastío soportar ciertas situaciones. En segundo lugar, no podemos obviar la intención de la persona de quien provengan tales comentarios. En muchos casos se debe al desconocimiento o a no pensar dos veces las cosas antes de decirlas y sin embargo se pronuncian con la mejor de las intenciones, de modo que (por mucho que nos irrite) nos lo tomamos con paciencia y buen humor. Caso distinto es el de aquellas personas que parece que disfruten hundiendo a los demás o imponiendo su forma de ver las cosas, en cuyo caso yo abogo por ignorarlas haciendo un bonito ejercicio de indiferencia y los invito a que se guarden sus opiniones para sí mismos.

La mayoría de estos ejemplos los expondré en tono de broma y dramatizado la realidad porque la mejor medicina que tenemos contra la incomprensión es el sentido del humor.

 

Primer ejemplo:

  • ¡Pff… estás loco! Yo no sirvo para estudiar.
  • ¡Yo tampoco!

A nadie le gusta estudiar. Te puede gustar aprender, pero “estudiar” en el sentido de lo que tiene que hacer un opositor no le gusta a nadie. A nadie le gusta hacer sacrificios, sufrir jornadas interminables de estudio, tragarnos un montón de temas que ni nos gustan ni nos interesan, dedicarse a una actividad que no sólo no crea ingresos, sino que provoca muchos gastos y, por si fuera poco, con la incertidumbre diaria de no saber si nuestro esfuerzo será recompensado con una plaza en el futuro.

Así que, querido interlocutor, no pienses que a nosotros nos resulta más fácil de lo que sería para ti estudiar. Lo que sucede es que la única vía para lograr lo que queremos es soportar esta dura etapa que se llama opositar.

 

Segundo ejemplo:

  • Hazlo tú que estás estudiando y tienes tiempo.

Opositar es una ocupación dura y muy seria. Opositar es un trabajo: igual de exigente y de formal. Es realmente frustrante que no se nos tome en serio y que no se entienda que no podemos saltarnos nuestras horas de estudio, no podemos tomárnoslo con la ligereza que algunos sugieren y nos estamos jugando mucho en una apuesta a largo plazo.

 

Tercer ejemplo: No preguntes qué tal lo llevo si no lo quieres saber realmente. No es que me esté quejando, simplemente es que opositar es duro y no le gusta a nadie.

  • ¿Qué tal lo llevas?
  • Bueno, cansada porque el examen está cerca y veo que no me va a dar tie…
  • No te preocupes, seguro que tú lo sacas!

Pues para decirme eso no me preguntes.

 

Cuarto ejemplo: nuestra vida es aburrida. Es así.

  • Bueno, ¿y qué me cuentas? Dime algo tú.
  • Pues no me ha pasado nada. No tengo vida. No me pasa nada. No insistas. Créeme que me fastidia más a mí.

La prueba de que sólo nos comprendemos entre nosotros es que las únicas personas que no hacen estos comentarios son quienes están o estuvieron opositando. Cuando a un funcionario le dices que eres opositor te mira con una mezcla de pena y admiración que te descubre que sí entiende lo que estás haciendo. Y no dice nada. Porque sabe que no hay nada que se pueda decir.

En próximas entradas continuaré con esta sección, ya que la lista de cosas que odiamos es bien larga y me gustaría seguir compartiéndolas con vosotros. Si habéis vivido alguna experiencia similar me encantaría que nos la contaseis o que simplemente deis vuestra opinión sobre las anteriores.

¡Nos vemos en la próxima entrada!

¿Qué es un opositor?

En mi opinión, los opositores son distintos a cualquier otro tipo de estudiantes que yo haya conocido. Además, los opositores constituyen un grupo bastante heterogéneo que hace difícil poder generalizar sobre ellos en todos sus aspectos. En esta entrada intentaré explicar qué nos caracteriza como opositores (por supuesto, hay excepciones). En otra ocasión, hablaré de los distintos tipos de opositores.

  • Queremos ser funcionarios. Opositar en sí no es un fin, sino un camino para lograr acceder a un puesto de trabajo en la Administración Pública. En muchos casos, lo que nos mueve a opositar es la pura vocación y el hecho de que muchos puestos de trabajo sólo existen en el sector público (policías, jueces, diplomáticos…).
  • La etapa del opositor se parece más a la de un trabajador que a la de la mayoría de los estudiantes (para ser más específicos, a un trabajador autónomo), al menos en mi experiencia personal. Los horarios son estrictos, los objetivos son rígidos y no vale con aprobar, sino que debemos ser los mejores para poder superar la oposición. Además, opositar no tiene un número de cursos o asignaturas determinados que te garanticen el éxito. Como decimos nosotros*: opositar es subir una escalera con la incertidumbre de no saber en qué escalón estás.
  • Nos sentimos incomprendidos. Aunque nuestro entorno nos apoye y nos respete, normalmente no nos entienden. Las personas que nos rodean no opositan, por lo tanto tienen un tipo de vida que contrasta con la clausura que nos autoimponemos los opositores.
  • La oposición también nos aporta cosas buenas. Se trata de una etapa de gran crecimiento y madurez emocional gracias a la disciplina que exige y que nos permite conocernos mejor a nosotros mismos. Yo he aprendido que mi tiempo y mis energías son limitados y no puedo permitirme malgastarlos en aquello que no me hace feliz.
  • Es una carrera contra nosotros mismos. No cabe ningún tipo de ayuda exterior, nadie puede hacer el trabajo por ti, no basta con estar sentado en nuestro opozulo (así le llamamos al lugar de estudio), sino que debemos aprovechar al máximo esas horas.
  • Opositar pasa factura e implica muchos sacrificios:
  1. Económicos: renuncias a trabajar y, por lo tanto, a generar ingresos, has de realizar una importante inversión monetaria en temarios, material de estudio, preparador o academia, desplazamientos…
  2. Tiempo: lo adecuado es establecer una rutina de estudio con unas horas determinadas. No obstante, siendo sinceros, cuanto más estudies, mejor. Si estudias más horas, puedes aprobar antes. Es así de sencillo. Sobre todo, porque todos estamos ansiosos por que se acabe esta fase. Al principio es duro dedicarle tantas horas, pero con el tiempo te acostumbras e incluso te lo pide el cuerpo: si te sobran horas vas a querer dedicarlas al estudio porque es lo que tienes que hacer. Ojo: el día de descanso es sagrado.
  3. Esfuerzo: opositar se convierte en una prioridad y después de una jornada de estudio acabamos agotados. Sencillamente, no nos apetece hacer nada más.
  4. Sociales: Las personas de tu alrededor continúan teniendo sus vidas de personas normales y esto provoca contrastes. Muchas amistades no entenderán el sacrificio que estás haciendo y lo importante que es para ti, en otras ocasiones tendrás que soportar reproches por no poder atender a tus compromisos sociales o comentarios de personas que no tienen ni idea de por lo que estás pasando. Tendrás que aceptar con resignación que hay cosas que todo el mundo hace y que tú ya no puedes hacer.
  5. Salud: uno no tiene que renunciar a ella necesariamente, pero lo más probable es que la descuidemos. Los opositores sufrimos estrés, tensión, solemos consumir altas dosis de café o sus sustitutivos, pasamos un montón de horas sentados, no podemos dedicarle la atención que exige una dieta sana y lo normal es que no tengamos tiempo ni ganas para hacer deporte. En este caso debo hacer una pequeña matización: los opositores con pruebas físicas no pueden permitirse descuidar este aspecto, sino que el estudio se complementa con la responsabilidad de mantenerse en forma. Lo cual me produce una profunda admiración por ellos.
  6. Emocionales: opositar implica sentirse frustrado, soportar altas dosis de incertidumbre, sufrir fases de desmotivación, continuar cuando te sientes agotado y ser consciente de todas las renuncias que realizamos.
  • Por increíble que parezca, estamos convencidos de que vale la pena. Próximamente publicaré una entrada sobre qué significa ser funcionario y trataré de explicar por qué es tan importante para nosotros.

Espero que os haya resultado útil esta información que, como ya he mencionado, está basada en mi opinión y experiencia personal, siempre sin desmerecer el esfuerzo de las personas que no opositan, ya que la oposición es dura pero muchas otras cosas en la vida también lo son. Estaré encantada de que compartáis vuestras propias impresiones al respecto.

¡Un saludo!

*Visitad la página de www.quieretemucho.com para más mensajes de motivación como éste, cuya autoría les corresponde.

Bienvenidos

 

Queda inaugurado este blog, que estará dedicado a divulgar la labor de los opositores para aquellos que estén compartiendo esta experiencia, para quienes estén interesados en formar parte de nuestro colectivo, así como para aquellos que simplemente tengan curiosidad por saber en qué consiste ser opositor.

En las próximas entradas trataré de explicar en qué consiste el día a día de un opositor, compartiendo mi experiencia personal y mis humildes consejos, pero también tratando de dar mi máximo apoyo a todas aquellas personas que se hayan embarcado en esta ardua travesía que es opositar.

Bienvenidos.